martes, 18 de abril de 2017

El fin del "Homo sovieticus"


"¿Qué valor puede tener la vida humana, si llevamos grabado en nuestra memoria que millones de personas morían hace muy pocos años?. Estamos llenos de odio y prejuicios. Los hemos heredado del Gulag y la guerra horrible que libramos. De la colectivización, la eliminación de los kulaks, las deportaciones de pueblos enteros...  

Así fue el socialismo y ésa la vida que tuvimos. No solíamos hablar de ella antes. Pero ahora que el mundo ha mutado incontrovertiblemente, aquellas vidas nuestras interesan a todos, no importa como fueran, eran las vidas que nos tocó vivir. Yo escribo, reúno las briznas, las migas de la historia del socialismo "doméstico", del socialismo "interior"... Estudio el modo en que consiguió habitar en el espíritu de la gente. Siempre me ha atraído ese espacio minúsculo, el espacio que ocupa un solo ser humano, uno solo... Porque, en verdad, es ahí donde ocurre todo."



Ficha: El fin del "Homo Sovieticus", Svetlana Aleksiévich, editorial Acantilado, 643 páginas, ISBN: 978 84 16011 84 1

En una entrevista que le hicieron hace poco tiempo a S. Aleksiévich le preguntaron si alguna vez escribiría algún libro de ficción, contestó que no lo creía, que la realidad era ya de por sí lo suficientemente rica e interesante como para pensar en escribir una obra de ficción... y la verdad es que tras leer este ensayo hay que decir que la autora bielorrusa se quedó corta... 

Hace muy poco comenté aquí su impresionante "Voces de Chernóbil", seguramente la mejor acabada y recomendable de sus obras, este "El fin del Homo sovieticus" no me ha impactado tanto... seguramente porque ya iba advertido y en buena medida ya sabía lo que me iba a encontrar, aun así ha sido una lectura de lo más interesante y es uno de esos libros que simplemente no puedes dejar de leer una vez lo empiezas. La magnitud y la complejidad del tema tratado es enorme, colosal, de ahí que la fidelidad a su estilo de escribir y el formato de los libros de esta peculiar escritora, galardonada con el Nobel en 2.015, constituye todo un acierto. Cualquier ensayo más convencional donde un historiador se pusiera a narrarnos, con más o menos detalle y fidelidad, la caída del régimen soviético, de 1.989 a 1.991, y sus posteriores consecuencias, JAMAS tendría, vamos ni por asomo, el interés y la riqueza del cuadro mostrado por Svetlana en esta obra. Tendría forzosamente que centrarse en los acontecimientos históricos, tirar de hemeroteca, interpretar la enorme cantidad de datos... aquí en cambio la escritora bielorrusa se limita a recopilar una serie de testimonios recogidos durante años donde se nos narran en primera persona cómo fue la vida de la gente a la que le tocó vivir los años anteriores, la caída del régimen y la desmembración del estado soviético... esa forma de escribir la historia, narrada no por aquellos que la protagonizan y que toman decisiones que afectan a miles o millones de personas, sino por aquellos ciudadanos anónimos que la sufren y cuyos testimonios quedarían siempre en el olvido de no ser porque un día se presentó en sus casas una peculiar periodista provista de una grabadora y una sobresaliente cantidad de paciencia y capacidad para sentir empatía por sus entrevistados. Una periodista que en más de una ocasión, recogida en este libro, romperá a llorar junto con la persona entrevistada... y justo cuando piensa que en su trabajo y su carrera profesional ya ha visto y escuchado de todo.


Pertenezco a una generación que vio la sucesión de efímeros mandatarios soviéticos que siguieron a la muerte de Brezhnev en 1.982, y la elección de Gorbachov en 1.985, un hombre que le caía bien a casi todo el mundo, daba una imagen muy diferente a la del tradicional jerarca soviético... palabras como "glasnost", transparencia, o "perestroika", reformas, pasaron a formar parte del vocabulario político desde su llegada al poder. El mundo estaba cansado de la guerra fría y ese equilibrio del terror que presidía la política de bloques de aquel entonces... fueron unos años que quedaron para siempre marcados en nuestra memoria. Nada hacía presagiar que el mandato de Gorbachov iba a ser tan breve y que aquella superpotencia temible, digno contendiente de los EEUU en el reparto de poder mundial, iba a desaparecer como tal en un tiempo record. Fue un proceso tan rápido que creo que la mayoría nos quedamos pensando ¿pero qué ha pasado?, el régimen comunista se desplomó igual que un edificio de madera carcomido por las termitas, parecía fuerte y temible desde fuera... pero estaba podrido hasta los cimientos y bastaba un ligero viento para echarlo todo abajo.

Una cosa es cómo se ven los acontecimientos históricos desde lejos, tal y como lo vimos en occidente con una información filtrada y sesgada por los medios de comunicación, otra es la historia oficial de sus protagonistas... y otra bien distinta es la historia personal de los que sufren el proceso, aquellos a los que pilla en medio y tienen que vivirlo como pueden. Esa es la gente escogida por Svetlana para contar su historia. No veremos a ningún personaje importante narrar lo ocurrido, son todos ciudadanos anónimos, unos de edad madura que habían vivido siempre bajo el régimen soviético, algunos más viejos que recordaban todavía historias de la guerra y la represión estalinista, otros más jóvenes que vivieron aquellos años con mucha ilusión y esperanza. Escucharemos testimonios de ex-comunistas que en el momento de relatar su vida todavía defienden a capa y espada al antiguo régimen, muchos comunistas desilusionados pasan por sus páginas, pero también ciudadanos que pensaron que la "libertad" era otra cosa... que en modo alguno estaban preparados para la época de escasez y penurias que siguió al desplome de la URSS. Los más estremecedores de todos serán los testimonios de gentes que tuvieron que marchar de sus tierras debido al desmembramiento de la Unión Soviética y las guerras étnicas que le siguieron, como el conflicto entre Azerbaiyan y Armenia, sin duda el resultado más directo y dramático del desplome del régimen.


Poco a poco uno cómo durante mucho tiempo han existido personas que hayan defendido aquel régimen y sentido nostalgia por la vida que llevaron bajo el mismo, un país de funcionarios con una mentalidad idealista promovida desde el estado, que se sentían felices si podían comer naranjas en navidad, con unas viviendas muy bien provistas de libros pero carentes de lujos y comodidades, donde la ideología dominante hacía tiempo que había ocupado el papel de la religión y todo era sacrificio en el presente en pos de un futuro ideal donde todo sería mejor... la cruda realidad los arrojó como a niños a la intemperie, a un mundo donde el dinero era el nuevo dios que sustituía a los ideales comunistas, a un mundo inclemente donde solo primaba el interés propio y donde no eras nada si eras pobre, donde de nada valían los títulos universitarios y los estudios, y donde una pandilla de mafiosos y malhechores se hicieron con las riendas de la política liquidando el estado a precio de saldo... antes era la falta de libertad, el miedo omnipresente en la época estalinista, la desconfianza y la posible denuncia de cualquiera, luego el miedo a la pobreza, la falta de humanidad y sobre todo la decepción al pasar de golpe de un mal socialismo donde no existía libertad de pensamiento a un capitalismo salvaje donde ya puedes expresar cuanto quieras libremente... que a nadie ya le importas un pimiento si no tienes dinero y no existe ningún "papá estado" para acogerte si te ves tirado en la calle.

Existe una maldición china que reza "así tengas una vida interesante", da la impresión de que Svetlana ha hecho una verdadera criba en los testimonios recogidos aquí, de que solo ha dejado las historias tremebundas, de suicidas o gente que ha vivido al límite, de supervivientes de los campos de trabajo y los orfanatos, de supervivientes de la guerra, de supervivientes de hogares donde las privaciones y el alcoholismo, con la violencia que lo suele acompañar, forman una combinación especialmente cruel. Testimonios sobre todo de mujeres, madres, esposas, hijas ... gentes de diversas procedencias, cada una con una dura historia, una "historia interesante" que contar. Es un libro tremendo, si con su anterior trabajo aquí comentado conseguía que el lector rechazase de plano la energía nuclear, aquí se va a convertir en un enemigo acérrimo del vodka...

Miseria, dolor, desilusión... algunos son testimonios verdaderamente crudos, y cuando crees que ya las leído lo peor, o lo más extravagante, todavía aguardan algunas sorpresas. No es un relato amable de la Rusia soviética lo que vemos aquí, pero tampoco mucho menos de la actual Rusia de Vladimir Putin, no se si este libro está publicado en Rusia... no carga especialmente las tintas contra el actual dirigente ruso, pero tampoco deja en muy buen lugar al país ni a su gente, salvo excepciones, vamos que uno lo lee y se le quitan las ganas de viajar a Rusia de golpe. Lo bueno es que uno agradece una y otra vez haber nacido y vivido en occidente, incluso en España... aquí tenemos, crisis incluida, un paraíso en comparación con lo que viven muchas personas allí. Odio, estupidez, racismo, xenofobia... los rusos han pasado en una generación de ser personas cultas, educadas e instruidas a formar un cuadro verdaderamente lamentable donde cualquier cosa es posible, y cualquier ley aberrante como esa reciente que despenaliza parcialmente la violencia doméstica, resulta comprensible en ese contexto de estulticia generalizada, y es que para juzgar a Rusia no se pueden usar los baremos que tenemos en occidente para medir, hay que ahondar en su historia, en su gente, en lo que han pasado en estos últimos treinta años, y en lo que vivieron anteriormente. 


El libro de Svetlana a pesar de denotar un gusto especial por lo crudo y lo sensacionalista, esto es innegable, tiene esa virtud, la de profundizar en el alma de gentes que simplemente son hijos de su tiempo, y a través de sus ideas, opiniones, relatos de vivencias, sentimientos... es precisamente ese material humano la materia prima con la que trabaja la escritora. Pareciera que su labor es extremadamente fácil, busca a alguien con una historia interesante o especialmente dramática, no importa si está a un lado o al otro de una línea ideológica, siéntate junto a él o ella, pon la grabadora en marcha y déjale hablar y sincerarse como no lo haya hecho en su vida, luego recoge el testimonio, pule aquí y allí y ya tienes un material de primera por el cual quizás optes a un premio más adelante... pues no, no creo que sea tan fácil como eso. Buscar, indagar en las historias, contactar con gente que en ocasiones son verdaderos parias con los que nadie querría hablar... y eso durante años. No se el tiempo que la periodista bielorrusa llevó recopilando historias para incluirlas en este libro, pero queda claro que debajo de un ensayo como este hay un trabajo formidable. Comprensión, mucha paciencia, buen olfato para detectar una buena historia, empatía, psicología... no creo que libros como los que escribe esta mujer, y que le ocasionaron su expulsión de Bielorrusia, sean fáciles de escribir.

El desfile de testimonios que recoge este libro es de lo más variopinto, da la impresión de que Svetlana hubiese reunido en este libro toda una suerte de miscelánea, que hubiese volcado en él el contenido de un "cajón de sastre" repartido entre sus documentos y le hubiese dado forma de libro. Porque si es verdad que hay testimonios directamente relacionados con el tema principal del libro, el desplome y desmembramiento de la URSS, no es menos verdad que hay testimonios que están ahí simplemente porque sí, porque relatan la vida que una persona ha vivido durante la existencia del régimen soviético, y nada más puede añadirse, relatos de gente anciana que sirven como sondas temporales para enjuiciar el presente en base a la historia vivida y de paso lanzar interrogantes al futuro. Hay historias, no obstante, que podrían ser perfectamente eliminadas y que no aportan nada a la mejor comprensión del cambio histórico vivido por el país, y que da la impresión de que están ahí simplemente porque son lo suficientemente interesantes por sí mismas, como el testimonio de la madre de un suicida por ejemplo, Svetlana siente verdadera debilidad por el testimonio de las madres, o el de esa historia rocambolesca de casi el final del libro que terminó inspirando una película... definitivamente la escritora se ha tomado muchas libertades a la hora de la selección.

Otras lecturas recomendadas:
"Vida y destino" de Vassili Grossman.
"Koba el temible" de Martin Amis


Lo mejor: Una visión coral y caleidoscópica, íntima e introspectiva, plena de testimonios impresionantes acerca de un episodio fundamental de la historia reciente. Una obra imprescindible para entender a la Rusia y las repúblicas ex-soviéticas actuales, que desmitifica tanto el antiguo régimen soviético como al instaurado por Yeltsin y Putin. Cuando lo lees te das cuenta de que allí todavía falta mucho para que tengan algo parecido a una democracia al estilo occidental y que en esencia el comunismo, o más bien el autoritarismo que siempre ha presidido la vida política rusa no ha muerto con el régimen comunista, sino que solamente ha tomado otro disfraz, y que ni era deseable lo que había antes ni tampoco lo que vino después, pero que parece que el destino de los rusos es siempre el mismo, tal y como reza el refrán recogido en el libro "en Rusia todo puede cambiar en cinco años y no cambiar nada en doscientos".

Lo peor: No me parece una obra tan entera y acabada como "Voces de Chernóbil", es muy densa e interesante, más ambiciosa sin duda, pero en demasiadas ocasiones da la impresión de dispersarse un poco y querer abarcar demasiado. Te deja exhausto y machacado ante tanto sufrimiento y aunque es verdad que también hay lugar para la esperanza y la admiración ante seres humanos que no parecen de este mundo por su capacidad de aguante y actitud ante la vida, da la impresión de que Rusia no tiene remedio, hay un trasfondo pesimista y amargo que las diferentes notas optimistas no consiguen ocultar. Lo dicho, que dan ganas de no acercarse a ese país ni en fotos :-).



domingo, 9 de abril de 2017

Un abuelo rojo y otro abuelo facha

"Dicen que mi país tiene forma de piel de toro, pero yo siempre he pensado que se parece más al pictograma que ponen en la etiqueta de los zapatos de cuero, y esas pieles no provienen del toro sino de animales peores tratados por la mitología. Si yo me empeicinase en mantenerme leal a la tradición y aceptase que nuestras fronteras dibujan una piel de toro, enseguida oiría voces discrepantes: unas gruñirían que la piel es de cerdo; otras murmurarían que es un disfraz de piel de cordero, y un tercer grupo, menos numeroso, pero compuesto por voces más atronadoras, exigiría que dejemos de matar animales de inmediato, aunque sea figuradamente, y nos obligaría a vivir en un país con forma de tofu."


Ficha: "Un abuelo rojo y otro abuelo facha", Juan Soto Ivars, editorial Círculo de Tiza, 395 páginas, ISBN: 978 84 94 434 051































Tras la lectura del anterior libro comentado en este blog me quedé tal y como se queda uno tras una comida contundente y muy especiada, con el paladar abrasado, de ahí que ya encontrase "sosas" otras lecturas que en otras condiciones me hubieran apetecido... pasaron por mis manos varios libros procedentes de la sección de novedades de la biblioteca, dos de ellos los dejé a medias, una colección de relatos de Roald Dahl y un ensayo sobre política en tono irónico pero que terminé encontrando terriblemente fatalista, cargante y pretencioso llamado Idiocracia. Tras estas dos lecturas fallidas me atreví con un libro de divulgación científica publicado con una gran campaña, como todo lo que ha sido primero éxito fuera de nuestras fronteras... pero que dejé de lado apenas leídos dos capítulos, lo encontré tan insípido como un huevo sin sal, o era el libro en sí, o más bien era mi paladar arrasado tras la lectura de Instrumental, el caso es que llegó a mis manos este libro de título tan curioso, comencé a leerlo sin ninguna expectativa y pronto quedé enganchado, enseguida me dije que sí, que esta era mi próxima lectura. Aquí lo tenéis.

Por mi blog han pasado algunos libros de autores nacidos en mi región, Murcia, no son muchos pero sí que son muy diversos, autores como Jerónimo Tristante que parece haber tocado techo inmerso en un tipo de libros que ya no me interesan nada, o Enrique Rubio, últimamente demasiado centrado en polemizar en la red sin sacar nada interesante... de ahí que haber encontrado un autor de mi tierra, al menos en origen, que no conocía y que además me ha gustado es todo un descubrimiento.

Juan Soto Ivars, es columnista habitual del diario "El Confidencial", uno de tantos que pululan por la red, y ha publicado artículos también en la revista Papel de El Mundo, aparte de otras colaboraciones con El País y otras revistas. Además de sus colaboraciones con estos medios también ha escrito un par de novelas, "Siberia" y "Ajedrez para un detective novato", ambas ganadoras de premios. Aquí lo tenemos con una mezcla de ensayo, novela autobiográfica y una recopilación de algunos de sus artículos. En el mismo encontraremos relatos de su niñez, adolescencia y su primera juventud marcada por el deseo de convertirse en escritor, y sobre todo muchas referencias a su familia y a la política y peculiaridades de nuestro país.

El título del libro se refiere a un dato personal, la mitad de sus abuelos son de derechas, de los de toda la vida tal y como se suele decir, y la otra mitad de izquierdas. Juan los adora a todos, y el libro entre otras muchas cosas viene a ser una especie de "deconstrucción" de ese tópico tan manoseado de "las dos Españas", ese que aparece con especial fuerza en momentos clave de crisis, que es notoriamente falso y engañoso, y que nos perjudica como nación más de lo que nos atrevemos a admitir. Las puyas al dogmatismo de izquierdas y al de derechas van a estar presentes durante casi toda la narración, también muchas referencias al nacionalismo separatista catalán, tan de moda en estos últimos años coincidiendo con el abandono de las armas del separatismo radical vasco. Juan nació en Águilas (Murcia), vivió en Alcantarilla, un pueblo a las afueras de Murcia, pero también en Tánger en Marruecos, en Madrid y en Barcelona... de modo que aunque su origen es murciano, a estas alturas posiblemente ya le sea difícil identificarse con un lugar concreto. Él mismo comenta cómo aprendió a disimular su acento, que tan mala fama nos da a la gente de Murcia... en mi opinión de forma completamente injustificada ya que hay otras comunidades donde se maltrata más al castellano, y cómo ha llevado eso de residir en diferentes puntos de nuestra geografía, y tal y como como ocurre en la vida de todos los viajeros, el cómo ha afectado a su vida y a su forma de ver las cosas.



Juan escribe muy bien, en mi opinión sus artículos publicados en la red no dan idea de sus capacidades como escritor, ha sido un disfrute el leer acerca de las reflexiones de alguien joven, nacido en 1.985, pero ya con suficientes vivencias personales como para atreverse con un libro de tintes autobiográficos apenas pasados los treinta, no todo el mundo tiene a sus años sus experiencias, o si las tiene probablemente no va a saber sacarles el partido que él demuestra en este libro. Otro asunto distinto es el tema de la política, confiesa sin rubor su militancia en un minúsculo partido comunista, su posterior cambio de 180 grados, y su descreimiento, que tuvo como consecuencia su adhesión al liberalismo, para finalizar luego de nuevo girando hacia la izquierda... unos bandazos en su forma de pensar que a mí solo me indican una cosa, una falta de dogmatismo y un cuestionamiento de las cosas bastante sano. Decía el gran Viktor Korchnoi que un ajedrecista que cambia su repertorio de aperturas a lo largo del tiempo simplemente demuestra ser un ajedrecista en evolución, para mí sirve igual con el tema de las ideas políticas, el inmovilismo, el pasarse toda la vida votando lo mismo o sirviendo a las mismas ideas sin cambiar un ápice me recuerda a los fósiles, inmutables y ajenos al cambio, pero también muertos.

El libro está lleno de ironía, hay episodios de su vida descritos con una especial gracia, como esa adhesión de muy joven a un partido comunista, la experiencia de su primer trabajo, o el estado en el que se encontraba ese piso de estudiante en Madrid. Seguramente los momentos más entrañables son los que dedica a hablar de sus abuelos, muy diferentes entre sí, con ideas contrapuestas, pero grandes trabajadores, sabios y por encima de todo buenas personas. Ese contacto desde su niñez con personas de notable calidad humana que profesaban ideas muy diferentes es lo que le hace desconfiar de cualquier maniqueísmo de "buenos y malos" que tanto emponzoña habitualmente la vida política española. Cargado de ironía el capítulo dedicado a su hermano menor... en el que no deja de mostrar la manía que le tuvo siempre y cómo las cosas cambiaron radicalmente a raíz de un suceso.

La política tendrá peso en la narración desde el comienzo, me ha gustado su particular visión del proceso independentista catalán... y es que oyendo a determinados sujetos parece que allí todo se reduce a una división de buenos y malos... da igual desde el punto de vista que lo veas. Juan lo hace mejor, muestra la división íntima de la sociedad catalana, y explica mejor que nadie el porqué el proceso de independencia de momento no puede triunfar... pero también explica muy bien el hecho de que en Cataluña esta va a seguir siendo una aspiración de una parte de la población, se pongan como se pongan las cosas. El cuadro final es verdaderamente lamentable, con los políticos de todas las tendencias conformando un verdadero circo alejado completamente de la realidad social de la calle.

Me han gustado especialmente los capítulos dedicados a la enseñanza de la literatura, el dedicado a una antigua profesora, el artículo dedicado a la prohibición de la filosofía, el dedicado a internet, la corrupción... hay mucho donde escoger en el libro. Sobre todo me ha gustado esa visión ácida e irónica del actual estado de la política española, seguramente porque coincide bastante con la mía propia. Hubo un punto en el que uno podía aspirar a que las cosas cambiasen por la fuerza de las urnas y ver derrotada la vieja política, esa que hace aguas por todas partes, pero sin embargo los últimos resultados electorales, la crisis del otro gran partido y los errores de bulto de los nuevos hacen que la necesidad de un diálogo verdadero se vaya instalando... y es algo a lo que en nuestro querido país no estamos acostumbrados. Juan Soto Ivars se lamenta pero sin lanzar soflamas pesimistas o apocalípticas, esto es lo que hay y mejor acostumbrarse y sacarle aquello que de bueno tiene.


Lo mejor: Un escritor joven pero notoriamente solvente, con la cabeza muy bien amueblada, y seguramente a estas alturas bastante acolchada dada su afición a dar patadas al avispero del dogmatismo (de uno y otro signo)... en sus artículos le gusta provocar y llamar la atención, los hay muy incisivos y acertados y otros menos currados, lo que no hay en él es una intención de provocar gratuitamente o de "hacer sangre", ni tampoco la desazón y el pesimismo que tanto abundan. Su visión a pesar de todo es optimista y amable, eso para mí, junto con su buen estilo, hace que valga la pena leerle.

Lo peor: La última parte del libro desmerece un poco al resto, da la impresión de estar constituida por material de relleno, yo la hubiera quitado directamente. La pequeña editorial donde se ha publicado este libro tiene también otros títulos interesantes, ha sido otro descubrimiento con esta lectura, los ensayos minoritarios apartados de los gustos generales tienen por desgracia su contrapartida en el excesivo precio, menos mal que he podido leerlo en préstamo :-).



domingo, 2 de abril de 2017

Instrumental

"Vosotros y yo estamos conectados de forma inmediata a través de la música. Yo la escucho. Vosotros la escucháis. La música ha empapado nuestras vidas y ha influido en ellas tanto como la naturaleza, la literatura, el arte, el deporte, la religión, la filosofía y la religión. Es la gran unificadora, la droga preferida de los adolescentes de todo el mundo. Brinda consuelo, sabiduría, esperanza y calidez; lleva haciéndolo miles de años. Es medicina para el alma. Hay ochenta y ocho teclas en un piano y, dentro de ellas, un universo entero"


Ficha: "Instrumental. Memorias de música, medicina y locura", James Rhodes, editorial Blackie Books, 279 páginas, ISBN: 978 84 16290437

Cuando vi este libro en la sección de novedades de la Biblioteca Regional no pude resistir la tentación de tomarlo en préstamo, su autor no era en absoluto desconocido para mí. Meses antes había tenido un ejemplar en mis manos en una conocida cadena de grandes almacenes, donde le estaban haciendo una buena promoción, y lógicamente llegó a despertar mi curiosidad... aunque no tanto como para adquirirlo.

Posteriormente volví a encontrarme a este autor por Internet en alguna que otra entrevista y terminé incluso suscribiéndome a su canal de Youtube. Tuve la oportunidad hace poco tiempo de haberle visto en persona ya que vino a dar un concierto a Murcia, pero no me apeteció ir... simplemente pensé que con sus vídeos ya tenía suficiente. Ahora me arrepiento un poco de ello tras haber leído este libro, porque asistir a un concierto suyo y comentarlo también aquí hubiera sido un colofón ideal para este artículo :-).

El libro de principio a fin tiene una clara intencionalidad, promocionar la música clásica, ese es el actual caballo de batalla de James Rhodes a través de su pequeño sello musical "Instrumental", y de sus actuaciones en vivo, en las que nos podemos encontrar a un pianista profesional bastante alejado de los habituales estereotipos que envuelven, o más bien momifican, a la por otra parte mal llamada música clásica, desde hace demasiado tiempo. 

Rhodes pretende dignificar el género, no tanto a base de unas actuaciones plenas de virtuosismo... él aunque es un buen pianista está todavía lejos de los mejores intérpretes de música clásica, lo admite y lo reconoce, es bueno pero realmente los hay mejores... lo que pretende en cambio es quitarle esa aureola de elitismo y ese apego a las formas y una estética que solamente podemos calificar de aburrida y decadente, y por otra parte también mostrarnos composiciones de grandes músicos tal cual, sin edulcorar ni simplificar tal y como algunas discográficas hacen con recopilaciones de clásicos populares y engendros donde se pule, mutila y endulza para que lleguen a "todos los públicos", en definitiva un engaño y un timo que en nada beneficia al género. De ahí que Rhodes como intérprete rompa varios moldes, por un lado elimina la tradicional barrera entre músico y público con charlas antes de cada interpretación sobre las piezas que va a tocar, explicando el porqué ha elegido a ese compositor en particular y esa pieza en concreto, cuenta chistes, relata anécdotas y también nunca lo veremos con frac y pajarita... anda siempre con ese estilo personal, y desaliñado, suyo y con la misma ropa que podría llevar estando en casa y con la que se siente cómodo.

Rhodes busca también la complicidad del público y captar sobre todo a gente joven, no especialmente entendida en música clásica ni inicialmente interesado en la misma, y conseguir, a través de esa ruptura de límites y un ambiente distendido e informal, que más gente se sienta atraída por la gran música de todos los tiempos. 

Ese es el objetivo del presente libro, una reivindicación de la música, una declaración de amor si se quiere expresar así... y ello no solamente por motivos profesionales o comerciales, no solamente por el interés personal que Rhodes pueda tener en ello... hay algo más, mucho más. El libro está embebido, anegado y envuelto en notas autobiográficas, hay una parte musical, importante, a comienzo de cada capítulo, que cobra más y más peso cuando el libro se aproxima a  su parte final, pero a pesar de los esfuerzos del autor el elemento "música" queda en un segundo plano en la mayor parte del texto ¿qué tenemos a cambio?, pues el relato directo, crudo y desgarrador de una vida atormentada por las secuelas de unos abusos sexuales, unas violaciones vamos, que el autor sufrió a la tierna edad de seis años y que se prolongaron hasta los diez, algo inconcebible, horroroso, brutal... no hay adjetivos en el diccionario para calificarlo.



Unos abusos que le marcaron de por vida, que sin ser denunciados en su momento le ocasionaron una devastación a nivel psicológico de tal calibre que le han marcado para siempre, no fueron denunciados hasta muchos años después pero para entonces la víctima en este caso llevaba a cuestas una vida marcada por el abuso de las drogas, la promiscuidad, conductas antisociales, auto destructivas... una separación de su primera esposa, la pérdida de la custodia de su único hijo, al que va dedicado el libro etc... el autor una y otra vez nos repite lo mismo, lo deja a entender de todas las formas posibles, la música tiene una propiedad curativa y mágica que la convierte en el refugio ideal contra las adversidades de la vida, así ha sido en concreto con la suya. Hablamos de un hombre que ha pasado por varios psiquiátricos, que en ocasiones ha estado sometido a una medicación tan fuerte que lo convertían en un zombie, a varios intentos de suicidio frustrados, a una vida psicológica devastada y desequilibrada en grado sumo... y aun así ha sobrevivido a ello, se lo debe a un grupo de personas cerca suyo realmente extraordinario, él lo reconoce una y otra vez, pero también al poder curativo de la música que le ha proporcionado siempre ese punto donde poder refugiarse básicamente de sí mismo... porque otra cosa que deja claro desde el comienzo es que aparte del canalla que abusó de él en su niñez el enemigo número uno que ha tenido en su vida ha sido siempre él mismo.

Rhodes escribe con una sinceridad apabullante, brutal, este es un libro lleno de frases cortas, cortantes, contundentes, palabras malsonantes, adjetivos no precisamente positivos, pero hay algo en esa forma de escribir que ametralla al lector desde la primera página que hace que no puedas soltar el libro. Tardé dos días en leerlo... y eso porque no tuve demasiado tiempo para ello porque perfectamente lo podía haber terminado de una sentada. Lo que cuenta es fuerte, bestial, es un libro que hace pocas concesiones... y que da la impresión de que aun así hay bastante de autocensura en el mismo para no cargarlo demasiado de situaciones escabrosas. De todas formas con lo expuesto hay más que suficiente, hay uno o dos momentos en los que reconozco que sentí una pinza en las tripas leyéndole dejándome un "mal cuerpo" bastante feo.

Aunque sea terrible quizás lo mejor de todo sea la descripción que el autor nos hace de sus estados psicológicos, de sus errores de apreciación, de cómo el sentimiento de ser una víctima, el victimismo, es lo peor que podemos hacer en la vida y que resulta tan adictivo como la peor de las drogas. En el relato lo veremos una y otra vez ascender y caer, momentos buenos donde parece que todo ha quedado atrás y solo forma parte de una pesadilla, a otros donde no ve salida alguna salvo el suicidio... una espiral que baja más y más y que dificilmente dejará de remover conciencias. Aparte del infierno psicológico que Rhodes nos relata con detalle, quiero destacar esos brillantes y estremecedores inicios de cada capítulo donde nos recomienda una pieza musical concreta, nos habla de su compositor y del intérprete elegido y donde se nos cuenta una y otra vez la vida tan dura y disfuncional que han llevado la mayor parte de los grandes compositores, algo que difícilmente se nos contará en las hojas interiores de un CD de música clásica o en cualquier documental. 

Mención aparte merece aquello ya comentado al inicio, la particular lucha de este intérprete de traer un poco de la popularidad que la música clásica se merece, fuera de los consabidos estereotipos y la habitual forma de hacer, ya completamente desfasada, de la industria de la música... no sabemos si lo logrará o no, pero no he podido hacer otra cosa que asentir y darle la razón al leerle.

Como muestra aquí tenéis un enlace a un vídeo suyo en Youtube y a algunos materiales que andan en esta página con James Rhodes como protagonista:

Un concierto y una charla en la conocida página TED, otra más dada en Madrid. Una entrevista en castellano donde promociona el libro, esta otra en el programa "Salvados" de Jordi Évole... y por supuesto este vídeo de su canal de Youtube donde interpreta su adorada "Chacona" de Bach arreglada por Busoni, la pieza musical que le cambió la vida cuando la escuchó a los siete años y supo con certeza que terminaría dedicándose a la interpretación de piano y que no importaba lo que le ocurriera en la vida mientras tuviera la música para refugiarse en ella. Hay mucho más material, a estas alturas Rhodes debe ser el pianista más "mediático" del mundo por diversos motivos, entre otros naturalmente este libro, estamos ante una persona absolutamente excepcional, en lo bueno y lo malo, y ese tipo de personas con frecuencia no tienen a bien escribir un libro. Haceros un favor y leedlo.


Lo mejor: Un relato muy duro, durísimo, aviso que no es para lectores pusilánimes... pero también impregnado de sentimientos de amor y esperanza, "Visceral" hubiera sido un título más apropiado, pocas veces, prácticamente ninguna de hecho, he leído algo tan fuerte y tan directo y contundente. El hecho de que haya alguien que haya pasado por este infierno, haya sobrevivido para contarlo, y haya reconducido su vida para dedicarse a algo más grande que él mismo es algo que finalmente... a pesar del calvario y el sufrimiento relatado, reconforta. NO es un libro pesimista y oscuro, no del todo al menos, quiero dejarlo claro. Lo recomiendo... pero con reservas, y antes que nada a todos aquellos lectores que además sean aficionados a la música clásica, ellos estoy seguro que sabrán apreciarlo mucho más.

Lo peor: Tanta pasión, tanta reacción visceral, tanto taco y tanta frase que parece escupirle al lector cansan un poco... menos mal que al final el tono se modera bastante. No me extraña que su primera mujer pleiteara con él oponiéndose a la salida a la publicación de este libro. Se lo dedica a su hijo, en fin, espero que el niño no quede "tocado" cuando algún día lea lo que su padre ha escrito.


Sócrates y Platón, aprender a pensar

"La lección socrática básica es que una sociedad de individuos autónomos exige una forma de vivir mucho más deliberada por parte de todos y cada uno de esos individuos. Sócrates traduce esta mayor deliberación en la necesidad de vivir con arreglo a un método que es también una ética. Esta era la misión y también el castigo que dejaba Sócrates a sus condenadores atenienses. Y, por supuesto, también a todos nosotros después."




Ficha: "Sócrates", "Platón", colección "Aprender a pensar", Ramón Vilà Vernis y Ramón Alcoberro Pericay, 150 y 154 páginas, ISBN: 978 84 473 8318 4 y 978 84 473 8313 9




















Hace algún tiempo alguien me comentó que en una reunión en un café filosófico alguien pidió un ejemplo de un filósofo, - ¡Sócrates! - dijo esta persona, y alguien exclamó -¡no es un ejemplo válido!, en todo caso habría que decir Platón, ya que Sócrates no escribió nada y todo lo que sabemos de él lo conocemos a través de su discípulo Platón-... y el resto estuvieron de acuerdo, de modo que eligieron a otro filósofo... no sé de cual hablaron después, pero este es un problema cardinal cuando abordamos a Sócrates, distinguir entre el "Sócrates histórico" y el inventado por Platón. Ese tema, de hasta donde llega uno y donde comienza otro ha sido un problema que ha hecho darle vueltas a la cabeza a los especialistas de la historia de la filosofía. Hoy existe más o menos un consenso donde podemos encontrar a uno y donde comienza la invención e idealización de su discípulo más aventajado.


Este pequeño ensayo escrito por Ramón Vilà Vernis va a gravitar de casi de comienzo a fin sobre ese tema, de hecho fue una sorpresa para mí ver que la colección de RBA le dedicaba un tomo a Sócrates, pues habitualmente aunque se le reconoce, como no podía ser de otra forma, la importancia que tuvo en el desarrollo de la filosofía, el maestro ha quedado siempre un poco a la sombra de su brillante discípulo, no es descabellado incluso suponer que sin Platón, Sócrates hubiera quedado al final casi en el olvido.


Esa distinción y clasificación entre filósofos pre y post socráticos es un tanto injusta, como muy bien señala Michel Onfray, entre los filósofos presocráticos se incluye por ejemplo a Demócrito... el cual sobrevivió unos cuantos años al propio Sócrates, aun así es una clasificación que cobra sentido si atendemos a las palabras de Ramón V. Vernis en lo referente al método que inauguró Sócrates, sin duda en ese aspecto hubo un antes y un después. Es curiosa la historia de un pensador que no escribió ni una sola línea, pero que en cambio inauguró tras su muerte todo un género literario, el diálogo socrático, un subgénero dentro de la filosofía que encontraría en su discípulo Platón su cima artística y filosófica. Tanto es así que Platón elegiría esta forma para transcribir sus pensamientos hasta casi sus últimas obras.


La clave del pensamiento de Sócrates, como muy bien explica el libro, no es lo que dijo sobre tal o cual tema, porque básicamente la frase más conocida de su pensamiento es el tan conocido, y no exento de controversia, "sólo sé que no sé nada"... lo dijera o no, lo cierto es que desde ahí es posible enjuiciar su pensamiento, Sócrates a diferencia de otros filósofos anteriores a él no se preguntaba por la naturaleza del mundo, por el origen de las cosas y la estructura del universo, él básicamente centró su atención en el ser humano y en los valores asociados al mismo, cuestiones como la virtud, la verdad, la bondad, la verdad, la justicia... que hacía tiempo que eran tratadas por los pensadores conocidos como "los sofistas" que se habían hecho muy populares, estos eran básicamente gente que habían viajado mucho y que dominaban el arte de la oratoria, centrándose en los aspectos relativos de los conceptos antes nombrados y en las distintas concepciones sobre los mismos en función de los intereses particulares y la cultura dominante. Pregonaban además los sofistas un saber de índole práctico y cobraban por sus clases de retórica y oratoria, no se preocupaban en lo más mínimo por encontrar definiciones absolutas, que sirvieran para todo el mundo, en lo relativo a la bondad, justicia, virtud o bien, fundamentalmente porque sabían muy bien que los que es bueno para alguien puede ser malo para otro, etc... en la Atenas de Sócrates, sobre todo desde que el régimen político era el democrático, el arte de defender una idea de forma convincente, independientemente de su valor, había tomado una importancia desmedida, hasta tal punto de que ya parecía que daba igual la bondad o la veracidad de la misma, lo importante era saber argumentar de forma convincente y lograr una mayoría de votos a favor de la causa defendida, fuera justa o injusta, ya fuera en una asamblea de carácter político o en un juicio. Sócrates se rebeló contra todo esto.



A él, sin ningún género de dudas podemos atribuirle un método que desde entonces ha formado parte indisoluble de la filosofía, el llamado “método socrático”, que básicamente consiste en un falso diálogo, donde el supuesto maestro hace las preguntas, cada vez más inquisitivas e impertinentes, y el “alumno” contesta con lo que él cree saber, poco a poco las preguntas del maestro van arrinconándole y mostrando sus carencias y contradicciones… para al final llegar a una “aporía”, es decir, a un callejón sin salida donde quede bien patente que esa seguridad que tenía el alumno en un comienzo en donde creía saber de qué estaba hablando era en realidad una ilusión. Esta forma no ya de emprender un camino hacia una definición concreta y satisfactoria de las cosas, sino más bien de eliminar lo incorrecto y superfluo, de mostrar las contradicciones, los prejuicios y cosas que se dan por supuestas y se tienen muy asumidas sin haber reflexionado previamente sobre ellas era su método. Un método reflejado una y otra vez por Platón de forma brillante en los diálogos socráticos y donde, sobre todo en los primeros: Apología, el Critón, el Laques, el Eutifrón, el Ión, el Lisis, el Cármides, el Gorgías, el Hipias menor, el Hipias mayor, y el Protágoras, sobre los que hay cierto consenso entre los estudiosos, son los que nos van a mostrar con más fidelidad, siempre de forma relativa, al Sócrates histórico… posteriormente Platón ya pondría mucha cosas de su cosecha y se convertiría en un filósofo de peso por méritos propios, pero eso es ya otra historia.



Solamente apuntar como nota final algo obvio, que en el caso de Sócrates, así como en el de cualquier filósofo del pasado, la explicación de las circunstancias de su vida y el contexto histórico son algo que tiene la mayor importancia, en ese aspecto el trabajo de Ramón Vilà es ejemplar, también me ha gustado mucho esa selección de obras recogidas en la parte de la bibliografía, donde se da prioridad a las obras en castellano y que todavía es posible buscar y adquirir, todo un detalle pasado por alto por demasiados autores y editores con habituales referencias a obras ya descatalogadas o en otros idiomas. Muy buen trabajo, una verdadera joya para leer y coleccionar.




“Platón considera poco significativo el éxito o el fracaso puntual de un gobernante, de la misma manera que no otorga valor al consenso o al pacto entre los ciudadanos. En el Estado platónico no hay lugar para la subjetividad ni necesidad de consenso. En él –ya no se pronuncian al unísono palabras tales como “mío” y lo “no mío”. Las contradicciones de clase, la subjetividad y el deseo han quedado superadas por la apelación a la Razón universal. El platonismo es, en definitiva, una propuesta para resolver conflicto mediante la apelación a principios universales. Que esos existan o no, y que la razón logre conocerlos, ha sido objeto de debate durante siglos, en filosofía y fuera de ella. Y seguramente seguirá siéndolo.”


Platón representa naturalmente una continuidad natural del trabajo anterior, cuando uno lee con atención este ensayo es cuando se da cuenta de que aquella frase de Alfred North Whitehead “Toda la filosofía occidental puede considerarse como anotaciones al margen de las obras de Platón” lejos de ser exagerada cobra todo su sentido. No existe ningún otro pensador de la antigüedad más vigente que Platón, sea para alabar su concepción de las cosas, de los temas que trató y su visión del sr humano, sea para considerarle una influencia perniciosa y atacarle… da igual, hay otros pensadores que uno puede eludir, a los que puede ignorar y no pasa absolutamente nada… pero no es el caso de Platón, nos guste o no.


Estamos ante el alumno más aventajado de Sócrates, con diferencia, y con el más brillante escritor de la antigüedad, al menos de aquellos de los que nos han llegado obras suficientes, que en el caso de Platón es casi todo lo que escribió. Menudo contraste entre el maestro que no escribió ni una sola línea porque despreciaba y desconfiaba de la palabra escrita, y el alumno, el mejor escritor filosófico de la antigüedad y una de las cimas de la lengua griega clásica. Todavía recuerdo una frase de la profesora de filosofía que tuve en el instituto cuando abordamos la filosofía platónica ante el gesto de desagrado de una compañera por ser “demasiado antiguo” – si hay un filósofo que sigue estando actual es Platón, si quieres considerar un carca a Aristóteles, bueno, pero no a Platón- , creo que en esa misma clase nos habló de su obra “El banquete” y las definiciones del amor que el filósofo da en ella… ya se sabe basta cualquier mención al tema del amor a unos adolescentes para que automáticamente las neuronas, debidamente estimuladas por el flujo hormonal, se pongan en marcha. De hecho alguna vez he comentado en alguna tertulia con amigos alguna de las cosas que comenta el filósofo en esa inmortal obra… y es que Platón da para mucho, muchísimo.


Me ha gustado especialmente este ensayo firmado por Ramón Alcoberro, porque trata de buscar un hilo conductor en una filosofía que parece hablar de casi todo y donde parece difícil encontrar un sentido general… no es así, Platón es fundamentalmente un filósofo político, preocupado más que nada por elaborar una teoría sobre el gobierno justo de una ciudad-estado, había vivido en su juventud el trauma de ver como los atenienses condenaban a muerte a su maestro Sócrates, el hombre que él consideraba el más justo y bueno de la ciudad y no sin motivos, ello le hizo renegar del sistema democrático para siempre, pero si el sistema democrático de la mayoría (de los ciudadanos con derecho a voto claro… mujeres, extranjeros y esclavos fuera por favor) daba unos resultados tan injustos y aberrantes, ¿cuál era el mejor sistema para gobernar a los hombres?... para llegar a eso faltaba mucho por decir y escribir. 

Donde en Sócrates teníamos a un sabio que paseaba sin parar por la ciudad preguntando e incordiando a los transeúntes con los que se cruzaba aquí tenemos todo lo contrario. A un brillante escritor y a un pedagogo centrado en enseñar a una élite. Platón fundó una escuela, la Academia, donde no entraba cualquiera. Tuvo siempre un punto en sus enseñanzas de elitista que no hubiera sido aceptado o visto bien por su maestro, pero para entonces Platón hacía mucho que era un pensador independiente, su base filosófica es naturalmente las enseñanzas de Sócrates, pero Platón fue mucho más allá.




Porque para llegar a dilucidar la teoría de lo que sería un estado ideal, teoría expuesta en su obra magna “La República” había mucho que decir, el alma humana y sus diferentes atributos, que quedarían reflejados en la misma estructura de esa ciudad ideal, el mundo de las ideas… algo completamente contrapuesto al saber sofístico de la época, y en definitiva sus preguntas sobre la posibilidad de alcanzar, o acercarnos al menos, al saber absoluto a unas definiciones perfectas sobre asuntos de vital importancia para la vida y la convivencia de los hombres, el ideal de la justicia, la bondad, la importancia de llevar una vida virtuosa, la relación entre el alma y el cuerpo, el aspecto de “reconocimiento” que anida en el aprendizaje de las cosas, el amor y sus diferentes aspectos y su papel como motor que nos lleva progresivamente hacia la idea suprema de la belleza y el bien… Platón imaginó un gobierno ideal gobernado por reyes filósofos que representaban el aspecto racional del alma, con un cuerpo de seguridad formado por soldados que representaba el lado pasional de esta y una base formada por productores donde se representaba el lado sensual del alma… nada de democracia pues, un sistema de gobierno que despreciaba y que ponía solo por encima del peor posible, el gobierno de un tirano.



El gobierno ideado por Platón el gobierno autoritario de una élite de gobernantes representada además por la figura del rey-filósofo lo que Platón consideraba ideal, sostenida además por una casta de militares y con la mayoría de la ciudadanía reducida al nivel de “productores”… ello ha dado lógicamente pie a considerar a Platón como un defensor de los fascismos y regímenes autoritarios, pero es algo injusto… ya que el gobierno imaginado por él a pesar de su carácter autoritario poco o nada tiene que ver con las habituales dictaduras, mezcla de tiranía y oligarquía, que forman el habitual cóctel dictatorial, un tirano sanguinario y caprichoso sostenido por el poder del miedo del ejército y la policía y también por las prebendas repartidas a una élite económica que hace caja en detrimento de la mayoría de los ciudadanos. Ese esquema lo vemos repetido en los dictadores africanos, latinoamericanos y asiáticos… y también sin ir más lejos todavía lo tenemos fresco en nuestra historia reciente. Un gobierno de ese tipo hubiera horrorizado al mismísimo Platón que proponía en cambio una especie de “dictadura inteligente” como bien hubiera expresado nuestro Miguel de Unamuno, aunque claro como cualquiera sabe los términos dictadura e inteligencia son bastante incompatibles.


El ensayo, igual que en el caso anterior, abunda en explicaciones históricas, claves del pensamiento del filósofo, esquemas, algún gráfico inclusive… se nota mucho el esfuerzo de intentar hacernos accesible el pensamiento platónico y conseguir que el lector se anime a intentar una lectura de sus obras. Evidentemente eso requerirá un esfuerzo para el que apenas se nos ha preparado aunque hay un punto que me ha gustado mucho del libro, la estructura de su diálogo más conocido “El Banquete”, parece que Ramón Berrueco ha pensado que este va a ser el ensayo elegido para comenzar a leer al filósofo y como su estructura es un tanto enrevesada nos proporciona un cuadro para que podamos hacernos una idea de su génesis y entenderlo mejor… todo un detalle, así como la atención mostrada a “La República” no solamente por su importancia sino probablemente porque sabe de sobra que será posiblemente el ensayo más leído.


Conclusión.
Dos obras interesantes, asequibles, bien editadas, merecedoras de una lectura atenta y que consiguen que el lector se “pique” con la filosofía del inmortal filósofo y se anime a acercarse a su obra de una forma más seria. En definitiva una joya en medio del batiburrillo habitual presente en los kioskos, llenos habitualmente de sensacionalismo y vulgaridad. Lo recomiendo.


Lo mejor: Dos ensayos poco menos que ideales para iniciarse en el pensamiento platónico y socrático, separando muy bien, dadas las circunstancias, aquello que pertenece a cada uno, con muchas explicaciones históricas, referencias a otras obras y otros pensadores, donde no solamente se muestran las ideas y el pensamiento sino que se le dan diferentes enfoques, se analiza y se van entresacando sus claves, no es una obra divulgativa semejante a lo que podríamos leer en la Wikipedia o en cualquier enciclopedia… va más allá y vale la pena como obra de referencia y punto de partida.


Lo peor: La extensión limitada a unas 150 páginas de cada ensayo en la colección es a la vez una ventaja, porque obliga al autor a “exprimir” al máximo el contenido y a purgarlo de información que no sea relevante, y a la vez una verdadera faena… porque queda claro que una inmersión más exhaustiva en el pensamiento de este filósofo excedería con mucho los límites impuestos por la publicación. Por ejemplo en el caso de Platón, se pone demasiado énfasis en sus ideas y se reducen al máximo sus datos biográficos, justo al contrario de lo mostrado en Sócrates, apenas se habla de sus peripecias como consejero de los tiranos de Siracusa y de otros temas. Aun así tengo que decir que el espacio queda muy bien aprovechado, el contenido es bastante completo, e invita a repasos y a interesantes segundas lecturas :-).




sábado, 25 de marzo de 2017

La poesía de los números

"Por supuesto, mi opinión no es imparcial, pero es que quiero a mi familia. Tengo mucha familia a la que querer. Pero el tamaño hace tiempo que dejó de ser nuestro rasgo definitorio. Nosotros nos vemos desde otro prisma: aquellos que son estudiosos, aquellos que prefieren el café al té, aquellos que nunca han plantado una flor, aquellos que todavía ríen en sueños... 

Como las obras literarias, las ideas matemáticas nos ayudan a ampliar nuestro círculo de empatías y nos liberan de la estrechez de miras y la tiranía del pensamiento único. Si sabemos mirarlos, los números hacen de nosotros mejores personas."



Ficha: "La poesía de los números", Daniel Tammet, Blackie Books, 277 páginas, ISBN: 978 84 16290 11 6

Publicado en 2.012, "La poesía de los números", publicado en original en inglés bajo el título Thinking in Numbers, o sea, "pensando en números", es el cuarto libro que lleva la firma de este curioso ensayista gran aficionado a las matemáticas, a los idiomas, la literatura, afincado en Francia desde el comienzo de esta década y volcado ya por completo en la profesión de escritor.

Como lector aprecio cada vez más los ensayos escritos por autores que no sean especialistas solamente en un determinado tema y que además repartan sus intereses tanto en temas de ciencia como en otros considerados "de letras", Daniel es un escritor que podríamos encuadrar sin problemas en este tipo de ensayista, que yo llamaría de "la tercera cultura". A diferencia de su anterior libro que comenté hace unos días, aquí lo tenemos más centrado en su historia personal, no estamos ante un libro autobiográfico como aquel memorable "Nacido en un día azul", pero tampoco es un libro de divulgación al uso, este ensayo no es más que una colección de pequeños capítulos de temática muy variada donde muestra una y otra vez la relación entre esas entidades abstractas omnipresentes por todas partes que conocemos como "números" a través de su representación simbólica de cifras, y la vida, la literatura, el tiempo, y cualquier otro aspecto que en principio parecería alejado del tema. Porque si pensamos en los números difícilmente podríamos asociarlos a temas como la poesía, la literatura, los proverbios, la fisiología del ser humano, la psicología... etc etc. Daniel se empeña en demostrarnos que más allá de esas entidades abstractas se encuentran hasta nuestros pensamientos más íntimos y que existe una relación entre los números y casi todo lo demás.

Evidentemente el hecho de poseer habilidades sinestésicas de forma innata le ha ayudado a ver el mundo de forma peculiar, para Daniel establecer relaciones entre las cantidades y las formas, los colores y las texturas de forma natural ha dado un enfoque a sus habilidades numéricas excepcionales que no se quedan en el mero cálculo. Aquí no estamos como en el libro anterior en terreno extraño... Daniel cuando habla de números y matemáticas pulsa fibras sensibles que anidan en su ser e intenta compartir el efecto con el lector. 

Hay por ejemplo un capítulo dedicado a su experiencia cuando batió el récord europeo de recitar cifras del número pi, 22.514 concretamente, en total unas cinco horas... para que nos hagamos una idea al final del libro hay varias páginas con las cifras. Este capítulo, que es uno de los mejores del libro, nos muestra una recreación de lo que fueron sus experiencias durante la prueba memorística, su dureza, los nervios y la sensación de soledad que le embargó durante la misma. Previamente nos habrá informado de las peculiaridades del número pi, yendo más allá de una mera descripción y reseña de tipo enciclopédico. Daniel ama las matemáticas, los números forman parte de su vida al igual que el idioma, o los idiomas que habla... por eso me he llevado una gran sorpresa cuando he leído en este ensayo por ejemplo que no soporta el álgebra, hace algunas alusiones a su fealdad, al uso de esas letras finales del alfabeto y a su comparación de las ecuaciones con "ruinas" que me han hecho sonreír, precisamente porque opino igual que él :-)


Capítulos como el dedicado al ajedrez donde relata una peculiar visión que él tiene de este juego donde el error, independientemente de nuestro nivel de juego, es el elemento primordial me han sorprendido gratamente. Otro capítulo, el llamado "Las cataratas del tiempo" me ha gustado también especialmente por su relato de algo que todos los que tenemos cierta edad conocemos ya de sobra, la lentitud con la que parece transcurrir el tiempo en nuestros primeros años de vida y ese derroche tumultuoso en que se convierte conforme vamos cumpliendo años. Los capítulos dedicados a la estadística también me ha gustado especialmente, pues esta rama de las matemáticas es tan apasionante como engañosa y seguramente es la especialidad matemática más presente en nuestra vida tras la aritmética. 

Capítulos dedicados a temas matemáticos... como el centrado en los números grandes y en el concepto del infinito, en el cero, o el que hace referencia a los proverbios y su relación con las tablas de multiplicar, o el que relaciona la poesía y los números... o aquel otro donde el mundo de las probabilidades se enlaza con la búsqueda de vida extraterrestre. Hay otros de aspectos más filosóficos o autobiográficos... como el dedicado a los copos de nieve, casi enteramente basado en una experiencia de hace años cuando estuvo en Canadá, o uno de carácter psicológico dedicado enteramente a su madre y cómo nos equivocamos  constantemente al intentar predecir el comportamiento de los demás, cómo nunca conocemos ni a nuestros seres más queridos y siempre creemos conocer una imagen o idea que solo existe en nuestra mente. 

Mi favorito de todos es uno titulado "contar hasta cuatro en islandés", en ese despliega sus particulares conocimientos de diferentes lenguas para llamar la atención de cómo el idioma refleja nuestra percepción del mundo, y porqué hay lenguas donde existen palabras diferentes para expresar los mismos números en función de a qué nos refiramos. Nunca había pensado en ello, nunca me había dado cuenta de cómo enumerar y agrupar en cifras deforma nuestra percepción de la realidad igualando aquello que se cuenta o enumera... algo seguramente admisible cuando hablamos de objetos inanimados, pero no tan inocente cuando por ejemplo enumeramos animales o personas. 

Lo mejor: Un ensayo muy ameno, se lee casi de un tirón, Daniel Tammet vuelve a demostrar que es un escritor notable, y que su singular percepción de las cosas le sigue sirviendo de inspiración prácticamente inagotable para hablar de casi todo. Me alegra mucho ver que no le abandonan las ideas, de que constantemente encuentra vínculos entre su querido mundo matemático y el resto de los aspectos de su existencia, y lo que es mejor, que sigue compartiendo esos pensamientos con nosotros. Un autor que replantea la forma de ver las frías cifras y los números, que muestra constantemente el vínculo entre las abstracciones matemáticas y el mundo del arte, los idiomas, la biología y cualquier otro tema que se le ocurra. Muy recomendable.

Lo peor: La irregularidad y la dispersión de temas, no siempre se atiene a la idea inicial y en ocasiones parece faltarle un poco la inspiración. Me gustaría verle emprender un ensayo más serio, y no este "picoteo" que más parece una recopilación de artículos diversos que una construcción premeditada. 


martes, 21 de marzo de 2017

Diario de un marine

"Mis experiencias en la guerra del Pacífico me han perseguido, y recordar esta historia ha supuesto una carga. Pero el tiempo cura y las pesadillas ya no me despiertan bañado en sudor frío con el corazón latiendo con fuerza y el pulso acelerado. Ahora puedo contar este relato, aunque resulte doloroso. Al escribirlo estoy cumpliendo con una obligación que he sentido durante mucho tiempo hacia mis camaradas de la 1ª División de marines, que sufrieron tanto por nuestro país. Ninguno salió indemne. Muchos entregaron sus vidas, muchos su salud, y algunos su cordura. Todos los que sobrevivieron recordarán durante mucho tiempo el horror que preferirían olvidar. Pero sufrieron y cumplieron con su deber para que su patria pudiera disfrutar de una paz que se pagó muy cara. Tenemos una deuda de gratitud con esos marines."






































Ficha:  "Diario de un marine", Eugene Bondurant Sledge, Editorial Planeta, 455 páginas, ISBN: 9788 408 081142

Recientemente he sentido mucho interés por el tema de la campaña del Pacífico en la Segunda Guerra Mundial, el hecho de haberme topado con unos cuantos vídeos en Youtube de recientes producciones para el cine y la televisión ambientadas en esta parte del conflicto mundial me llevaron a consultar en la biblioteca Regional el apartado de novela histórica… y allí me encontré con esta joya publicada en 1.981 de un tal E.B. Sledge, en él relata sus experiencias en primera persona como soldado integrante de la primera División de marines en la campaña del Pacífico, especialmente su participación en dos de las batallas más encarnizadas y sangrientas de las libradas en esa parte del mundo, la invasión del islote de Peleliu en el archipiélago de las Palaos y la posterior campaña de Okinawa en el archipiélago de las Riukyu.

Las vivencias relatadas en el libro constituyeron una de las bases principales para algún que otro documental sobre la guerra y también para la conocida serie de la HBO “The Pacific”, de hecho el mismo E.B. Sledge aparece en la misma como el personaje “Joseph Mazzello”, un apellido inventado a raíz de su apodo “mazo” con el que sus compañeros lo conocían.

Hay algo en este libro que no está presente en la mayoría de los ensayos sobre la guerra que ya conocía, en general se trata de obras escritas mucho después de la guerra por periodistas o estudiosos del tema que van recopilando información de las bibliotecas, periódicos y testimonios de sus participantes… y cuando hay alguna obra autobiográfica suele estar escrita casi siempre por algún alto mando, algún general o militar sin experiencia directa en el frente y que recopila testimonios de segunda o tercera mano. Aquí no, este es un relato cuya forma original lo constituyen una serie de notas manuscritas que Sledge iba anotando y guardando en su copia del Nuevo Testamento que llevaba en su equipaje. Los marines tenían prohibido llevar un diario con sus impresiones personales, pero eso no le impidió a Sledge ir dándole forma a uno. 

Comenzó a escribir tras la horrible experiencia de la batalla de Peleliu y prosiguió después una vez terminada la guerra. Estamos ante el testimonio excepcional de un soldado, nunca ascendió ni fue condecorado, sirvió en un pelotón de morteros casi siempre en primera línea. La adaptación de Sledge a la vida civil tras la guerra fue ejemplar, terminó en pocos años sus estudios y terminó doctorándose en biología y pasó su vida hasta la edad de jubilación impartiendo clases. Ya durante los momentos más duros de la lucha se dijo a sí mismo, esto lo recoge en el libro y lo ratifica su hijo en un documental, de que nunca perdería la cordura… de la misma forma que durante la campaña consiguió mantener íntegra su humanidad, y ello a pesar del odio, lo reconoce, que sentía por el enemigo… un odio compartido por el resto de sus compañeros y que resulta de lo más comprensible cuando se examinan los hechos y circunstancias de aquella guerra.


La campaña del Pacífico fue diferente y peculiar por muchos motivos, se trató de un enfrentamiento de carácter aeronaval y disperso en su mayor parte, en un escenario marino inmenso, donde por primera vez se realizaron operaciones anfibias a gran escala, no era una lucha en un territorio continental de grandes espacios como la campaña de la URSS, ni tampoco una lucha en el siempre complicado escenario de Europa Occidental o una guerra de movimientos en el desierto. Aquí una vez en tierra firme estábamos casi siempre en territorios pequeños, diminutos si los comparamos con los escenarios de la guerra en las estepas rusas, pero donde la guerra se concentró y desplegó todo un arco iris de sus más crueles y refinados horrores. Cuando vemos cómo en el escenario europeo el ejército alemán capturó a más de un millón de soldados rusos en 1.941, o que los aliados hicieron más de 300.000 prisioneros alemanes en Túnez… y se compara con lo vivido en el Pacífico, uno solo puede pensar “qué suerte que los aliados en África y los alemanes en Rusia no hubieran luchado contra los japoneses”.


Japón era un mundo aparte, una nación imperialista y militarista, con una concepción de la vida y la muerte diferente de la existente en Europa o América (incluso reconociendo las grandes diferencias entre las distintas naciones), con un código de honor rígido y claro, la muerte siempre es preferible al deshonor de ser tomado prisionero, el mero hecho de servir como soldado suponía un juramento sagrado ante su país, su familia y sus antepasados… y romper ese juramento y caer en la ignominia era un destino mucho peor que la muerte. Esta se glorificaba y se tenía como el más alto honor si acaecía en combate por la patria… el soldado japonés era duro, disciplinado, soportaba sufrimientos con un verdadero estoicismo y ni solicitaba clemencia al enemigo ni tampoco él mismo mostraba en general la más mínima compasión, estaba muy bien entrenado y era valiente hasta extremos suicidas.


La rendición en general no era una opción, había que vencer o morir matando. Esa mentalidad fue usada a conciencia por los militares nipones durante la guerra, hubo un punto en el que cambió la estrategia en el planteamiento de las campañas cuando tras las batallas de Midway, Mar del Coral y sobre todo Guadalcanal y Saipán, a partir de 1.943 quedó muy claro que se había perdido para siempre la iniciativa en la guerra aeronaval. La derrota era ya solo cuestión de tiempo debido a la potencia industrial y económica de los norteamericanos, de modo que solo les quedaba jugar una carta, la de la guerra de desgaste… había que olvidarse de lanzar ofensivas, de cargas estilo “banzai” de indudable estilo samurai, atrincherarse de la forma más efectiva e ingeniosa posible y resistir hasta la muerte. Solamente así, a base de perder batallas y ceder terreno, pero a cambio de someter al enemigo a un fuerte desgaste psicológico, de vidas humanas y materiales, podían aspirar a vencer consiguiendo que los EEUU se dieran por vencidos y entablaran negociaciones convencidos de que aquello ya no valía la pena.




No está claro exactamente cuando tuvo lugar ese “giro” en la estrategia, pero ese fue el enemigo al que Sledge y sus compañeros se tuvieron que enfrentar, no al que en Guadalcanal y otros lugares se había lanzado con valor suicida hacia las posiciones enemigas, en general para ser masacrado con eficacia, sino otro muy diferente, siempre oculto, experto en utilizar la artillería y los francotiradores de la forma más eficiente, aficionado a las incursiones y emboscadas nocturnas, y que sometía al adversario a una continua guerra de nervios. Un enemigo que se obstinaba en rendirse, al que había que bombardear, quemar y enterrar en sus cuevas y trincheras, al que en pocas ocasiones se le hacían prisioneros y que tampoco solía hacerlos. Un enemigo feroz sin consideraciones humanitarias de ninguna clase, que se ensañaba con cadáveres y heridos, que solía disparar contra los sanitarios y tender emboscadas hiriendo a un soldado sin matarle solo para dar caza a los voluntarios enviados a su rescate. Los marines tampoco eran ningunos angelitos, la “caza” de souvenirs de enemigos caídos, muertos y en ocasiones agonizantes, en busca de dientes chapados en oro, era de lo más frecuente. Sin embargo en general como muy bien relata Sledge, había como una especie de barrera en torno al odio que pocos se atrevían a traspasar, y que en el lado contrario era más fácilmente atravesada… desde luego que por brutal que fuese el trato, era mejor caer prisionero de los marines que caer prisionero en manos de sus adversarios de ojos rasgados.


Aunque el desequilibrio material era ya tremendo a favor de los norteamericanos en el momento en que E. B. Sledge entró en combate, al final había que batir al contrario sobre el terreno y exponerse a sus armas, no había otro remedio, y por muchos barcos, cañones, aviones y bombas al final era el soldado de infantería el que tenía que jugarse el pellejo y sufrir las mil y una calamidades descritas por el autor de esta narración. Las dos campañas que describe en el relato tienen eso en común, las proporciones de ambas fueron muy distintas, pero al final eran los soldados de a pie los que tenían que terminar el trabajo, ensuciarse, fatigarse y jugarse la vida. Daba igual el número de buques, aviones, camiones, lanchas anfibias y bombas que interviniesen en la lucha, es el soldado de infantería, el pringado de toda la vida vamos, el que tiene que asomarse a la cueva para ver si queda alguien dentro dispuesto a volarle la cabeza de un disparo.


E.B. Sledge fue un hombre muy afortunado al sobrevivir a aquello, hacerlo sin secuelas físicas y reponerse del trauma psicológico de forma ejemplar, más aún al hecho de haber sabido enfrentarse a sus demonios en forma de recuerdos de pesadilla y ponerlo por escrito… pero no cabe duda de que hubiera sido aún mucho más afortunado de no haber tenido que pasar por la experiencia que relata en su libro. Ese compromiso adquirido con aquellos que no sobrevivieron, salvo en su recuerdo y en el de sus familias, y esa sensación de extrañeza y distanciamiento ante la vida que vivió posteriormente, ese antes y ese después, impregnan el relato de su historia… solamente quien ha vivido algo semejante puede hacerse una ligera idea, por muy detalladas y truculentas que sean en ocasiones sus descripciones la realidad es sin duda alguna infinitamente más variada, sucia y compleja que cualquier relato. Sin embargo el ex marine hace cuanto puede para que el lector se ponga, o haga un intento de hacerlo, en su piel y la de sus compañeros. 

La atmósfera de tensión, los miedos, las fatigas, la suciedad, las mil y una incomodidades, la importancia de cosas tan nimias y sencillas que nos rodean en nuestra vida cotidiana y que constituyen lujos impensables para un soldado en campaña, la angustia de ver que aquello se prolonga y no parece terminarse nunca, la densidad de esas horas interminables pasadas soportando el fuego enemigo, el castigo a tu sistema nervioso, el horror y todo el arco iris posible del mismo quedan muy bien reflejados en esta obra… y no se trata de la imaginación truculenta y morbosa de un escritor de fantasía, son recuerdos de hechos acaecidos en el mundo real, vividos, soñados en pesadillas, y reflejados por un escritor excepcional. Este es un libro escrito literalmente con sangre, sudor y lágrimas por alguien que vivió toda su vida con una deuda de gratitud hacia aquellos que ya no podían contar aquella historia.


No ha sido una lectura más, he devorado estas páginas con ansiedad, el libro consigue transmitirte perfectamente esa sensación de un pasaporte al infierno… un ejemplo: para aquellos que hayan visto la excelente miniserie “The Pacific”, recordarán perfectamente esa escena en la que los infantes de marina aguardan el momento en que su buque de desembarco anfibio se ponga en movimiento rumbo a las costas del islote de Peleliu, la serie capta perfectamente el momento en que la puerta del barco se abre y vomita hacia el mar el vehículo cargado hasta los topes con los soldados y sus equipos, y cómo la luz del sol entra a raudales y muestra el dantesco espectáculo de una isla que más bien parece un volcán en erupción emergiendo del agua en medio de violentas explosiones… la visión perfecta del infierno hacia el que se dirigen ¿podría alguien aguantar la impresión sin mearse en los pantalones?... solo el hecho de que el protagonista haya pasado previamente por el retrete del barco evita que se haga sus necesidades encima… esa escena, entre otras muchas del libro, está recreada muy bien en la serie, aunque afortunadamente para la sensibilidad y el estómago de los espectadores hay mucho del libro que no aparece. 

Y no solamente en el libro, es que en este el propio protagonista quitó bastante “material”, teniendo en cuenta todo lo que describe uno casi le da las gracias, porque repito, lo que describe E.B. Sledge en este libro no es el fruto de la calenturienta imaginación de un morboso escritor de terror, cualquier novela del Sr. King o de Clive Barker es una nana para dormir niños comparado con lo que este autor muestra y sugiere, de verdad no sé de qué pasta estaba hecho el escritor americano para no terminar metido en una camisa de fuerza. Esta novela fue escrita a lo largo de un periodo muy dilatado de tiempo y reunida a base de recopilar notas dispersas que en un principio solo estaban destinadas a su familia… de ahí el tiempo que tardó en publicarse.


Peleliu.
El asalto a esta pequeña isla coralina de solamente trece kilómetros de superficie fue el particular bautismo de fuego de E.B. Sledge, no podía haber empezado en una batalla más encarnizada, y sinsentido. La toma de la isla fue exigida por Mc Artur para proteger su retaguardia y flanco derecho a la hora de avanzar hacia las Filipinas, posteriormente se demostró como completamente inútil, hubiera bastado con dejar aislada a la guarnición, tal y como se hizo con numerosas islas ocupadas por los japoneses, para evitar la matanza… pero claro, las fuerzas que atacaron el aeródromo y la guarnición japonesa no formaban parte del cuerpo principal del “general estrella” de la Guerra del Pacífico, la buena visión estratégica y la cautela que le acompañaron en sus campañas parece que dejaron de importarle en lo relativo a esta operación, no eran soldados a su mando después de todo.



La batalla duró diez semanas, en lugar de los cuatro días previstos, y se llevó por delante más de ocho mil bajas americanas. La primera división de marines fue duramente castigada, Sledge pasó allí el primer mes de lucha viviendo una pesadilla. Es una de las menos conocida de la campaña del Pacífico y en su momento los analistas militares y supervivientes de la misma coincidieron en que fue una de las peores. Su nombre ni siquiera figura en muchos libros de historia. Allí E.B. Sledge perdió a unos cuantos amigos y constituyó un antes y un después que lo marcó para siempre:

"Incluso en medio de estos rápidos acontecimientos, bajé la mirada hacia mi carabina con sobria reflexión. Acababa de matar a un hombre a quemarropa. Me impresionó ver el dolor reflejado en su rostro con claridad cuando mis balas le alcanzaron. De pronto la guerra se convirtió en un asunto muy personal. La expresión de la cara de aquel hombre me llenó de vergüenza y luego de indignación ante la guerra y todo el sufrimiento que estaba causando".

Aquí tenéis un enlace a un documental alojado en Youtube con una descripción detallada de la batalla, donde también interviene el hijo de E.B. Sledge y se muestran frases sacadas de este libro.




Okinawa.
Si el infierno de Peleliu parecía imposible de superar tal cosa terminó ocurriendo. Al igual que en el caso anterior, con Okinawa se ha puesto en tela de juicio su necesidad… cuando tuvo lugar estaban ya proyectadas las pruebas con bombas atómicas en el desierto de Nuevo México, la batalla fue el preparativo inicial de la proyectada embestida sobre Japón. Al final los bombardeos atómicos sobre Hiroshima y Nagasaki evitaron que se continuara con la invasión al provocar la rendición incondicional de Japón pocas semanas tras la finalización de lo que parecía una sangría interminable. He escuchado y leído muchas veces el argumento de que los bombardeos atómicos fueron innecesarios, de que Japón estaba derrotado y que aquello fue más una advertencia a la URSS que una verdadera necesidad… tonterías, Japón estaba derrotado pero se negaba obstinadamente a rendirse, hay una gran diferencia. Murió más gente en Okinawa si sumamos las bajas de ambos bandos más los civiles de la isla, que a consecuencia de las dos bombas atómicas, estas terminaron ahorrando vidas tanto de norteamericanos, el argumento principal, como de japoneses. El final hubiera sido el mismo pero la guerra se hubiera prolongado durante 1.945 y seguramente parte del año siguiente y hubiera terminado siendo más mortífera aún. Fue un caso particular y único en la historia en el que una atrocidad y un crimen, se mire como se mire el bombardeo atómico fue eso, evitaron atrocidades y crímenes aún mayores.




No se luchó en las playas en Okinawa, los japoneses se retiraron a posiciones fortificadas del sur de la isla y desde allí defendieron cada metro cuadrado de terreno con una ferocidad e ingenio sin igual. Fue una guerra sucia, sin compasión ni cuartel de ningún tipo, por parte de dos bandos que formaban parte de culturas, razas y civilizaciones muy distintas. Si quedaba algún rincón por golpear y conmocionar en el alma de este joven veterano soldado ya tras Okinawa no quedó nada intacto. Su descripción de los horrores del combate y la muerte que le rodeaba vuelven a estremecer aún más si cabe. En este caso su experiencia de batalla le salvó la vida en más de una ocasión, y también una tremenda suerte. Lo más curioso, y lo que realmente lo hace grande, es que no perdiese ni la cordura ni la humanidad… y no le resultó fácil.

Conclusión.

La guerra es completamente desmitificada en este “Diario de un marine”, sin embargo, E.B. Sledge está muy lejos de poder considerarse lo que hoy llamaríamos un “pacifista”. Naturalmente que expresa el deseo que nadie tenga que volver a pasar por un calvario semejante, nos muestra una y otra vez el lado cruel, sucio e inhumano de la guerra como fuente de todas las calamidades, pero en ningún momento leeremos crítica alguna hacia el gobierno de su país. 




Sledge fue siempre un soldado leal que desarrolló una gran devoción por el arma de marines, la división y el batallón donde sirvió. Estuvo siempre orgulloso de haber participado en la guerra en el cuerpo de marines y guardó un gran afecto de por vida hacia sus camaradas supervivientes. Hay que tener en cuenta las circunstancias de su participación en la guerra. Un conflicto en el que el entonces imperio japonés atacó por sorpresa y sin declaración previa de guerra, llevándose por delante la vida de más de dos mil quinientos soldados y marinos norteamericanos… de hecho Sledge pudo muy bien haber evitado el participar en la guerra en una unidad de combate en el frente, estuvo un año en una academia de oficiales y suspendió el examen a posta, tal y como hicieron muchos otros, para ser destinado como soldado raso a una unidad de combate. En el libro nunca expresa arrepentimiento por ello… pero por lo que cuenta en él, albergo serias dudas de que de saber lo que le esperaba hubiera actuado de la misma forma. En definitiva la guerra es horrible pero en ocasiones, según su opinión, es un mal necesario. No puedo reprocharle nada a una mentalidad hija de su tiempo, hay que dar gracias porque mi generación, así como la de mis padres (aunque no la de mis abuelos) no conocieron la guerra.


Lo mejor:  Un relato magníficamente escrito, uno de esos libros que simplemente no puedes dejar de leer, muy equilibrado en su estilo, sin vulgaridades ni palabras soeces... pero lleno de tristeza, emoción, imágenes impactantes, mensajes antimilitaristas pero a su vez elogiosos del buen hacer de unos militares profesionales, el cuerpo de marines, que soportaron un tremendo peso sobre sus espaldas en un conflicto despiadado y brutal como pocos. E. B. Sledge fue un ser humano excepcional en muchos sentidos y este excelente libro da fe de ello.


Lo peor: Aunque el autor proclama desde su prólogo que este libro no se constituye únicamente con su experiencia, la verdad es que siempre muestra una visión algo estrecha y reducida a aquello que él puede recordar y sobre lo vivido en primera persona, con lo bueno que tiene al hacernos partícipes de su experiencia, pensamientos y sentimientos sobre muchas cosas... pero nunca nos va a ofrecer una amplia visión de las campañas descritas ni tampoco sobre aquel conflicto de forma global. Aquellos que busquen información más completa y detallada tendrán que hacerlo en otra parte. El patriotismo que exhibe E.B. Sledge parece un poco trasnochado... aunque sin duda alguna que sus palabras respecto al mismo son siempre extremadamente sinceras, hay que recordar que estamos hablando siempre de un hombre de otra época.