jueves, 22 de junio de 2017

Roba este libro

"Así que aquí lo tienen, ya está, no sigan insistiendo, basta de amenazas, veladas o indirectas, el libro es suyo. Muchos se sorprenderán de la variedad de ladrones, de la facilidad de algunos robos, de la magnitud de otros, de la complejidad de este mundo de libros robados, prestados y no devueltos, mutilados, desaparecidos, plagiados. Esperamos que estos conocimientos no inciten al lector a robar, desde luego no es ése el objetivo; no pretendemos procurar información para que nuevos robos se cometan, ni informar con afán proselitista de las escasas consecuencias sufridas, tan a menudo por la mayoría de los ladrones".


Ficha: "Roba este libro", Miguel Albero Suárez, Abada Editores, 284 páginas, ISBN: 978 84 416 160754
































Me encantan los libros, cada vez más me parezco al loco ese del chiste que le gustaban tanto las tortillas de patatas que tenía armarios llenos :-). Con este libro me pasó lo que imagino que a cualquiera que le haya echado un vistazo, me chocó tanto el título que no pude evitar llevármelo a casa, en préstamo eso sí, y por aquí rueda en espera del momento de devolverlo, o no, a la biblioteca. Si el mandato imperativo hubiera sido "lee este libro", hubiera pensado inmediatamente "anda y que te den", ni lo hubiera abierto, pero ante la incitación al robo... bueno, por lo menos a ver de que va ;-)

Hay seguramente un motivo doble que llevó a Miguel Albero a escribir este ensayo, por un lado y tal como nos cuenta en el prólogo tenía mucho material sobrante de otro ensayo anterior sobre los libros, en el que había reunido mucha o material relativo al capítulo del robo de libros que no había tenido cabida en él... y otro sin duda la percepción que tenemos demasiadas veces del robo de libros, o bien porque pensamos que nadie los roba, o bien, porque de alguna forma creemos que quien lo hace simplemente lleva una afición demasiado lejos. Circula por Internet una imagen-chorra, una de tantas, dedicada a una librería creo que en un país árabe en la que un librero deja su mercancía en la calle por la noche sin miedo a que la sustraigan, lo cual no se si se debe a la honradez de sus paisanos, al desinterés de los mismos por los libros o al miedo al castigo que saben que le espera al que pillen echándole el guante a alguno con fines delictivos.

Alguna otra he visto con el titulillo "nadie roba libros"... mentira cochina. Lo que si existe en cambio es una sensación de permisividad con el ladrón de libros que no existe con el ladrón de otras mercancías. Y lo digo con conocimiento de causa, porque ¿existe algún espíritu cándido y generoso amante de los libros al que no le hayan robado alguno por el simple procedimiento de no devolver lo prestado?. Bueno en este caso, tal y como he aprendido en el ensayo de Miguel Albero, no se trataría de un robo, ni siquiera de un hurto, sino de una "apropiación indebida". Se llame como se llame el resultado es el mismo.

Por eso hace años que si presto alguno lo hago con plena conciencia de que no me será devuelto, lo doy ya por perdido porque en general no suele valer la pena reclamarlo. Solamente los entrego bajo forma de préstamo en el caso de tratase de personas a las que aprecio y que sé que no aceptarían un regalo mío, por extraño que resulte hay personas así... por mi parte creo que aceptaría un libro del mismísimo Mefistófeles en persona, fanático que es uno, o bien los regalo directamente. Creo que no soy el único que cuando visita casa ajena clava sus ojos en una librería y rápidamente me hago un retrato-robot de la persona que allí lee, al menos como lector, y no digamos si supera la prueba, o no, del préstamo de alguno de mis libros. Anécdotas sobre el préstamo y regalo de libros tengo para elaborar un capítulo y añadirlo como anexo a este estupendo ensayo que el escritor madrileño ha dedicado al tema. Un tema que a priori no parece demasiado interesante... desde luego a mí no me lo parecía, ni siquiera con ese título-gancho tan atractivo, que por cierto es "robado", si es que se puede robar un título, de otro libro mucho más famoso editado por Capitán Swing, algo admitido desde el comienzo por Miguel Albero, y de hecho es uno de los libros de los que habla largo y tendido en su ensayo. Títulos aparte la verdad es que tras tenerlo en mis manos y ojear dos o tres páginas al vuelo se produjo el flechazo... y me dije "ale para casa" a ser leído con calma.



Lo he escrito alguna que otra vez aquí, si un escritor demuestra buen hacer y buen oficio no importa tanto el tema, puede deleitar y enganchar a sus lectores hasta con el relato de la elaboración de una sencilla tortilla de patatas. Al igual que un gran cocinero puede crear un plato sublime con los más modestos productos, o uno malo echar a perder un guiso provisto de ingredientes de primera. Miguel Albero en mi opinión podría estar en el top 10 de los mejores ensayistas que he leído hasta la fecha, en el sentido de buen oficio de escribir. Me pasó lo mismo con el ensayo de Javier García Gibert "De la soltería", este ensayo sobre un tema tan peregrino me atrapó hasta la última página sin darme respiro por el mismo motivo. Miguel Albero escribe muy bien, pero es que además hay en todo el libro de principio a fin un tono jocoso e irónico que hace que uno no deje de sonreír, existen muchos fragmentos en el mismo que dan ganas de leerlos en voz alta a un tercero porque son modélicos en el sentido de que demuestran cómo se puede escribir un ensayo serio, aportando una cantidad mareante de datos sin ser pedante, sin aburrir, y lanzando ganchos aquí y allá al lector para que simplemente no pueda dejar de leer.

Con voluntad de escribir un tratado muy completo sobre el tema, el robo de libros en todas sus variantes, el autor nos sorprende una y otra vez con un tema anodino, en apariencia, donde se nota y mucho, su amor por los libros, su erudición, y un cierto sentido de fastidio ante la impunidad con la que han operado en general los grandes ladrones de libros recogidos en los anales del crimen. Personajes curiosos, historias que en nada envidiarían a las más enrevesadas ficciones de novela negra, mil y una variantes del robo, minuciosidad en desplegar un tema que en principio parece que va a dar poco de sí y que no deja de sorprender hasta el final. En definitiva una delicia, un ensayo completamente atípico que he disfrutado un montón y que me ha hecho incluir a este autor en mi lista, me temo que siempre creciente, de escritores a seguir. También

El libro incluye de todo cuanto se pueda imaginar sobre el robo de libros y mucho más, definición del acto, notas legales (se nota el oficio de abogado del autor), argumentos a favor y en contra del robo de libros, la evolución de las penas y castigos... también en función de la cultura donde se produce el robo, las modalidades del mismo, una crítica de la costumbre de prestar libros y los motivos de porqué el autor está en contra del préstamo como la alteración de la biblioteca, el maltrato a los libros por parte del que toma prestado, el arrepentimiento que suele tener el prestatario... la pérdida del libro y del amigo, o sucedáneo de amigo, al que se lo prestaste, los mutiladores de libros, el plagio, el robo de los derechos de autor, las diferentes tipologías del ladrón de libros, desde el lector-ladrón que lo roba de forma compulsiva y enfermiza, al ladrón que roba para vender o al que, increíblemente lo roba para amontonarlo en casa, o el caso de los bibliotecarios ladrones. Además de la información sobre cada aspecto del robo de libros, el ensayo no deja de aportar ejemplos, notas literarias,  y sobre todo policíacas, historias de héroes y villanos relatadas con minuciosidad, ironía y sentido del humor.


Dejo un par de enlaces de este blog que quizás gusten a los bibliófilos empedernidos:

Encyclopedia, de Philipp Bloom, sobre la gestación y la epopeya de la publicación de la primera gran enciclopedia, y el excelente ensayo de Ignacio Domingo Baguer Para qué han servido los libros, un alegato a favor del libro, alertando de su posible desaparición que incluye muchísima información sobre la historia de los libros.



Lo mejor: Un buen ensayo, muy entretenido y ameno, muy bien escrito, que aporta una gran cantidad de información y notas curiosas, y que ante todo trata de defender la tesis de que no, el ladrón de libros no merece disculpa alguna, y que presumir o alardear de haber robado libros, tal y como reconoce algún que otro sujeto en sus memorias o en entrevistas, no dice nada bueno de quien atesora libros ajenos... es un vulgar chorizo, un fresco o un aprovechado como mínimo, y demuestra tener poca, muy poca calidad como persona.

Lo peor: En su tramo final el libro se vuelve demasiado minucioso y laberíntico, o eso me ha parecido, perdiendo parte de su amenidad, quizás porque llega un punto que el tema no da más de sí. No, no pienso robar este libro, es bueno pero no tanto ;-)


sábado, 17 de junio de 2017

Juegue primero, piense después

"Muchos libros de ajedrez están escritos en el mismo tono pedante que usa aquí el entrenador. Ellos están basados en la idea de que no se deberían ensayar jugadas al azar, sino que previamente habría que echar una buena mirada a las características de la posición, tratar de trazar un plan más general sobre tales bases y solo después procurar un resultado concreto a nivel de una jugada real.
Eso carece de sentido.
Ningún jugador de ajedrez piensa así, nadie ha aprendido a jugar ajedrez pensando de esta manera y ni siquiera lo hacen los entrenadores ni los autores de libros de ajedrez"


Ficha: "Juegue primero, piense después. Sentidos y sinsentidos del progreso en ajedrez", Willy Hendriks, editorial La Casa del Ajedrez, 210 páginas, ISBN: 9788 492 517 862






























Notas personales.
Los aficionados al noble juego del ajedrez somos sin duda alguna unos bichos raros, aunque no más que los lectores en épocas pasadas, pensémoslo bien, en un mundo donde más del noventa por ciento de las personas eran analfabetas ¿qué impresión debían causar aquellos que eran capaces de leer?, mirar un pergamino o una hoja de papel sobre la que se habían grabado una serie de marcas semejantes a líneas de hormigas correteando por el suelo y poder captar las palabras y pensamientos de alguien que grabó esas marcas ilegibles... debía parecer cosa de magia, y no es extraño el sentimiento de fascinación y reverencia que debían sentir los iletrados por los "eruditos" que simplemente sabían leer esos signos. Es como si en el cerebro de un lector existiese un pequeño departamento especializado en esta tarea que está ausente en un analfabeto... bueno pues con un jugador de ajedrez sucede lo mismo.

Para un profano en el juego ver un tablero con una serie de figuritas ocupando determinadas casillas debe producir una sensación semejante, puede seguramente captar el sentido estético de la ordenación, color y matices de las mismas, algo semejante a la sensación de un occidental contemplando la escritura china o japonesa, se puede apreciar la belleza de los trazos o el conjunto... pero del significado ni idea, daría lo mismo que los mismos expresaran un hermoso poema que una receta de cocina.

Un jugador de ajedrez no puede mirar de la misma forma una posición de piezas en un tablero, estas cobran vida en nuestro cerebro, vemos saltar los caballos y apoderarse de distintas posiciones, a los alfiles discurrir por las diagonales, amenazando con capturar piezas enemigas, a las torres buscar las columnas abiertas y disponerse en las mismas como los cañones en el campo de batalla, a la dama moverse y amenazar diferentes jugadas, pero también ver el riesgo de quedar atrapada, al caballo sufrir en una esquina o en el flanco como si estuviera encerrado en una cuadra... y que decir del rey, verdadero centro de gravedad en una partida, y esa sensación de verlo tranquilo y seguro en su fortaleza, o bien, expuesto a las amenazas del contrario pueden dejarnos indiferentes, o bien, encender nuestra fantasía imaginando como darle mate... en el tablero solo son figuritas de madera y plástico reposando sobre determinados escaques, en nuestra mente están vivas, se mueven sin parar, amenazan ser capturadas y a su vez amenazan capturar... es otro mundo en definitiva. Hay una parte en nuestro cerebro que permanece generalmente dormida y que se activa al jugar, al imaginar una partida o visualizar cualquier posición de ajedrez en cualquier publicación.

De cara al aprendizaje del ajedrez queda por dilucidar la cuestión de si son de utilidad los libros que se han escrito sobre el mismo, y hasta qué punto pueden ayudarnos a mejorar nuestro nivel. Sobre eso precisamente versa este ensayo.


Los libros de ajedrez.
Si alguien tiene la curiosidad de hacer clic en la etiqueta "ajedrez" de este blog se encontrará con trece o catorce entradas, sin incluir esta, que además corresponden a un número mayor de libros... y eso no es nada, mi afición por los libros de ajedrez nació paralela a mi afición por el juego, y creo que no soy el único aunque desde luego me he encontrado a buenos aficionados y jugadores que prácticamente no han abierto nunca un libro. Entre los jugadores más famosos y conocidos es curioso el caso de Julio Granda que afirma que salvo uno de Grau, nunca ha leído ninguno... y se encuentra a un paso de los 2.700 ELO a pesar de sus cincuenta años de edad. Este sería el caso más extremo que conozco de jugador práctico, con gran talento eso sí, que se limita a jugar, estudiar problemas y revisar boletines de partidas. Sin llegar a este extremo habría que pensar si alguien alguna vez ha conseguido alcanzar un nivel decente sin jugar demasiadas partidas atiborrándose únicamente de teoría, aunque me temo que tal caso no se ha dado nunca.

El ajedrez se aprende fundamentalmente jugándolo. Sin embargo aunque la teoría y el estudio pueden ayudar mucho, especialmente en el campo de las aperturas y finales, hay un exceso evidente en el número de títulos que tratan de "ayudar" al jugador a elevar su nivel, y no todos son buenos. Seguramente ningún juego concentra tal cantidad de títulos... y tal cantidad de paja inservible. Interesante no obstante como lectura de evasión, ¿por qué no?, de la misma forma que hay quien lee ensayos de autoayuda porque los encuentra estimulantes y reconfortantes, aunque reconozca que en poco o nada le han ayudado en la vida. Teniendo claro esto último ya entramos en el resbaladizo y subjetivo mundo de los gustos, allá cada cual, pero el problema viene cuando uno se cree tanto la autoayuda psicológica como la ajedrecística.



Juegue primero, piense después.
Willy Hendriks es un maestro FIDE holandés que en 2.012 publicó este ensayo que en cierta forma conmocionó el mundillo de las publicaciones de ajedrez, la federación británica le otorgó el premio del "libro del año" y este año 2.017 ha sido publicado por primera vez en castellano por la editorial La Casa del Ajedrez, a estas alturas la editorial que se mantiene más activa en nuestra lengua, es de agradecer entre tanto título en inglés. Tras haber comprado tantos libros a lo largo de los años, muchas veces acaparados sin sentido, otras veces donados sin haber sido leídos completamente, y también relegados al olvido del último rincón de mi biblioteca, me había propuesto no volver a comprar ningún título de ajedrez, nunca más... también me influye el hecho de que internet, y especialmente a través del portal Youtube está cada vez más lleno de vídeos sobre la enseñanza de ajedrez, comentarios en vivo de partidas rápidas, y mucho material de la calidad más diversa, y sobre todo gratuito. No creo que quede a estas alturas ningún buen aficionado que no conozca el canal de Chess24 y los análisis de Pepe Cuenca, David Antón o los excelentes comentaristas y pedagogos que son Luis Fernández Siles y Michael Rahal. Hay material de sobra y de muy buena calidad... ni siquiera el estudio de posiciones y problemas, pieza importante de la preparación ajedrecística, se salva de la quema, pues hay varias páginas web donde se puede entrenar casi de todo. Estamos en la era de lo audiovisual y parece que el libro de ajedrez tiene los días contados.


Sin embargo no siempre fue así, y hasta hace poco tiempo, el libro de ajedrez se consideraba una pieza casi insustituible, de hecho todavía son muy utilizados, especialmente los monográficos sobre aperturas, por los jugadores fuertes y los profesionales. Sin embargo hay un tipo especial de libro sobre ajedrez, pariente próximo del libro de psicología y autoayuda antes mencionado, y que parece tener el mismo efecto sobre el lector, es decir, promete ayudar y elevar el nivel del aficionado que lo lee y en la práctica no solamente no sucede así, sino que puede incluso proporcionar información falsa o cuando menos confusa, es un tipo de libro que casi mejor que no se le haga demasiado caso, especialmente si el lector es un jugador principiante... aunque esté en ocasiones dirigido precisamente a él. Hendriks en su ensayo se centra en este tipo de libros, pone en el centro de la diana a un conocido autor como Jeremy Silman, pero realmente hay muchos más como él.

El problema que ve el autor holandés en este tipo de manuales es que tergiversan completamente la realidad del aprendizaje y la progresión en el juego, ni más ni menos, usan y abusan de términos generales que solo son aplicables en casos muy concretos, y más que aclarar conceptos y servir de ayuda a un jugador en el momento en que se enfrenta a un rival con la presión del reloj corriendo tienden a servir para todo lo contrario, solo lo confunden y hacen que pueda adquirir el vicio de pensar en generalidades y eludir el cálculo concreto de la posición que tiene precisamente delante de sus ojos. Consejos gratuitos como "contra un ataque en un ala es una buena medida un contraataque en el centro", o "quien tiene la iniciativa debe luchar por mantenerla so pena de perderla" ... consejos con la misma cantidad de casos donde resultan ser ciertos que casos donde resulta incluso nocivo tenerlos en cuenta y que más se asemejan a las predicciones de un horóscopo que a verdaderos consejos útiles.

Hendriks no duda de la buena fe de los autores de dichos libros, el problema es que no atacan de raíz el verdadero asunto del aprendizaje en el ajedrez... de modo que en vez de dorar la píldora a aquellos autores consagrados e intocables, vacas sagradas como Silman o Kotov, por poner un ejemplo, se lanza a pegar una buena patada en el avispero y a proclamar que en efecto "el emperador está desnudo"... algo que cualquiera que se aproxime al juego ya sabe, es decir que el pensamiento sistemático está muy bien para el proceso de aprendizaje antes de jugar pero que en la práctica, cuando te enfrentas a un rival, es la intuición y el cálculo donde se ve y se calcula en abstracto antes que verbalizar análisis alguno de la posición. Todas esas explicaciones, toda esa psicología de todo a 100 y esa verborrea que impregna tantos libros de ajedrez NO SIRVE DE NADA, es puro ruido, al final es simple basura porque siempre se produce a posteriori, nunca en el momento de jugar una partida viva... eso sí, nos sirve para explicar el porqué se tomaron ciertas decisiones y tratar de hacer comprensible algo que en principio solo se captó de forma intuitiva y abstracta y que no hay más remedio que hacer pasar por el tamiz, siempre distorsionador, del lenguaje a la hora de explicarlo... vamos que ni siquiera así estamos siendo fieles a la verdad, y es que NO PENSAMOS VERBALMENTE cuando jugamos al ajedrez, y si alguien lo hace ¡mi más sincera enhorabuena!.

El camino a la inversa, partir de consideraciones generales, incluso explicaciones psicológicas tan queridas a muchos autores, algunos tan buenos como Rowson o Aagaard que escriben formidables análisis de partidas, no se suele realizar casi nunca. Hendriks nos viene a decir que es mejor no disponer de un bastón para apoyarnos que hacerlo en uno de madera podrida. Yo añadiría que el lector aficionado al ajedrez puede simplemente disfrutar de esas obras ajedrecísticas tal y como disfrutaría de una novela de ficción... y si no que alguien me diga que de verdad que en una partida real recordó alguna de sus historias, consejos y toda la literatura con que se suelen acompañar a los análisis de partidas y sus consejos y que le vinieron al pelo :-D.

Este libro tiene una virtud, te hace abrir los ojos sobre todo lo escrito hasta ahora en ajedrez, hay autores que no dejan que te hagas ilusiones, te dejan bien claro que el ajedrez es difícil, extremadamente difícil, y que no existe atajo alguno que sustituya al entrenamiento duro y sistemático trabajando con posiciones de test, jugando y analizando posteriormente partidas y analizando jugadas y posiciones de apertura, "sacando músculo" como se podría expresar, trabajando ese músculo ajedrecístico que anida en el cerebro de los jugadores y que los aficionados lo tenemos atrofiado y los maestros, a fuerza de jugar miles de partidas y miles de horas analizando y realizando cálculos ya luce en buena forma.

Autores como Antonio Gude o John Nunn por ejemplo son de lo mejor, en sus libros vamos a leer continuamente una exhortación a trabajar, a darnos cuenta que nada sustituye a la práctica y mucho menos al cálculo, proporcionando además numerosos ejercicios para el entrenamiento. Destaco aquí al prolífico Cyrus Lakdawala y a Zenón Franco Ocampos que han creado un estilo propio del libro-ejercicio muy interesante. Otros autores, como los mencionados Jacob Aagaard y Jonathan Rowson, por cierto del que tengo un libro comentado aquí, que publican brillantes análisis de partidas se mueven ya en un terreno demasiado especulativo. Tras leer a Hendriks por ejemplo cogí el "Manual de Ataque 1" de Jacob Aagaard y leyendo los comentarios de muchas jugadas, bueno es que simplemente me daba la risa, y pensaba "Jacob es que no te lo crees ni tu"... lo dicho, psicología barata, de la de todo a 100, aunque haya sido escrita por un gran jugador y buen escritor :-).

Volviendo al ensayo de Hendriks, ha sido una lectura sorprendentemente sencilla y estimulante, plena de sentido común, donde se incide una y otra vez la enorme laguna de conocimiento que tenemos en relación a la forma en que nuestro cerebro aprende, el ajedrez es una herramienta especialmente valiosa para teorías pedagógicas y de aprendizaje, un campo de pruebas sencillamente fantástico. Tras leerlo y ver el "repaso" que le da a algunos autores, especialmente al mencionado Silman, entré en la página web de este último y pude leer el comentario que el maestro y pedagogo americano hacía de este libro... y bueno, no encajó demasiado bien el golpe, Hendriks hace mención a ello en el epílogo redactado a propósito de la traducción española... algo de verdad y fundamento tendrán sus críticas cuando el otro autor malinterpreta, por supuesto a propósito ya que de tonto no tiene un pelo, al maestro holandés calificándolo a su vez de forma indirecta de charlatán vendedor de crecepelo. Precisamente si algo hace Hendriks en su libro, aunque una lectura superficial (de la portada y las tapas, no más), es combatir la idea de que hay un camino fácil en el ajedrez. Uno a uno rebate muchos de los tópicos que se han escrito sobre el ajedrez y el estado psicológico del jugador... por ejemplo esto es lo que tiene que decir respecto a lo que algunos autores califican de "momentos críticos":

"En posiciones complicadas debería ser más fácil cometer un grave error, pero aún un error más pequeño en una posición simple podría dejarle asimismo sin perspectivas. De modo que nos encontramos constantemente en un serio nivel de amenazas. Esto suena un poco deprimente, pero un ligero consuelo puede ser el hecho de que nuestros oponentes se encuentren en la misma barca. Pienso que se puede aprender de los errores. Pero aquello que se puede aprender no es algún mecanismo para prever momentos críticos en futuras partidas. Estos momentos no obedecen a ninguna suerte de protocolo que procure encuadrarlos en una alternancia de picos seguidos de un período de relax. De modo que haría bien en no desarrollar una sensibilidad para esos momentos especiales ¡Manténgase todo el tiempo alerta!."

Lo mejor: Entretenido, lleno de ironía, suscribo los comentarios de algunos maestros y autores que lo han calificado de enormemente divertido, vaya si lo es. También es muy instructivo, viene lleno de posiciones de ejemplo que ilustran los fragmentos de partidas que incluye, es decir que también tiene su valor práctico. Fenomenales todas esas críticas a otros autores, y cómo se constata (y esto no lo había dicho nadie antes que yo sepa), cómo un juego que se presta tanto a ser tratado usando el método científico, en tantas ocasiones la ausencia de dicho método en la enseñanza del mismo es más que notoria.

En definitiva uno de esos libros imprescindibles que no pueden faltar de una biblioteca de un aficionado serio, no ya al ajedrez en sí en la faceta de práctica, sino al ajedrez en general, a su historia, su aprendizaje y por supuesto a los que buscan un trabajo que les haga progresar, o que al menos, les indique el buen camino, y este en mi modesta opinión lo hace a su manera.

Lo peor: Lo fácilmente que puede ser malinterpretado y menospreciado de forma superficial, el título sensacionalista parece indicar que estamos ante un libro que vende una "receta fácil" y que incita a no pensar, cuando es justamente todo lo contrario.

Arden las redes

"Estábamos permanentemente conectados y no todos sabíamos gestionar los sentimientos que este poder despertaba en nosotros. Las apariciones de la ofensa en la sociedad se multiplicaron. La herramienta que nos irritaba nos permitía desahogarnos. Los medios de comunicación en crisis, buscando el clic, expandieron y legitimaron estos sentimientos. La política se volvió sentimental, la economía se volvió sentimental, todo era público, todo manchaba. Las masas descritas por Ortega se habían convertido en protagonistas de algo. Por todas partes florecía una especie nueva: los pajilleros de la indignación"


Ficha: "Arden las redes. La poscensura y el nuevo mundo virtual", Juan Soto Ivars, editorial Debate, 286 páginas, ISBN. 9788 499 927 527
































Vuelvo a la actividad en este blog tras un paréntesis de dos semanas y lo hago con otro ensayo del que ha sido, de momento, mi ensayista-revelación en lo que va de año, al menos en lo que a autores hispanos se refiere, Juan Soto Ivars ha publicado este año otro ensayo con su firma, el trabajo anterior, comentado en mi post "Un abuelo rojo, otro abuelo facha", me gustó, aunque también me pareció un tanto irregular y alocado, en él encontré a un autor con el que de alguna forma me identificaba bastante en su forma de pensar. No estaba siempre de acuerdo con sus opiniones o me gustaba lo que escribía, pero había como una especie de fondo general, una orientación en el tono de su obra con la que me identifiqué rápidamente, así como una frescura y desparpajo a la hora de escribir que me enganchó desde las primeras páginas. 

En este otro trabajo, bastante más logrado en mi opinión, me he vuelto a encontrar de nuevo con esa misma sensación, la de leer a alguien sensato, poco o nada pagado de sí mismo, cansado de ciertas cosas por un lado, pero también con capacidad de poner las cosas en su sitio sin hacer sangre, y atacando ciertas posiciones de raíz, apuntando justo a la "línea de flotación". Mesura, reflexión, buena documentación, estilo claro... y sobre todo un tema muy de actualidad que lo tenemos cada día al alcance de los dedos, el papel de las redes sociales en ciertas campañas de "linchamientos" promovidas en internet y el papel que dichas campañas, multitudinarias y que de forma notoria saltan a los titulares de los periódicos y corren como liebres multiplicándose como los virus.

No es la primera vez que leo algo parecido sobre el tema, ya hace tres años publiqué aquí un post sobre el trabajo de Pablo Herreros "El poder es de las personas", donde narraba una campaña que él mismo dirigió e ideó contra lo que consideraba un abuso de un programa de televisión. Aquella campaña parecía haber inaugurado una nueva época, más feliz, en la que por fin los ciudadanos normales y corrientes podíamos hacer presión y participar en acciones que parasen los pies a conductas consideradas reprobables. En este caso el objetivo era un programa de actualidad que había traspasado la línea del buen gusto y lo éticamente permisible. El problema es que en estos últimos tres años el asunto ya se ha salido de madre. En mi caso particular hace ya tiempo que no estampo mi firma como apoyo a ninguna "causa", por noble que me parezca, al constatar por ejemplo la nula selección de dichas causas en las páginas de recogidas de firmas, antes era rara la semana donde no firmaba apoyando una u otra, y tras leer este libro le he cogido alergia a compartir en Facebook ningún mensaje de denuncia o condena de tal o cual personaje...  y es que es tan sumamente FÁCIL dejarse llevar por las emociones, dejar a un lado la prudencia y darle a la tecla... imagino que tan sencillo como en otras épocas unirse a la turba y arrojar la piedra en una lapidación pública, y seguramente con la misma sensación momentánea, y falsa naturalmente, de hacerlo desde una superioridad moral.


Juan Soto denuncia en ese ensayo los linchamientos "vía twitter", poniendo especial énfasis en aquellos donde el objetivo no fue una organización, institución o empresa, sino personas que simplemente habían tenido la "osadía" de publicar algo en las redes sociales, compartiéndolo con su particular grupo de contactos, que había ofendido a un determinado colectivo y que gracias a la rapidísima propagación de mensajes se habían orquestado y difundido campañas de ciber-acoso en cuestión de horas. Ejemplos en general de gente a la que podríamos calificar así de entrada como completamente "inocente", si acaso pecaron de ingenuidad y mal gusto, y que fueron linchados en las redes por gente supuestamente "normal", situaciones donde la presunción de inocencia brillaba por su ausencia, donde muchas veces la supuesta ofensa se convertía en una especie de cheque en blanco predominando el insulto, las amenazas y los comentarios más aberrantes, con frecuencia mucho más violentos y salidos de tono que el chiste o la gracieta que había puesto en marcha todo el lío.

Hay en su libro un símil bastante acertado entre el "twittero" protagonista de estos actos de agresión y protesta y el conductor medio, ambos aparentemente personas normales, dan rienda suelta a su ira y su furia en situaciones de estrés de un modo que sorprende a quien los conozca en otro ámbito. Aunque el autor se ciñe a las campañas en twitter no es nada extraño ver la misma "mala leche", superficialidad, grosería y cobardía en los foros de opinión, o en comentarios a cualquier artículo de opinión... de eso el autor y cualquier periodista que escriba en la red saben bastante, la tentación que proporciona el anonimato y la sensación de impunidad es demasiado fuerte para muchos, y ese mismo espíritu pulula en cualquier red social.  

Más allá del daño ocasionado por estas campañas descontroladas, que en ocasiones ha sido importante, hay algo peor... el miedo que se difunde entre escritores, periodistas, humoristas y demás gente que desarrolla una actividad más o menos pública a ofender. En cualquier momento cualquier cretino, no puedo calificarlos de otro modo, saca alguna de sus frases de contexto, las adorna con algún comentario ofensivo y las pone en circulación entre sus contactos... la mecha puede prender y por los motivos más peregrinos. Ello produce el efecto de lo que Juan Soto denomina "poscensura", la censura que no ejerce ninguna institución en particular, una censura que no tiene como protagonistas a los funcionarios de un estado totalitario sino a la propia autocensura del que escribe o planea un "sketch" humorístico, escribe un artículo en un periódico, o bien, expresa cualquier opinión delante de un micrófono... o incluso comenta un chiste de mal gusto en las redes sociales, véase el archiconocido caso Zapata y otros. Se forma la bola de nieve, echa a rodar y llega un punto en que nadie sabe las consecuencias que puede tener. Cada vez hay una conciencia mayor de que tal cosa puede suceder y hace acto de aparición el miedo, y no solamente en forma de la natural prudencia de no ofender a nadie de forma gratuita sin pretenderlo, sino también miedo a que algo dicho o escrito desde una actitud irónica no sea comprendido y termine uno siendo poco menos que linchado por algo que no ha dicho realmente. 

Motivos claros de persecución política, como el caso Zapata mencionado, de ofensa racista, machista, frases sacadas de contexto donde se elimina el efecto de la ironía, insultos propagados por gente que en su mayoría ni siquiera han leído el material objeto de la ofensa, o que simplemente sin el menor atisbo de sentido crítico o reflexivo comparten las condenas porque sí. El mecanismo psicológico que puede explicar este fenómeno, así como las explicaciones sociológicas abundan en el libro. Más que las entrevistas recogidas en el ensayo de personas que han sufrido este linchamiento en twitter la investigación y el material aportado por Juan Soto sobre el tema de la censura han sido, al menos para mí, lo más interesante. Así como sus críticas a la obsesión por lo "políticamente correcto", con una especial alusión al tema del nuevo feminismo que utiliza activamente estas campañas. Juan demuestra bastante valentía al meterse en ese avispero, y creo que muy buen juicio a la hora de analizar este tema en particular, donde es tan sumamente fácil cometer excesos. Se nota mucho que era consciente que sus palabras serían posteriormente miradas con lupa y en ocasiones se le nota haciendo muchos equilibrios :-). Las alusiones y la explicación a lo que Juan denomina "guerra cultural" me ha parecido de lo mas interesantes también... es que lo observo cada día en las redes sociales.

Lo mejor: Un ensayo excelente, bien escrito, sensato y de una gran actualidad que no puede dejar indiferente a nadie, me parece un gran análisis de la actual situación de la influencia de las redes sociales. Muy bien también esa historia de la censura en el anterior régimen, las críticas a los excesos de la moda de lo políticamente correcto y el análisis de las guerras culturales en las que andamos inmersos. Lo recomiendo encarecidamente.

Lo peor: La caja de Pandora apenas ha comenzado a entreabrirse y de momento solamente nos muestra un espejo que no refleja precisamente algo bonito.

lunes, 29 de mayo de 2017

Vivir sin dinero

"Si vertimos un poco más de amor, respeto y cuidado en el mundo, creo que todos nos beneficiaremos de que en el mundo haya más amor, respeto y cuidado. No es una teoría muy complicada. Situarse y mantenerse libremente en el flujo de dar y recibir es todo un reto. Yo no siempre lo consigo. Pero las veces que me sitúo en ese flujo son las que soy más feliz. La vida parece fácil, no hay ninguna resistencia, no se nada contra la corriente. Confiar en que la vida nos suministra lo que necesitamos representa, para mí, una liberación absoluta. Te liberas de las preocupaciones y te capacita para hacer lo que quiera que sea lo que realmente quieres hacer. "



Ficha: "Vivir sin dinero. Un año libre de economía", Mark Boyle, editorial Capitán Swing, 220 páginas, ISBN: 978 84 945481 5 4


















 
El 28 de noviembre de 2.008 el activista y empresario irlandés Mark Boyle ,residente en la ciudad británica de Bristol, comenzó un experimento. Durante un año completo iba a prescindir del dinero, no podría gastarse ni una libra. Intentaba demostrar que aunque a priori la tarea parecía algo imposible se podía conseguir, de que era factible incluso para alguien como él conseguirlo a la primera. Como muy bien comenta en su excelente “De animales a dioses” Yuval Noah Harari, la ficción del dinero, porque en definitiva no se trata de nada más que una ficción… y quien no lo crea que intente convencer a un chimpancé de que se desprenda de una banana a cambio de un billete de cincuenta euros, es una de las ficciones más poderosas creadas por la humanidad, a cuyo lado palidecen otras aparentemente insuperables como las de las grandes religiones. Esa ficción compartida, por la que un amable tendero me dará una bolsa llena de apetitosa fruta a cambio de un trocito de papel de colores, es especialmente poderosa por eso mismo, porque todos creemos en ella, independientemente en la práctica del resto de creencias que sostengamos. 


Creada originalmente para constituir una herramienta eficaz de cambio e intercambio de mercancías y servicios, ha llegado a convertirse en un fin en sí mismo, estando está detrás de la sobreexplotación de los recursos del planeta, de las desigualdades sociales, del crímen y de casi todas las injusticias de este mundo… de hecho la sobrevaloración del dinero ocasiona muchos más problemas, entre otros por ejemplo el que haya una distancia mayor entre el uso de un producto y los detalles de su producción, de que vivamos en la ilusión de que los recursos del planeta son infinitos, de que solo con entregar cierta cantidad de dinero tenemos derecho a disfrutar de energía inagotable, a cualquier producto del que desconocemos en general lo difícil de su elaboración, transporte etc. En las sociedades primitivas donde había que saber un poco de todo y las habilidades para cazar o recolectar alimentos, para cultivarlos, para construir viviendas y utensilios, ropa y calzado, etc, eran algo valorado por todos y que se podía distribuir con más o menos libertad. Ahora simplemente entregando a cambio algo simbólico, obtenido con trabajo y esfuerzo generalmente en labores que no son precisamente de nuestro agrado, es posible obtener casi cualquier cosa, ignorando por lo demás casi todo de lo que ha sido necesario hacer e idear para elaborarla, la mercantilización de casi todo lleva aparejado, en el aspecto psicológico, también un menosprecio de su verdadero valor.



No es extraño que Mark Boyle, tras su intento fallido de poner en pie una empresa dedicada a la venta y distribución de comida de origen biológico, negocio del que terminó desilusionado, cuando comprobó que en esencia estas empresas seguían las mismas reglas del juego que el resto, así que enfocó el problema de una forma más radical, el dinero estaba en el meollo de todo el asunto. Detrás de la explotación del planeta, de la deshumanización de la sociedad moderna, de la fiebre por competir, de la ilusión de estar desligado del mundo que se traduce de forma necesaria en un feroz egoísmo individualista de seres permanentemente insatisfechos, algo que viene muy bien a los que más ganan, relativamente pocos, con la sociedad de consumo y que es el principal punto en el que se apoyan todas las empresas de marketing. El dinero era la bestia a batir, si conseguía demostrar que una vida sin dinero, aunque con algunas condiciones, fuera mínimamente aceptable… bueno, entonces quizás hubiese demostrado algo sobre lo que valía la pena reflexionar.



Este libro, escrito en su mayor parte tras el experimento, nos cuenta desde dentro como se fraguó y sobre todo como se llevó a cabo todo, un reto con todas las trazas de terminar abocado en el fracaso, aunque su autor nunca pretendió que este triunfara al 100%. Los resultados finales superaron sus expectativas, Boyle no solamente consiguió lo que parecía imposible sino que terminó transformado por la experiencia, y no me refiero a alguna demencia o a alguna tara física ;-), aunque más de uno que supiera en aquel momento lo que estaba intentando hacer este excéntrico irlandés pensara que así iba a quedar. Mark estudió el tema a fondo durante meses, contactó con grupos que en su entorno local prestaban servicios gratis, tuvo paradójicamente que invertir previamente algo de dinero… lo que parece un contrasentido ya que la idea era no tener que usar dinero, pero por más que le diera vueltas a la cabeza no tuvo más remedio que invertir en comprar un remolque, unos paneles de energía solar, adquirir una estufa para calentarse y cocinar, un generador de calor que usaba biocombustible para el invierno… tuvo también que obtener cosas a cambio de su trabajo, el alojamiento incluso lo pagó de esta forma ya que los terrenos donde situó su remolque, y su ducha solar y su WC orgánico, no eran de su propiedad.

En su libro, realmente entretenido, lo veremos sumido en sus tribulaciones para conseguir viajar, sus problemas para reparar gratis su bicicleta, aislar su remolque, combatir el frío, cubrir sus necesidades de aseo, recolectar comida silvestre en los bosques y en contenedores de basura, cargar la batería de su teléfono móvil (sin saldo) y su ordenador portátil. Sus normas estrictas incluían el aprovecharse de invitaciones y de ir a ningún sitio en coche o vehículos de motor si no era haciendo autostop… evidentemente para evitar que se lo calificase automáticamente de gorrón y el experimento fracasara. En los breves momentos en que se conectaba a internet, en la biblioteca pública o en algún sitio con wifi gratis, contestaba a todos los correos que podía y también resolvía las dudas de los curiosos, que en general le apoyaban, pero que también le ponían en cuestión y le criticaban. Boyle nunca se escondió y trató de rebatir cuantos argumentos en su contra y su experimento pudiesen hacerle llegar. Según su testimonio la gran mayoría de los mismos fueron de apoyo y ayuda.



En todo ese tiempo Mark vivió no solamente un cambio radical en su vida, la vida sin dinero donde a diario tienes hasta que recoger la leña con la que te calientas y recolectar la comida es dura, sino también en su forma de pensar. Descubrió que no era el único, que otros estaban haciendo algo parecido desde hacía años, que cuanto más prescindes del dinero más necesitas el apoyo de los amigos y la comunidad en la que vives, que la individualidad en la que nos movemos normalmente no es más que un mito porque en realidad necesitamos más a los demás de lo que pensamos, de que la seguridad que aporta tener una cartera llena de dinero puede ser sustituida, con mucha más efectividad, por un entorno donde se han creado sólidos vínculos sociales donde no solamente recibes de los demás, sino que también y ante todo das lo mejor de ti. Y que nunca jamás se valora algo tanto como cuando no lo puedes comprar y te lo tienes que proporcionar por ti mismo… son montones de cosas que eran imposibles de aprender en los libros, que aunque te las digan y te las enseñen solamente se aprenden cuando te enfrentas a ese tipo de situaciones en vivo. Mark como diría alguno, olvidó el precio de algunas cosas, y aprendió el gran valor que tienen muchas más.

No estamos ante un moderno Don Quijote alucinado que no tuviera los pies en el suelo, era consciente de muchas de las dificultades, otras se las encontró durante la marcha. Tuvo a su favor algunos factores, como su juventud y fortaleza física, la abundancia de información, tener de antemano los contactos adecuados, su inteligencia y habilidad, aunque él no deje de decir que era bastante torpe, cosa que no me creo. Aun así hubiera fracasado miserablemente al poco tiempo si no hubiese tenido la ayuda desinteresada, o casi, de muchas personas. Su familia, por ejemplo, al final le dio un considerable apoyo aunque fuera en el plano moral, tuvo también la compañía de algunos amigos que compartían en parte sus actividades… esos viajes en verano y esas expediciones de “forrajeo” para recolectar comida silvestre y asaltar de noche los contenedores de basura suenan divertidos ;-). 

Incluso, gracias a su trabajo ya que una de sus normas era no aceptar regalos, disfrutó en verano de la asistencia a conciertos de música, recibió múltiples entrevistas, conectó vía internet con mucha gente que le apoyaba, o criticaba. En definitiva nunca se sintió completamente solo, al menos en los momentos más críticos donde perfectamente había podido tirar la toalla. 

El libro está lleno de detalles sobre alimentos, sobre la forma correcta de alimentarse, sobre qué cultivar, qué recoger en los bosques y en las parcelas semiabandonadas… solamente tuvo un susto en una ocasión debido a una intoxicación alimentaria por un trozo de pan con moho, de la que salió airoso gracias a la ayuda desinteresada de un colega, y sobre todo tuvo, teniendo en cuenta la aventura en la que se convirtió su vida diaria en la que tenía que recorrer kilómetros en bici y no siempre por carreteras decentes, mucha pero que mucha SUERTE. Mark Boyle no necesita jugar a la lotería para demostrarlo, también ha descubierto que hay cosas que son más insustituibles, mucho más, que un buen saldo en una cuenta bancaria.

En definitiva un libro muy interesante, que va más allá de la anécdota y que hace que el lector se replantee muchas cosas, y que me recuerda mucho a otro ya comentado en este blog “Hacia la sobriedad feliz”, de Pierre Rabhi, y cuya lectura también recomiendo. Añado también este otro ensayo muy relacionado con el tema que trata Mark en el suyo, el excelente "Cuando nada vale nada", de Raj Patel.

Conclusión.
Es un libro de desbordante pasión por algo en lo que su autor cree, de optimismo y fe en el ser humano al que la sociedad y sus "antivalores" deshumaniza y envilece, pero que una vez que se le da la oportunidad de hacer algo por los demás de forma desinteresada y entra en el juego de compartir descubre cosas que ni sospechaba que pudieran estar ahí. Veremos un buen número de ejemplos de esto a lo largo de sus páginas. Probablemente lo más interesante de todo es que el reto de Boyle fue el germen para una comunidad de lo "gratuito" muy activa en el área de Bristol donde invirtió los beneficios de las ventas del libro en un espacio libre de dinero en el que se demuestra no que el dinero no sirva para nada, sino que el mismo no es necesario para muchas más cosas de las que creemos. En fin, ¿qué mas puedo escribir aquí?... que lo recomiendo ;-).

Enlaces de interés:  "Gratis sin dinero". "Freecycle". "Todogratis".


Lo mejor: Ameno, divertido, instructivo... el ejemplo de Mark puede parecer bastante radical, ya que por ejemplo, y es mi opinión particular, no es necesario llegar a esos extremos y soñar siquiera con la abolición del dinero. Bastaría con una vida más sobria y no despilfarrar recursos valorando más lo que se tiene, pero reconozco que un reto más "razonable" no hubiera llamado tanto la atención de los medios británicos. Ese extremismo y esa supuesta radicalidad no fueron otra cosa que intentos de llamar la atención porque Boyle, está claro que ya hace tiempo que abandonó ese reto de vivir sin dinero, pero de lo que estoy seguro es de que hubo un antes y un después. Su experiencia, aunque no fuera tan ambiciosa, debería ser compartida por más personas, sin duda alguna debe ser una de las más educativas que se puedan concebir. En fin, un ensayo curioso y extremadamente interesante, otro más de la excelente selección que posee esta pequeña editorial.

Lo peor: Lo fácilmente que se puede ridiculizar o malinterpretar un reto como ese, lo fácilmente que puede atraer las críticas de los cínicos y escépticos de todos los pelajes... y por supuesto la conciencia, también compartida por el autor, de que la idea que todo el mundo o casi todo el mundo emprendiera una aventura semejante no dista de ser una quimera, un sueño irrealizable. De aquí a unos pocos años, no obstante, es posible que recordemos trabajos como este y lo oportunos y premonitorios que resultaron.




domingo, 28 de mayo de 2017

El panóptico de Enzensberger

"¿Acaso esto es serio? ¿Puede uno, sin ser filósofo, distinguir entre problemas solubles e insolubles o explicar, sin parir una obra de referencia, cómo se inventan naciones desde el tintero?. Sí, es posible. Textos pequeños sobre temas gigantes: tampoco supone ninguna novedad, pues se encuentran ejemplos desde hace quinientos años. Fue el gran patriarca del ensayo, Michel de Montaigne, quien dio la pauta escribiendo "De la tristeza" , "De la incomodidad de la grandeza" o "De los caníbales", siempre a impulsos de su estado de ánimo, a golpe de ocurrencias y sin agotarse a sí mismo, ni al lector ni la materia"


Ficha: "Panóptico", Hans Magnus Enzensberger, editorial Malpaso, 138 páginas, ISBN: 978 8416 42 0278

Antes de que este librito de pequeños ensayos se me viniera a las manos en la biblioteca, ando siempre como un buitre escrutando la sección de novedades, no tenía ni idea de la existencia de este polifacético y brillante escritor alemán. Ha sido todo un descubrimiento, sin duda, de momento puedo decir que no he leído a otro ensayista o articulista mejor que este hombre.

En noviembre de este año cumplirá los 88 años, y teniendo en cuenta que los artículos recogidos en este pequeño recopilatorio datan de hace unos pocos años, la mayoría fueron escritos entre 2.009 y 2.012, algunos de ellos publicados previamente en la revista Der Spiegel solo me queda desearle una existencia aún más dilatada y fecunda. Viendo su trayectoria como escritor y la colección de escritos que nos ha legado en su larguísima trayectoria profesional no hay duda, estamos entre uno de los grandes de las letras del pasado siglo, y que por lo visto aún continúa con su actividad creadora. 


Más de veinte ensayos, varias obras de teatro, poesía, obras para público juvenil, y una cantidad inagotable de recopilaciones de artículos... lo dicho, todo un descubrimiento, máxime cuando he podido constatar que en la biblioteca que frecuento hay una buena cantidad de obras suyas. Debería poner a este libro comentado aquí, sin dudarlo, la etiqueta "Enzensberger", porque seguro que añadiré pronto más obras con su firma a este blog.

En la introducción H. Magnus E. ironiza sobre si alguien que no es filósofo o autor renombrado de literatura, o filólogo puede hablar de temas que escapan a su especialidad, y de paso comenta medio en broma medio en serio, el porqué de titular "Panóptico" a esta colección de artículos, o micro-ensayos, y NO lo hace aludiendo al conocido invento de Jeremy Benthan, aquella cárcel con un sistema eficiente de vigilancia... por cierto ya comentado por aquí en su momento en un artículo que con diferencia ha sido el más leído de mi blog, que nadie me pregunte porqué, ya que es uno de los más malos que he escrito ;-). Sino que alude a ese nombre, panóptico, en relación a una especie de atracción de feria que un tal Karl Valentin en 1.935 puso en marcha donde se exhibían, a modo de museo de curiosidades y horrores, instrumentos de tortura, inventos extraños y seres humanos con anomalías. En ese afán de llamar la atención del lector y llevarle de sorpresa en sorpresa es por lo que a esta pequeña colección su autor la denominó panóptico.



Veinte artículos sobre los temas más diversos, unidos por una cierta carga de crítica y denuncia de aquello que no le gusta, evidentemente un artículo para alabar las bondades del universo resultaría de lo más aburrido :-), en su artículo "Microeconomía" lanza sus dardos sobre los economistas y las teorías en las que se basan sus cálculos, el autor se pregunta cómo es posible pretender siquiera establecer pronósticos a través de la presunción de que los seres humanos somos ante todo seres racionales que actúan siempre en defensa de sus intereses hasta extremos cuantificables. Si la economía general no es más que la suma de las economías particulares y estas no se rigen por el mundo aséptico de la lógica sino que entran en juego los sentimientos, el azar y la irracionalidad... bueno ahí tenemos el origen de todos los fracasos de las predicciones y la falsedad de los modelos económicos, deja claro algo que algunos ya sabíamos y que vemos muy bien expresado en este ensayo, que los economistas son los nuevos teólogos, que más valdría realizar predicciones adiestrando a un chimpancé para que lance unos dados.

Tras este potente arranque llegamos al artículo que trata sobre la clasificación entre problemas solubles e insolubles, metiendo entre los segundos a muchos que aunque técnicamente tienen solución, en la práctica son imposibles de resolver pues dependen de demasiados factores imposibles de calcular en su totalidad. Entre estos estarían los problemas de la sanidad, la educación o un gobierno justo que contentase a todos. El artículo explica porqué el sucedáneo de solución habitualmente hallado consiste simplemente en una especie de precario equilibrio. El siguiente artículo, "Naciones surgidas de un tintero", tiene su miga... expresa la idea de cómo muchas de las nacionalidades y naciones europeas han sido obra de poetas, filólogos y políticos. Allá donde no existía nada semejante a una conciencia o identidad nacional, en menos de doscientos años para acá, nos hemos encontrado con un buen número de estas nuevas "naciones" ... me vienen a la memoria unas cuantas surgidas de la desmembración del Imperio Austro Húngaro tras la guerra del 14, pero hay más... no suena el nombre de Alemania en el artículo, pero se sugiere y de ahí la táctica de los pies de plomo que el amigo Enzensberger adopta en este artículo, se ve que quería tener una vejez feliz y en paz en su patria-tintero. Por cierto que aquí en nuestra querida España tenemos también algunos casos.

La estupidez supina de jubilar a todo el mundo a una edad fijada, cuando hay gente que quiere seguir activa más allá de los sesenta y cinco porque ama su trabajo, efectivamente existen casos como esos y el autor de esta recopilación de artículos es uno de ellos, y otros en cambio llegan a esa edad convertidos en un despojo a nivel físico y mental. Esa manía de igualar a todo el mundo y poner límites arbitrarios será la protagonista de otro artículo, en el otro le veremos alabando la creatividad humana y la que a juicio del autor es nuestra principal habilidad, la capacidad de aprender cualquier cosa, "Seis mil millones de expertos" es todo un elogio de la inteligencia y creatividad humana, la cual se manifiesta incluso en individuos que desempeñan las tareas más anodinas y rutinarias a través precisamente de sus ocupaciones de ocio y tiempo libre... no podría estar más de acuerdo, ejem.

El sombrío futuro imaginado por Orwell, ya ampliamente superado gracias a ese espía omnipresente que llevamos casi todos en el bolsillo y al que suministramos toda clase de datos, el malestar en la cultura que no cesa ni puede cesar... y que no tiene nada de malo, la inutilidad de sacar a la luz secretos de estado, el lado perverso de la fotografía, la extraña normalidad de funcionamiento de un mundo donde en teoría nada debería funcionar bien, la superación de la antigua división entre profesiones supuestamente honestas y las que no lo eran, las manchas de la ropa y la guerra que desde siglos se lanza contra la suciedad, la insistente persistencia de los regalos y las dádivas pese a su persecución por el erario público... en fin, todo un cuadro de temas de lo más diverso que sorprenden una y otra vez al lector. 

Me ha venido a la mente otro librito de ensayos leído aquí hace casi dos años, "Ensayos de herejía" de Luis Andrés Bredlow, estos ya de un tono más amargo y una intencionalidad política más evidente. En comparación Enzensberger adopta un tono más mesurado, una distancia más irónica con los hechos, más amable, más breve... pero no menos certero. La divisa de "menos es más" parece abanderar esta recopilación, decir más con menos y hacerlo de una forma elegante y divertida ¿se puede pedir más a un articulista?... 

"La sociedad se resignará a cualquier escándalo, cualquier ruptura de la legalidad y cualquier revelación mientras crea que lo único que pretenden los servicios es su seguridad. Cuanto más grande sea el miedo, tanto mayor la aceptación. Mientras esto sea así, ni siquiera se preguntará por la relación entre el coste y el beneficio. Los servicios seguirán proliferando a su aire y sus residuos se nos pegarán en los zapatos.  Solo si alguien lograra romper la cáscara de su cósmico secreto, podría comprobar que la nuez está hueca."

"Culturas anteriores a la nuestra preferían ponerse de acuerdo sobre vicios y virtudes, tabúes e imperativos. Aquellas viejas normas podrán parecer anacrónicas, pero obedecían a un código claro y transparente que permitía saber a cualquiera a qué atenerse. La consistencia gelatinosa de nuestros "valores" , en cambio, produce un efecto repulsivo. Nunca fueron tan nulos como ahora. De ninguna manera debería depositarse en el contenedor de los residuos recuperables. Correríamos el peligro de verlos reutilizados una y otra vez y de que la palabrería no acabe nunca."


Lo mejor: Un articulista y escritor en verdad sobresaliente, según algunos uno de los adalides de las letras alemanas de la posguerra... y la verdad es que se disfrutan sus artículos del primero al último. Es difícil concentrar tanta sagacidad, sentido común, elegancia, ironía, sabiduría concentrada y erudición (sin caer nunca en la pedantería) de la que hace gala este hombre. Sin duda que seguiré leyéndole porque tiene una cualidad que cada vez se encuentra menos, la capacidad de transmitir muchas ideas escribiendo muy poco.

Lo peor: Por decir algo podría apuntar al restringido ámbito, en ocasiones, de sus referencias, me refiero a su país desde el que escribe, y bueno... lo que siempre me ocurre cuando encuentro a un escritor interesante del que hay mucho publicado y no he leído nada ¿por qué no lo descubrí antes?... en fin, nunca, o casi nunca, es tarde.


sábado, 27 de mayo de 2017

Memorias, Douglas Macartur

"Estas reminiscencias no son historia, ni biografía, ni diario, aunque entrañen algo de cada una de estas categorías. Lo que aquí presento dista mucho de ser un relato completo de todos los incidentes en que tomé parte, sino meramente los recuerdos que guardo de los acontecimientos, reavivados mediante consultas a mi propia agenda y el libre uso de los planes del Estado Mayor y los anales históricos hechos bajo mi supervisión y dirección [...] Abrigo también la esperanza de que la lectura de estas páginas ofrezca algún incentivo a la nueva nación norteamericana y consiga grabar en su espíritu esta verdad trascendental: un país y un régimen como el nuestro son dignos de que se pelee y, si es preciso, se muera por ellos"



Ficha: "Memorias", Douglas Macarthur, editorial Altaya - colección Memorias de Guerra, 488 páginas, ISBN: 978 84 487 2362 0
































Encontré este libro en una papelería cercana al lugar donde trabajo y donde últimamente han puesto a la venta libros de segunda mano. La edición data de 2.008, una colección con las memorias de protagonistas de la Segunda Guerra Mundial, aunque no ha pasado demasiado tiempo parece bastante más viejo y hay páginas con letras parcialmente borradas, usando además un tipo de imprenta, como de periódico antiguo, que hacía mucho tiempo que no veía. No es que tenga especial predilección por los libros viejos, pero este me gustó especialmente, además lo vendían por un precio irrisorio… demasiada tentación como para no caer en ella.

Como se puede leer desde el comienzo, el libro que se supone que fue escrito por el mismo Douglas Macarthur en persona tras su retirada de la vida militar. Corría el año 1.951, cuando su enfrentamiento con los políticos de Washington en relación a la conducción de la Guerra de Corea, estando él mismo al frente del ejército norteamericano bajo supervisión de la ONU, condujo finalmente a su relevo, y también a su retirada del puesto que ocupaba en Tokio como jefe de la fuerza de ocupación tras la guerra. Seguramente comenzó a aburrirse en esa nueva vida de militar retirado y siendo consciente ya de su inminente fin, falleció en 1.964, quiso dejar por escrito una obra para las futuras generaciones de norteamericanos en la que fundamentalmente no hace otra cosa que hacer apología de su forma de pensar y defenderse de las que considera acusaciones falsas y malintencionadas, además naturalmente de relatar los hechos y acontecimientos históricos en los que se vio envuelto... que son muchos y abarcan varias décadas. Si ha existido en la historia militar, no solamente la norteamericana, un general brillante, osado, querido, homenajeado y condecorado y a la vez públicamente ese ha sido Douglas Macarthur, un militar irrepetible y fuera de serie como ninguno.

Mis sentimientos durante la lectura de este libro han oscilado entre la franca admiración, la sorpresa y la repugnancia, porque es un personaje por el que es tan fácil caer presa de la admiración a través de sus argumentos, convicciones y hechos que lo respaldan, como el tener que taparse la nariz ante el tufo autoritario y arrogante que desprenden algunas de sus ideas. Lo que nos lleva a su principal característica, la rectitud y honradez, sumado a una cierta ingenuidad... me pregunto que pensaría hoy este general al contemplar la política exterior de su país de los últimos veinte o treinta años. Sin duda, el nuevo escenario que tuvo que vivir en los comienzos de los cincuenta, cuando se le ordenó dirigir un ejército sin que una voluntad política de ganar la guerra lo respaldase en la Guerra de Corea le resultaría harto familiar, como tampoco se sorprendería de la sangrienta patochada de Vietnam, ¿se tragaría sus propias palabras acerca de la necesidad de luchar y morir si es necesario por un país así?, quiero pensar que sí.


Saltos de rana.
Existe una película de los años setenta sobre su figura que ví hace muchos años protagonizada por Gregory Peck en el papel del famoso general. Me llamó la atención bastante, y hubo una escena que quedó en mi memoria, y no me refiero a la representación de la famosa escena en la que  hizo cuando tuvo que abandonar las Filipinas invadidas por los japoneses y pronunció aquel famoso discurso "¡volveré!", promesa que cumplió, como Terminator ;-), sino que fue la escena en la que planea la campaña en el Pacífico Sur, cuando indica a sus colegas del alto mando que los tiempos de los ataques directos han pasado a la historia, que no hace falta ese derroche de vidas en la guerra moderna. 

Macarthur no sé si inventó esa forma de dirimir conflictos a base de operaciones coordinadas con distintas armas, la guerra “trifibia” como él la llamaba, que constaba de operaciones simultáneas por tierra, mar y aire, pero está claro que en la Segunda Guerra Mundial fue el que aplicó esa forma de utilizar las armas modernas de la manera más eficaz. La campaña que le llevó desde Australia hasta Filipinas marcó todo un hito en la historia militar, y sin duda que ha sido muy estudiada en todas las academias militares del mundo como ejemplo perfecto de esfuerzo coordinado entre fuerzas de tierra, aviación y armada. 



Utilizando siempre el elemento sorpresa, llevando la iniciativa de forma agresiva, sabiendo centrarse en los puntos clave y dejando a un lado los objetivos secundarios, eludiendo los puntos más fuertes y limitándose a aislar las fuertes guarniciones japonesas, moviendo siempre las tropas bajo cobertura aérea y usando el mar no como una barrera sino como vía de comunicaciones evitando siempre que se podía el moverse por terrenos difíciles como las montañas y la jungla, una estrategia bautizada como "saltos de rana" en sentido irónico pero que supuso abrirse paso hacia Filipinas desde sus bases en el norte de Australia conquistando las islas Salomón y Nueva Guinea dejando aisladas y fuera de combate a fuerzas japonesas de más de 180.000 soldados sin enfrentarse directamente a ellas. Todo ello consumiendo apenas un 10% de los recursos que Estados Unidos destinaba a la guerra. Viendo esta campaña uno solamente puede pensar en la palabra "chapuza" cuando ve la campaña que hizo el almirante Nimitz y sus cabezazos contra Peleliu, Iwo Jima y Okinawa... Macarthur dejó fuera de combate tropas mucho más numerosas de las que estaban acantonadas en esas islas y con una fracción de las pérdidas de este. D. Macarthur no solamente era un brillante organizador, era también un brillante táctico y estratega, un lider nato que sabía como utilizar lo mejor de cada uno de sus comandantes, fue, y me la juego con quien quiera, el mejor militar aliado de la Segunda Guerra mundial y con diferencia, el más completo... por mucho que hayan otros como Patton o Eisenhower que a la larga resultaron más populares.


El general incomprendido.
Mc Arthur era un divo, un rey en sus dominios, un director de orquesta… pomposo, seguro de sí mismo, pretencioso, orgulloso… no ha existido en la historia de norteamerica, ni en la de occidente en los últimos cien años, pues habría que remontarse atrás en el tiempo al mismísimo Napoleón, un genio semejante para la guerra y a la vez a alguien tan atacado por la prensa y seguramente tan insoportable. Dice un refrán que “el clavo que sobresale es el primero en recibir un martillazo” y Douglas Macarthur se llevó muchos… de hecho, como comenté antes, estas memorias  son de principio a fin una apología de las decisiones que tomó a lo largo de su vida, por las que fue duramente criticado en su país, y una encendida defensa del militarismo defensivo, en el seno de una democracia, y una actitud beligerante contra los enemigos de su país… es curioso ver al militar más galardonado de la historia americana dotado de una piel tan fina y protestar tanto por sentirse “herido”. Debía ser todo un suplicio ser subalterno suyo, es lo primero que uno puede pensar. En cierto modo hay un tono "antipacifista" y "anticomunista" presente en la mayor parte, ahora bien, antes que emitir condena alguna hay que puntualizar qué significaría esto para alguien como este general.




Estados Unidos no era, a comienzos del siglo XX, la superpotencia imperialista y militarmente agresiva que es hoy en la actualidad, al menos no en la misma medida. Había comenzado su andadura en este campo, atacando los restos del imperio español en Cuba y Filipinas, pero de paso había liberado a estos países de un dominio colonial caduco y depredador, no es que Francia o Gran Bretaña fuera mejores, pero lo cierto es que la guerra de 1.898 en la que los EEUU comenzaron a extender su área de influencia por el mundo distó mucho de ser una guerra para ocupar, dominar y explotar salvajemente otros territorios, todo lo contrario, España no estaba precisamente por la labor de otorgar la independencia a esos países, mientras que alcanzaron la misma bajo bandera norteamericana. Otro asunto sería la vinculación económica que los terminó ligando con el nuevo "amo". El caso es que en los EEUU a pesar de este episodio dominaba la mentalidad aislacionista, la de ocuparse de sus propios asuntos y mantener un ejército con fines puramente defensivos. La llegada de la Primera Guerra mundial puso de manifiesto las carencias de ese sistema, Estados Unidos tardó casi un año desde su entrada en la guerra en poner en pie un ejército para auxiliar a sus aliados en Europa Occidental que se encontraban en un momento crítico, se puede afirmar sin reservas que la entrada en el conflicto de los norteamericanos los salvó del desastre. Macarthur entonces era ya un brillante y prometedor oficial que se hizo cargo de la división "arco iris" en suelo francés, su intervención en este conflicto, oscurecida por sus posteriores actuaciones, le acarreó no pocas medallas y condecoraciones.



Antipacifista.
Las presiones para limitar las dimensiones del ejército norteamericano y evitar su implicación en conflictos en el exterior de forma simultáneamente arreciaron más que nunca tras la Primera Guerra Mundial, Macarthur tras sus condecoraciones y ascensos en el conflicto mundial fue designado para dirigir la famosa academia militar West Point, allí emprendió una dura labor convirtiendo la misma en una academia que fuese modelo en todo el mundo, abandonando su elitismo cultural, su conexión con una cierta aristocracia militar y modernizándola todo lo posible, ampliando también su capacidad... era consciente ya por aquel entonces que el mundo no iba a permanecer en paz mucho tiempo y su país necesitaba formar de forma apresurada cuadros militares modernos y eficientes que constituyeran el corazón de unas futuras fuerzas armadas de mayores dimensiones. Es aquí seguramente el momento en el que comienza a chocar con los grupos "pacifistas", y no me refiero a activistas que se manifiestan a favor de la paz en manifestaciones tal y como los entendemos ahora, sino a políticos y sectores influyentes de la opinión pública que preconizaban lo contrario, de que era un contrasentido buscar la paz y de paso prepararse para la guerra. La idea podía parecer sensata, pero en un mundo donde florecían regímenes políticos de corte fascista y militarista era algo que no podía terminar bien. Douglas Macarthur siempre asumió como suyo el viejo dicho de "si buscas la paz prepárate para la guerra". Nos guste o no, fue algo que resultó ser completamente cierto en la convulsa y dura realidad europea de los años treinta. En este contexto es donde hay que situar siempre su "antipacifismo".

Anticomunista.
Otro de sus caballos de batalla fue su lucha contra el comunismo como ideología, no hay que perder de vista nunca que estamos en los años treinta y cuarenta, el comunismo tenía en esas primeras décadas de existencia tras la toma del poder por los bolcheviques en Rusia un marcado carácter revolucionario. Entraba en el juego democrático en muchos países pero hay que tener en cuenta que no creía en la democracia como sistema, cosa que hoy afortunadamente hace, pero eran otros tiempos y muchos, Macarthur incluido, no veían otra cosa en el comunismo que un fascismo camuflado, en el que sus activistas aprovechando las injusticias y desigualdades como gasolina para funcionar, se limitaban a subvertir el orden público embaucando a una clase obrera empobrecida y explotada, para finalmente conseguir tomar el poder... que indefectiblemente se tornaría en una dictadura, de otro signo político, pero con igual ferocidad y desprecio por los derechos humanos que las tiranías más tradicionales. Es en este marco conceptual donde hay que entender muchas de las obsesiones anticomunistas tanto de Macarthur como de otros... no hay que caer por lo tanto en la estúpida y falsa dicotomía de anticomunista = fascista que encontramos hoy en día. Muchos de los partidarios que hoy tiene la ideología comunista simplemente no soportarían vivir en un régimen comunista de la época, por mucho que esa ideología cautivara a las masas y a muchos intelectuales occidentales que demostraban no tener ni puñetera idea de lo que significaba vivir en un país comunista a la antigua usanza.

Naturalmente que hay siempre un punto donde algo que no es en sí ni bueno ni malo se torna vicioso y patológico, y por desgracia el anticomunismo de Macarthur pasó esa barrera, su represión de los ex-militares que protestaban en Washington. Fue algo muy criticado en su momento y que el general disculpa en estas memorias aludiendo a una supuesta infiltración de agentes comunistas entre los veteranos de guerra, dando por supuesto que solamente una pequeña parte de los alborotadores eran veteranos de guerra, mentira, y dando por supuesto la implicación del partido comunista norteamericano en los alborotos de carácter subversivo... el caso es que cuando le pidieron comandar las fuerzas del orden para reprimir las protestas se pasó dos pueblos, aunque él naturalmente no lo veía así y se consideraba casi un salvador de la patria a la que había visto en "peligro"... en fin. No se de su opinión de la persecución contra los simpatizantes, o supuestos, simpatizantes del comunismo que llevó a cabo el senador Joseph Mc Carthy, en los cincuenta, pero apuesto a que el viejo general fue un fervoroso partidario, máxime cuando su orgullo herido por su retirada de Corea, combatiendo contra los comunistas o como él los denomina "los chinos rojos" lo vivió siempre como una derrota injusta. 

El general en la paz.
Existe un simpático librito titulado "El arte de la guerra", de un militar chino que ha pasado a la historia bajo el nombre de Sun Tzu, es una obra que data del siglo quinto antes de cristo y que ha sido el libro de cabecera de la mayoría de los estrategas militares de oriente durante siglos, es una de esas joyas de valor intemporal lleno de sentido común y buenos consejos, que no ha pasado de moda y que seguramente nunca lo hará, el principal axioma del mismo vendría a decir que el mejor general es el que evita la guerra o vence a su enemigo sin entrar en combate. Sin duda era un libro que Macarthur lo había leído bien a fondo. Tras la victoriosa campaña que lo llevó a reconquistar Filipinas y tras la rendición de Japón, Macarthur fue escogido para liderar a las tropas de ocupación norteamericanas en el archipiélago japonés. Ironías del destino, los japoneses iban a ser gobernados por su mayor y más emblemático enemigo, aquel que habían prometido colgar en Tokio si lo hubiesen capturado tras la caída de Batán y Corregidor. Si en la campaña militar el genio de este ya anciano general, tenía sesenta y cinco años, había marcado un hito en la historia sería sin embargo su labor durante cinco años al frente de las fuerzas de ocupación lo mejor que hizo en su vida y con diferencia.




Decía Buda que quien se vence a sí mismo tiene mayor mérito que quien vence a mil enemigos en mil batallas, pero no dijo nada, que yo sepa, de quien es capaz de convertir a un enemigo en amigo ¿es siquiera imaginable una mayor victoria que esa?... pues este sátrapa oriental, divo y general-estrella lo hizo. Se encontró a su llegada tras la firma de la paz con un país arrasado por los bombardeos, una población famélica, y sobre todo desmoralizada. No es posible imaginar siquiera la humillación y la conmoción que supuso para el pueblo japonés la derrota, una cultura que se mueve y gira en torno al sentimiento de vergüenza y el honor de repente se ve destrozada, humillada, y hasta con un emperador, sacrosanta y endiosada figura, convertida en un títere de sus enemigos... un pueblo que hasta hacía bien poco había vivido bajo un régimen militarista y expansionista, convencido de su supremacía sobre el resto de los pueblos de Asia. Ahora se veían reducidos a la impotencia... nada bueno dice el código samurai, el Bushido, a cerca de los que se rinden, "no los dejes vivir, no los dejes morir". Los japoneses esperaban lo peor, esperaban un trato semejante al que ellos sin duda hubieran otorgado, y otorgaron de hecho, a sus enemigos derrotados. 

Macarthur se dio cuenta, merced a su experiencia y sus conocimientos de lo que ocurrió en Alemania tras la derrota en la Primera Guerra Mundial, que una política dura y cruel en Japón tendría a la larga funestas consecuencias. El comunismo era una fuerza ideológica muy pujante en esa parte del mundo, por una vez demostró sus dotes políticas y se negó a una partición del territorio japonés en zonas de influencia, tal y como se había hecho con Alemania, bastante que se hizo con Corea, una mala idea tal y como se demostró más adelante. Los soviéticos habían rehusado entrar en guerra con Japón cuando este iniciaba el conflicto y se expandía victorioso, y solamente entraron en ella ya cuando el país oriental se encontraba vencido... ansiosos de disputarse sus despojos. Macarthur había intentado presionarles para que abriesen un frente en Siberia que aliviase la presión sobre Filipinas y las colonias británicas, sin éxito, seguramente al final se alegró de que no lo hicieran. Primero se esforzó, con éxito, en evitar la presencia del ejército soviético en Japón, lo siguiente fue mejorar las condiciones de vida de los japoneses, reconstruir el país y sobre todo modernizarlo.




No fue una tarea fácil, se encontró con un país que había entrado de forma harto desigual en la modernidad, industrialmente avanzado, pero con estructuras feudales, había que reconstruir, y también evitar que quienes habían detentado el poder y llevado al país al desastre volvieran a ocupar sus puestos. Para ello solamente había un camino, la modernización y la democratización. Aunque fue muy criticado por haber dejado en el poder al emperador, Macarthur demostró ser inteligente en esto, conocía mejor que los políticos de Washington y Europa la peculiar forma de ser del pueblo japonés y su devoción por esta figura política, de forma que no quiso enjuiciarlo por sus pasadas actuaciones, de hecho era consciente que él nunca había tenido el poder real en el país, de modo que era útil mantenerle en el puesto. Un emperador encarcelado, juzgado y condenado a muerte hubiera suscitado la ira de una buena parte del pueblo, y era justo lo último que el país necesitaba. Macarthur le dejó en su puesto, aunque reducido a una figura simbólica controlado por el parlamento, a semejanza de las monarquías parlamentarias europeas, intervino en la redacción de una nueva constitución en la que, por ejemplo, se equiparaban los derechos de hombres y mujeres. Presionó al gobierno de su país para que enviasen alimentos y ayuda humanitaria a Japòn, y prohibió terminantemente que las fuerzas de ocupación consumieran productos del país y se alimentasen solamente con sus raciones del ejército. Japón se moría literalmente de hambre, y en una carta memorable pidió a sus superiores "o me dais alimentos o me dais cartuchos, los hombres prefieren morir peleando antes que morir de hambre". Promovió además una campaña de vacunación para erradicar enfermedades que hacía décadas que habían desaparecido de los EEUU y que allí, y no solamente a causa de la guerra, eran endémicas... cuando los expertos en sanidad le dijeron que a causa de estas campañas se podían haber salvado dos millones de vidas no cupo en sí de satisfacción, tras tantas vidas perdidas en la guerra el hecho de salvar vidas humanas era algo que lo llenaba de orgullo.

Cuando marchó del país dos millones de japoneses acudieron a despedirlo, poco tiempo después el gobierno del país le concedía la más alta condecoración... ¿alguna vez un general ha sido honrado con algo semejante por parte de sus peores enemigos?. El país siguió evolucionando y cambiando tras su marcha, pero está muy claro que los efectos de esos primeros años de la ocupación tras la guerra sentaron las bases del Japón moderno.

Corea.
El breve episodio de Corea fue a la vez uno de los más brillantes y el más amargo de su carrera como militar. La partición del país tras la guerra trajo consigo una enemistad entre el norte comunista y el sur situado en la esfera capitalista occidental que no podía terminar bien. El sur había sido provisto de un ejército al que se habían eliminado los elementos pesados, artillería y carros de combate, para evitar, paradojas de la vida, que invadieran al norte, se pensó que era buena idea para impedir el conflicto civil que el sur no tuviera medios para atacar al norte... lo malo es que el norte sí que los tenía para atacar al sur. Armados por la Unión Soviética y la China comunista Corea del Norte atacó a su vecino, y hermano, del sur con el propósito evidente de reunificar el país bajo la bandera roja. 

Era demasiado tarde para rectificar errores, pero no para intervenir, el ejército americano, de nuevo con Macarthur como comandante en jefe, acudió presto para defender a Corea del Sur y darle la vuelta a la situación. No era fácil, el ejército del sur había retrocedido hasta el puerto de Pusan y perdido la capital Seúl, sin embargo la rápida intervención norteamericana, incluso con fuerzas insuficientes, consiguió ralentizar el avance norcoreano y conseguir un ámplio perímetro defensivo en torno a Pusan. Fue entonces cuando Macarthur en lo que sería su última "genialidad" propuso un plan para desembarcar en Inchon, ciudad portuaria tras las líneas enemigas y cercana a la caída Seúl, para cortar las líneas de suministro del enemigo. Otro general más cauto se hubiera limitado a enviar tropas a la cabeza de puente del sur, eternizando con ello la guerra, sin embargo si el viejo general intervenía en un conflicto era ante todo para ganar, no para adoptar una estrategia timorata y defensiva buscando resistir o el empate. Esa era su filosofía de combate a la que fue fiel siempre.

Aunque con muchas reticencias y muy desaconsejado la seguridad en sí mismo de Macarthur doblegó la misma, era una operación difícil, el punto escogido no era precisamente de fácil acceso, el riesgo era tremendo... pero por eso mismo la sorpresa fue absoluta, y Macarthur hizo de nuevo cierto aquel dicho romano "audentis fortuna iuvat", a los audaces les sonríe la fortuna. Me pregunto cuantos generales de hoy en día serían capaces de liderar y llevar a buen término algo semejante, de plantearlo incluso, y de si los actuales políticos les dejarían correr tantos riesgos en esta época de drones :-). El caso es que se salió con la suya y el ejército norcoreano estuvo muy cerca de ser aniquilado en la pinza entre las fuerzas norteamericanas, y de otros países con el respaldo de la ONU, y el sur. Sin embargo el tratar de convertir la victoria en victoria total terminó mal.

Si las tropas norteamericanas se hubieran limitado a expulsar a las norcoreanas al otro lado del paralelo 38 que constituía la frontera... pero no lo hicieron e invadieron el norte, buscando la victoria total. La China de Mao intervino... al ejército norteamericano se le prohibió sobrevolar inclusive la frontera con China, no era posible ganar un conflicto con tales limitaciones de suministros, tropas y movilidad geográfica... que era aprovechada al máximo por sus enemigos. Macarthur hizo cuanto pudo para desbloquear la situación y finalmente fue destituido. El mundo había entrado de lleno en la llamada Guerra Fría, la política respecto a al guerra había cambiado para siempre, el viejo general ya no tenía su sitio en este nuevo escenario. Su vuelta al país, acompañada de multitudes que le vitoreaban y de discurso en discurso, condecoraciones y homenajes tuvo siempre un regusto amargo.


Lo mejor: Un libro en general ameno, que nos permite conocer de primera mano los pensamientos de uno de los protagonistas del mayor conflicto bélico, hasta ahora, de la humanidad. Un personaje polémico, con muchas luces y sombras, brillante más allá de la duda y del que resulta interesante conocer más detalles de los hechos en los que se vio involucrado. Hará sin duda alguna las delicias de todos aquellos aficionados a la historia de la Segunda Guerra Mundial. Como ya he aludido antes, a la continua defensa y apología que el general hace de sí mismo y de las decisiones que tomó a lo largo de los años se añaden una serie de "pruebas" consistentes en transcripciones de documentos oficiales y cartas que durante los años intercambió con las personalidades de la época. Posee por lo tanto esta obra un considerable valor histórico para todos aquellos que deseen conocer, por el motivo que fuese, con mayor detalle los acontecimientos descritos en estas "memorias" ... aunque no se si llamarles "desmemorias" ;-).


Lo peor: No deja de ser un panfleto de autodefensa y apología, con mayor o peor fortuna. Decía Orwell que una memorias debían estar siempre acompañadas de un sentimiento de derrota, yo añadiría que eso sucederá siempre que la persona que las escribe sea honesta. Macarthur dentro de sus limitaciones, su ideología y su ingenuidad lo es. Aunque por momentos resulta un poco patético que el general más querido, laureado y admirado de la historia americana arremeta una y otra vez contra aquellos que le critican. 

No asume por ejemplo responsabilidad alguna por su desidia y mala organización en el ataque japonés a las Filipinas, se pasa páginas y páginas demostrando que había solicitado una ayuda mayor a Washington parar armar al pueblo filipino y a continuación tras ser advertido del ataque a Pearl Harbour pone como excusa el que no conocía su alcance y la victoria de los japoneses para no poner a sus fuerzas en alerta. Siete horas tardaron los japoneses en enviar su aviación a bombardear los aeródromos norteamericanos y se encontraron a la mayoría de los aparatos en tierra perfectamente alineados para hacer tiro al blanco... nunca admitió responsabilidad alguna por ello. 

Como tampoco admitió responsabilidad por su empeicinada, y de derrota más que previsible, defensa de Bataan... dice que lo hizo para ganar tiempo, como si los japoneses hubieran detenido toda su campaña precisamente para asediar Batán. Fue por motivos puramente personales, su arrogancia que no podía resistir el retirarse derrotado, ocasionó la muerte y sufrimiento de miles de soldados americanos y filipinos cuando sabía a ciencia cierta que no iba a recibir refuerzos. De la misma forma, aunque da mil excusas, hubo sin duda algo personal en la condena del general Homma, aunque este no estuvo informado, algo que parece probado, de las atrocidades cometidas contra prisioneros aliados en las Filipinas... Macarthur le derivó responsabilidades de los actos cometidos por sus subalternos, pero en el fondo había también algo personal, era el general que le había derrotado y expulsado de Filipinas. No aplicó por ejemplo el mismo rasero al juzgar las responsabilidades del emperador, aquí la conveniencia política pudo más.

En fin, hay otros ensayos donde se escuchan a las diferentes partes implicadas, este como no podría ser de otra forma solamente aporta la versión del propio Macarthur de los hechos, valiosa, indispensable, pero inevitablemente sesgada.