sábado, 17 de junio de 2017

Juegue primero, piense después

"Muchos libros de ajedrez están escritos en el mismo tono pedante que usa aquí el entrenador. Ellos están basados en la idea de que no se deberían ensayar jugadas al azar, sino que previamente habría que echar una buena mirada a las características de la posición, tratar de trazar un plan más general sobre tales bases y solo después procurar un resultado concreto a nivel de una jugada real.
Eso carece de sentido.
Ningún jugador de ajedrez piensa así, nadie ha aprendido a jugar ajedrez pensando de esta manera y ni siquiera lo hacen los entrenadores ni los autores de libros de ajedrez"


Ficha: "Juegue primero, piense después. Sentidos y sinsentidos del progreso en ajedrez", Willy Hendriks, editorial La Casa del Ajedrez, 210 páginas, ISBN: 9788 492 517 862






























Notas personales.
Los aficionados al noble juego del ajedrez somos sin duda alguna unos bichos raros, aunque no más que los lectores en épocas pasadas, pensémoslo bien, en un mundo donde más del noventa por ciento de las personas eran analfabetas ¿qué impresión debían causar aquellos que eran capaces de leer?, mirar un pergamino o una hoja de papel sobre la que se habían grabado una serie de marcas semejantes a líneas de hormigas correteando por el suelo y poder captar las palabras y pensamientos de alguien que grabó esas marcas ilegibles... debía parecer cosa de magia, y no es extraño el sentimiento de fascinación y reverencia que debían sentir los iletrados por los "eruditos" que simplemente sabían leer esos signos. Es como si en el cerebro de un lector existiese un pequeño departamento especializado en esta tarea que está ausente en un analfabeto... bueno pues con un jugador de ajedrez sucede lo mismo.

Para un profano en el juego ver un tablero con una serie de figuritas ocupando determinadas casillas debe producir una sensación semejante, puede seguramente captar el sentido estético de la ordenación, color y matices de las mismas, algo semejante a la sensación de un occidental contemplando la escritura china o japonesa, se puede apreciar la belleza de los trazos o el conjunto... pero del significado ni idea, daría lo mismo que los mismos expresaran un hermoso poema que una receta de cocina.

Un jugador de ajedrez no puede mirar de la misma forma una posición de piezas en un tablero, estas cobran vida en nuestro cerebro, vemos saltar los caballos y apoderarse de distintas posiciones, a los alfiles discurrir por las diagonales, amenazando con capturar piezas enemigas, a las torres buscar las columnas abiertas y disponerse en las mismas como los cañones en el campo de batalla, a la dama moverse y amenazar diferentes jugadas, pero también ver el riesgo de quedar atrapada, al caballo sufrir en una esquina o en el flanco como si estuviera encerrado en una cuadra... y que decir del rey, verdadero centro de gravedad en una partida, y esa sensación de verlo tranquilo y seguro en su fortaleza, o bien, expuesto a las amenazas del contrario pueden dejarnos indiferentes, o bien, encender nuestra fantasía imaginando como darle mate... en el tablero solo son figuritas de madera y plástico reposando sobre determinados escaques, en nuestra mente están vivas, se mueven sin parar, amenazan ser capturadas y a su vez amenazan capturar... es otro mundo en definitiva. Hay una parte en nuestro cerebro que permanece generalmente dormida y que se activa al jugar, al imaginar una partida o visualizar cualquier posición de ajedrez en cualquier publicación.

De cara al aprendizaje del ajedrez queda por dilucidar la cuestión de si son de utilidad los libros que se han escrito sobre el mismo, y hasta qué punto pueden ayudarnos a mejorar nuestro nivel. Sobre eso precisamente versa este ensayo.


Los libros de ajedrez.
Si alguien tiene la curiosidad de hacer clic en la etiqueta "ajedrez" de este blog se encontrará con trece o catorce entradas, sin incluir esta, que además corresponden a un número mayor de libros... y eso no es nada, mi afición por los libros de ajedrez nació paralela a mi afición por el juego, y creo que no soy el único aunque desde luego me he encontrado a buenos aficionados y jugadores que prácticamente no han abierto nunca un libro. Entre los jugadores más famosos y conocidos es curioso el caso de Julio Granda que afirma que salvo uno de Grau, nunca ha leído ninguno... y se encuentra a un paso de los 2.700 ELO a pesar de sus cincuenta años de edad. Este sería el caso más extremo que conozco de jugador práctico, con gran talento eso sí, que se limita a jugar, estudiar problemas y revisar boletines de partidas. Sin llegar a este extremo habría que pensar si alguien alguna vez ha conseguido alcanzar un nivel decente sin jugar demasiadas partidas atiborrándose únicamente de teoría, aunque me temo que tal caso no se ha dado nunca.

El ajedrez se aprende fundamentalmente jugándolo. Sin embargo aunque la teoría y el estudio pueden ayudar mucho, especialmente en el campo de las aperturas y finales, hay un exceso evidente en el número de títulos que tratan de "ayudar" al jugador a elevar su nivel, y no todos son buenos. Seguramente ningún juego concentra tal cantidad de títulos... y tal cantidad de paja inservible. Interesante no obstante como lectura de evasión, ¿por qué no?, de la misma forma que hay quien lee ensayos de autoayuda porque los encuentra estimulantes y reconfortantes, aunque reconozca que en poco o nada le han ayudado en la vida. Teniendo claro esto último ya entramos en el resbaladizo y subjetivo mundo de los gustos, allá cada cual, pero el problema viene cuando uno se cree tanto la autoayuda psicológica como la ajedrecística.



Juegue primero, piense después.
Willy Hendriks es un maestro FIDE holandés que en 2.012 publicó este ensayo que en cierta forma conmocionó el mundillo de las publicaciones de ajedrez, la federación británica le otorgó el premio del "libro del año" y este año 2.017 ha sido publicado por primera vez en castellano por la editorial La Casa del Ajedrez, a estas alturas la editorial que se mantiene más activa en nuestra lengua, es de agradecer entre tanto título en inglés. Tras haber comprado tantos libros a lo largo de los años, muchas veces acaparados sin sentido, otras veces donados sin haber sido leídos completamente, y también relegados al olvido del último rincón de mi biblioteca, me había propuesto no volver a comprar ningún título de ajedrez, nunca más... también me influye el hecho de que internet, y especialmente a través del portal Youtube está cada vez más lleno de vídeos sobre la enseñanza de ajedrez, comentarios en vivo de partidas rápidas, y mucho material de la calidad más diversa, y sobre todo gratuito. No creo que quede a estas alturas ningún buen aficionado que no conozca el canal de Chess24 y los análisis de Pepe Cuenca, David Antón o los excelentes comentaristas y pedagogos que son Luis Fernández Siles y Michael Rahal. Hay material de sobra y de muy buena calidad... ni siquiera el estudio de posiciones y problemas, pieza importante de la preparación ajedrecística, se salva de la quema, pues hay varias páginas web donde se puede entrenar casi de todo. Estamos en la era de lo audiovisual y parece que el libro de ajedrez tiene los días contados.


Sin embargo no siempre fue así, y hasta hace poco tiempo, el libro de ajedrez se consideraba una pieza casi insustituible, de hecho todavía son muy utilizados, especialmente los monográficos sobre aperturas, por los jugadores fuertes y los profesionales. Sin embargo hay un tipo especial de libro sobre ajedrez, pariente próximo del libro de psicología y autoayuda antes mencionado, y que parece tener el mismo efecto sobre el lector, es decir, promete ayudar y elevar el nivel del aficionado que lo lee y en la práctica no solamente no sucede así, sino que puede incluso proporcionar información falsa o cuando menos confusa, es un tipo de libro que casi mejor que no se le haga demasiado caso, especialmente si el lector es un jugador principiante... aunque esté en ocasiones dirigido precisamente a él. Hendriks en su ensayo se centra en este tipo de libros, pone en el centro de la diana a un conocido autor como Jeremy Silman, pero realmente hay muchos más como él.

El problema que ve el autor holandés en este tipo de manuales es que tergiversan completamente la realidad del aprendizaje y la progresión en el juego, ni más ni menos, usan y abusan de términos generales que solo son aplicables en casos muy concretos, y más que aclarar conceptos y servir de ayuda a un jugador en el momento en que se enfrenta a un rival con la presión del reloj corriendo tienden a servir para todo lo contrario, solo lo confunden y hacen que pueda adquirir el vicio de pensar en generalidades y eludir el cálculo concreto de la posición que tiene precisamente delante de sus ojos. Consejos gratuitos como "contra un ataque en un ala es una buena medida un contraataque en el centro", o "quien tiene la iniciativa debe luchar por mantenerla so pena de perderla" ... consejos con la misma cantidad de casos donde resultan ser ciertos que casos donde resulta incluso nocivo tenerlos en cuenta y que más se asemejan a las predicciones de un horóscopo que a verdaderos consejos útiles.

Hendriks no duda de la buena fe de los autores de dichos libros, el problema es que no atacan de raíz el verdadero asunto del aprendizaje en el ajedrez... de modo que en vez de dorar la píldora a aquellos autores consagrados e intocables, vacas sagradas como Silman o Kotov, por poner un ejemplo, se lanza a pegar una buena patada en el avispero y a proclamar que en efecto "el emperador está desnudo"... algo que cualquiera que se aproxime al juego ya sabe, es decir que el pensamiento sistemático está muy bien para el proceso de aprendizaje antes de jugar pero que en la práctica, cuando te enfrentas a un rival, es la intuición y el cálculo donde se ve y se calcula en abstracto antes que verbalizar análisis alguno de la posición. Todas esas explicaciones, toda esa psicología de todo a 100 y esa verborrea que impregna tantos libros de ajedrez NO SIRVE DE NADA, es puro ruido, al final es simple basura porque siempre se produce a posteriori, nunca en el momento de jugar una partida viva... eso sí, nos sirve para explicar el porqué se tomaron ciertas decisiones y tratar de hacer comprensible algo que en principio solo se captó de forma intuitiva y abstracta y que no hay más remedio que hacer pasar por el tamiz, siempre distorsionador, del lenguaje a la hora de explicarlo... vamos que ni siquiera así estamos siendo fieles a la verdad, y es que NO PENSAMOS VERBALMENTE cuando jugamos al ajedrez, y si alguien lo hace ¡mi más sincera enhorabuena!.

El camino a la inversa, partir de consideraciones generales, incluso explicaciones psicológicas tan queridas a muchos autores, algunos tan buenos como Rowson o Aagaard que escriben formidables análisis de partidas, no se suele realizar casi nunca. Hendriks nos viene a decir que es mejor no disponer de un bastón para apoyarnos que hacerlo en uno de madera podrida. Yo añadiría que el lector aficionado al ajedrez puede simplemente disfrutar de esas obras ajedrecísticas tal y como disfrutaría de una novela de ficción... y si no que alguien me diga que de verdad que en una partida real recordó alguna de sus historias, consejos y toda la literatura con que se suelen acompañar a los análisis de partidas y sus consejos y que le vinieron al pelo :-D.

Este libro tiene una virtud, te hace abrir los ojos sobre todo lo escrito hasta ahora en ajedrez, hay autores que no dejan que te hagas ilusiones, te dejan bien claro que el ajedrez es difícil, extremadamente difícil, y que no existe atajo alguno que sustituya al entrenamiento duro y sistemático trabajando con posiciones de test, jugando y analizando posteriormente partidas y analizando jugadas y posiciones de apertura, "sacando músculo" como se podría expresar, trabajando ese músculo ajedrecístico que anida en el cerebro de los jugadores y que los aficionados lo tenemos atrofiado y los maestros, a fuerza de jugar miles de partidas y miles de horas analizando y realizando cálculos ya luce en buena forma.

Autores como Antonio Gude o John Nunn por ejemplo son de lo mejor, en sus libros vamos a leer continuamente una exhortación a trabajar, a darnos cuenta que nada sustituye a la práctica y mucho menos al cálculo, proporcionando además numerosos ejercicios para el entrenamiento. Destaco aquí al prolífico Cyrus Lakdawala y a Zenón Franco Ocampos que han creado un estilo propio del libro-ejercicio muy interesante. Otros autores, como los mencionados Jacob Aagaard y Jonathan Rowson, por cierto del que tengo un libro comentado aquí, que publican brillantes análisis de partidas se mueven ya en un terreno demasiado especulativo. Tras leer a Hendriks por ejemplo cogí el "Manual de Ataque 1" de Jacob Aagaard y leyendo los comentarios de muchas jugadas, bueno es que simplemente me daba la risa, y pensaba "Jacob es que no te lo crees ni tu"... lo dicho, psicología barata, de la de todo a 100, aunque haya sido escrita por un gran jugador y buen escritor :-).

Volviendo al ensayo de Hendriks, ha sido una lectura sorprendentemente sencilla y estimulante, plena de sentido común, donde se incide una y otra vez la enorme laguna de conocimiento que tenemos en relación a la forma en que nuestro cerebro aprende, el ajedrez es una herramienta especialmente valiosa para teorías pedagógicas y de aprendizaje, un campo de pruebas sencillamente fantástico. Tras leerlo y ver el "repaso" que le da a algunos autores, especialmente al mencionado Silman, entré en la página web de este último y pude leer el comentario que el maestro y pedagogo americano hacía de este libro... y bueno, no encajó demasiado bien el golpe, Hendriks hace mención a ello en el epílogo redactado a propósito de la traducción española... algo de verdad y fundamento tendrán sus críticas cuando el otro autor malinterpreta, por supuesto a propósito ya que de tonto no tiene un pelo, al maestro holandés calificándolo a su vez de forma indirecta de charlatán vendedor de crecepelo. Precisamente si algo hace Hendriks en su libro, aunque una lectura superficial (de la portada y las tapas, no más), es combatir la idea de que hay un camino fácil en el ajedrez. Uno a uno rebate muchos de los tópicos que se han escrito sobre el ajedrez y el estado psicológico del jugador... por ejemplo esto es lo que tiene que decir respecto a lo que algunos autores califican de "momentos críticos":

"En posiciones complicadas debería ser más fácil cometer un grave error, pero aún un error más pequeño en una posición simple podría dejarle asimismo sin perspectivas. De modo que nos encontramos constantemente en un serio nivel de amenazas. Esto suena un poco deprimente, pero un ligero consuelo puede ser el hecho de que nuestros oponentes se encuentren en la misma barca. Pienso que se puede aprender de los errores. Pero aquello que se puede aprender no es algún mecanismo para prever momentos críticos en futuras partidas. Estos momentos no obedecen a ninguna suerte de protocolo que procure encuadrarlos en una alternancia de picos seguidos de un período de relax. De modo que haría bien en no desarrollar una sensibilidad para esos momentos especiales ¡Manténgase todo el tiempo alerta!."

Lo mejor: Entretenido, lleno de ironía, suscribo los comentarios de algunos maestros y autores que lo han calificado de enormemente divertido, vaya si lo es. También es muy instructivo, viene lleno de posiciones de ejemplo que ilustran los fragmentos de partidas que incluye, es decir que también tiene su valor práctico. Fenomenales todas esas críticas a otros autores, y cómo se constata (y esto no lo había dicho nadie antes que yo sepa), cómo un juego que se presta tanto a ser tratado usando el método científico, en tantas ocasiones la ausencia de dicho método en la enseñanza del mismo es más que notoria.

En definitiva uno de esos libros imprescindibles que no pueden faltar de una biblioteca de un aficionado serio, no ya al ajedrez en sí en la faceta de práctica, sino al ajedrez en general, a su historia, su aprendizaje y por supuesto a los que buscan un trabajo que les haga progresar, o que al menos, les indique el buen camino, y este en mi modesta opinión lo hace a su manera.

Lo peor: Lo fácilmente que puede ser malinterpretado y menospreciado de forma superficial, el título sensacionalista parece indicar que estamos ante un libro que vende una "receta fácil" y que incita a no pensar, cuando es justamente todo lo contrario.

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