jueves, 22 de junio de 2017

Roba este libro

"Así que aquí lo tienen, ya está, no sigan insistiendo, basta de amenazas, veladas o indirectas, el libro es suyo. Muchos se sorprenderán de la variedad de ladrones, de la facilidad de algunos robos, de la magnitud de otros, de la complejidad de este mundo de libros robados, prestados y no devueltos, mutilados, desaparecidos, plagiados. Esperamos que estos conocimientos no inciten al lector a robar, desde luego no es ése el objetivo; no pretendemos procurar información para que nuevos robos se cometan, ni informar con afán proselitista de las escasas consecuencias sufridas, tan a menudo por la mayoría de los ladrones".


Ficha: "Roba este libro", Miguel Albero Suárez, Abada Editores, 284 páginas, ISBN: 978 84 416 160754
































Me encantan los libros, cada vez más me parezco al loco ese del chiste que le gustaban tanto las tortillas de patatas que tenía armarios llenos :-). Con este libro me pasó lo que imagino que a cualquiera que le haya echado un vistazo, me chocó tanto el título que no pude evitar llevármelo a casa, en préstamo eso sí, y por aquí rueda en espera del momento de devolverlo, o no, a la biblioteca. Si el mandato imperativo hubiera sido "lee este libro", hubiera pensado inmediatamente "anda y que te den", ni lo hubiera abierto, pero ante la incitación al robo... bueno, por lo menos a ver de que va ;-)

Hay seguramente un motivo doble que llevó a Miguel Albero a escribir este ensayo, por un lado y tal como nos cuenta en el prólogo tenía mucho material sobrante de otro ensayo anterior sobre los libros, en el que había reunido mucha o material relativo al capítulo del robo de libros que no había tenido cabida en él... y otro sin duda la percepción que tenemos demasiadas veces del robo de libros, o bien porque pensamos que nadie los roba, o bien, porque de alguna forma creemos que quien lo hace simplemente lleva una afición demasiado lejos. Circula por Internet una imagen-chorra, una de tantas, dedicada a una librería creo que en un país árabe en la que un librero deja su mercancía en la calle por la noche sin miedo a que la sustraigan, lo cual no se si se debe a la honradez de sus paisanos, al desinterés de los mismos por los libros o al miedo al castigo que saben que le espera al que pillen echándole el guante a alguno con fines delictivos.

Alguna otra he visto con el titulillo "nadie roba libros"... mentira cochina. Lo que si existe en cambio es una sensación de permisividad con el ladrón de libros que no existe con el ladrón de otras mercancías. Y lo digo con conocimiento de causa, porque ¿existe algún espíritu cándido y generoso amante de los libros al que no le hayan robado alguno por el simple procedimiento de no devolver lo prestado?. Bueno en este caso, tal y como he aprendido en el ensayo de Miguel Albero, no se trataría de un robo, ni siquiera de un hurto, sino de una "apropiación indebida". Se llame como se llame el resultado es el mismo.

Por eso hace años que si presto alguno lo hago con plena conciencia de que no me será devuelto, lo doy ya por perdido porque en general no suele valer la pena reclamarlo. Solamente los entrego bajo forma de préstamo en el caso de tratase de personas a las que aprecio y que sé que no aceptarían un regalo mío, por extraño que resulte hay personas así... por mi parte creo que aceptaría un libro del mismísimo Mefistófeles en persona, fanático que es uno, o bien los regalo directamente. Creo que no soy el único que cuando visita casa ajena clava sus ojos en una librería y rápidamente me hago un retrato-robot de la persona que allí lee, al menos como lector, y no digamos si supera la prueba, o no, del préstamo de alguno de mis libros. Anécdotas sobre el préstamo y regalo de libros tengo para elaborar un capítulo y añadirlo como anexo a este estupendo ensayo que el escritor madrileño ha dedicado al tema. Un tema que a priori no parece demasiado interesante... desde luego a mí no me lo parecía, ni siquiera con ese título-gancho tan atractivo, que por cierto es "robado", si es que se puede robar un título, de otro libro mucho más famoso editado por Capitán Swing, algo admitido desde el comienzo por Miguel Albero, y de hecho es uno de los libros de los que habla largo y tendido en su ensayo. Títulos aparte la verdad es que tras tenerlo en mis manos y ojear dos o tres páginas al vuelo se produjo el flechazo... y me dije "ale para casa" a ser leído con calma.



Lo he escrito alguna que otra vez aquí, si un escritor demuestra buen hacer y buen oficio no importa tanto el tema, puede deleitar y enganchar a sus lectores hasta con el relato de la elaboración de una sencilla tortilla de patatas. Al igual que un gran cocinero puede crear un plato sublime con los más modestos productos, o uno malo echar a perder un guiso provisto de ingredientes de primera. Miguel Albero en mi opinión podría estar en el top 10 de los mejores ensayistas que he leído hasta la fecha, en el sentido de buen oficio de escribir. Me pasó lo mismo con el ensayo de Javier García Gibert "De la soltería", este ensayo sobre un tema tan peregrino me atrapó hasta la última página sin darme respiro por el mismo motivo. Miguel Albero escribe muy bien, pero es que además hay en todo el libro de principio a fin un tono jocoso e irónico que hace que uno no deje de sonreír, existen muchos fragmentos en el mismo que dan ganas de leerlos en voz alta a un tercero porque son modélicos en el sentido de que demuestran cómo se puede escribir un ensayo serio, aportando una cantidad mareante de datos sin ser pedante, sin aburrir, y lanzando ganchos aquí y allá al lector para que simplemente no pueda dejar de leer.

Con voluntad de escribir un tratado muy completo sobre el tema, el robo de libros en todas sus variantes, el autor nos sorprende una y otra vez con un tema anodino, en apariencia, donde se nota y mucho, su amor por los libros, su erudición, y un cierto sentido de fastidio ante la impunidad con la que han operado en general los grandes ladrones de libros recogidos en los anales del crimen. Personajes curiosos, historias que en nada envidiarían a las más enrevesadas ficciones de novela negra, mil y una variantes del robo, minuciosidad en desplegar un tema que en principio parece que va a dar poco de sí y que no deja de sorprender hasta el final. En definitiva una delicia, un ensayo completamente atípico que he disfrutado un montón y que me ha hecho incluir a este autor en mi lista, me temo que siempre creciente, de escritores a seguir. También

El libro incluye de todo cuanto se pueda imaginar sobre el robo de libros y mucho más, definición del acto, notas legales (se nota el oficio de abogado del autor), argumentos a favor y en contra del robo de libros, la evolución de las penas y castigos... también en función de la cultura donde se produce el robo, las modalidades del mismo, una crítica de la costumbre de prestar libros y los motivos de porqué el autor está en contra del préstamo como la alteración de la biblioteca, el maltrato a los libros por parte del que toma prestado, el arrepentimiento que suele tener el prestatario... la pérdida del libro y del amigo, o sucedáneo de amigo, al que se lo prestaste, los mutiladores de libros, el plagio, el robo de los derechos de autor, las diferentes tipologías del ladrón de libros, desde el lector-ladrón que lo roba de forma compulsiva y enfermiza, al ladrón que roba para vender o al que, increíblemente lo roba para amontonarlo en casa, o el caso de los bibliotecarios ladrones. Además de la información sobre cada aspecto del robo de libros, el ensayo no deja de aportar ejemplos, notas literarias,  y sobre todo policíacas, historias de héroes y villanos relatadas con minuciosidad, ironía y sentido del humor.

Lo mejor: Un buen ensayo, muy entretenido y ameno, muy bien escrito, que aporta una gran cantidad de información y notas curiosas, y que ante todo trata de defender la tesis de que no, el ladrón de libros no merece disculpa alguna, y que presumir o alardear de haber robado libros, tal y como reconoce algún que otro sujeto en sus memorias o en entrevistas, no dice nada bueno de quien atesora libros ajenos... es un vulgar chorizo, un fresco o un aprovechado como mínimo, y demuestra tener poca, muy poca calidad como persona.

Lo peor: En su tramo final el libro se vuelve demasiado minucioso y laberíntico, o eso me ha parecido, perdiendo parte de su amenidad, quizás porque llega un punto que el tema no da más de sí. No, no pienso robar este libro, es bueno pero no tanto ;-)


sábado, 17 de junio de 2017

Juegue primero, piense después

"Muchos libros de ajedrez están escritos en el mismo tono pedante que usa aquí el entrenador. Ellos están basados en la idea de que no se deberían ensayar jugadas al azar, sino que previamente habría que echar una buena mirada a las características de la posición, tratar de trazar un plan más general sobre tales bases y solo después procurar un resultado concreto a nivel de una jugada real.
Eso carece de sentido.
Ningún jugador de ajedrez piensa así, nadie ha aprendido a jugar ajedrez pensando de esta manera y ni siquiera lo hacen los entrenadores ni los autores de libros de ajedrez"


Ficha: "Juegue primero, piense después. Sentidos y sinsentidos del progreso en ajedrez", Willy Hendriks, editorial La Casa del Ajedrez, 210 páginas, ISBN: 9788 492 517 862






























Notas personales.
Los aficionados al noble juego del ajedrez somos sin duda alguna unos bichos raros, aunque no más que los lectores en épocas pasadas, pensémoslo bien, en un mundo donde más del noventa por ciento de las personas eran analfabetas ¿qué impresión debían causar aquellos que eran capaces de leer?, mirar un pergamino o una hoja de papel sobre la que se habían grabado una serie de marcas semejantes a líneas de hormigas correteando por el suelo y poder captar las palabras y pensamientos de alguien que grabó esas marcas ilegibles... debía parecer cosa de magia, y no es extraño el sentimiento de fascinación y reverencia que debían sentir los iletrados por los "eruditos" que simplemente sabían leer esos signos. Es como si en el cerebro de un lector existiese un pequeño departamento especializado en esta tarea que está ausente en un analfabeto... bueno pues con un jugador de ajedrez sucede lo mismo.

Para un profano en el juego ver un tablero con una serie de figuritas ocupando determinadas casillas debe producir una sensación semejante, puede seguramente captar el sentido estético de la ordenación, color y matices de las mismas, algo semejante a la sensación de un occidental contemplando la escritura china o japonesa, se puede apreciar la belleza de los trazos o el conjunto... pero del significado ni idea, daría lo mismo que los mismos expresaran un hermoso poema que una receta de cocina.

Un jugador de ajedrez no puede mirar de la misma forma una posición de piezas en un tablero, estas cobran vida en nuestro cerebro, vemos saltar los caballos y apoderarse de distintas posiciones, a los alfiles discurrir por las diagonales, amenazando con capturar piezas enemigas, a las torres buscar las columnas abiertas y disponerse en las mismas como los cañones en el campo de batalla, a la dama moverse y amenazar diferentes jugadas, pero también ver el riesgo de quedar atrapada, al caballo sufrir en una esquina o en el flanco como si estuviera encerrado en una cuadra... y que decir del rey, verdadero centro de gravedad en una partida, y esa sensación de verlo tranquilo y seguro en su fortaleza, o bien, expuesto a las amenazas del contrario pueden dejarnos indiferentes, o bien, encender nuestra fantasía imaginando como darle mate... en el tablero solo son figuritas de madera y plástico reposando sobre determinados escaques, en nuestra mente están vivas, se mueven sin parar, amenazan ser capturadas y a su vez amenazan capturar... es otro mundo en definitiva. Hay una parte en nuestro cerebro que permanece generalmente dormida y que se activa al jugar, al imaginar una partida o visualizar cualquier posición de ajedrez en cualquier publicación.

De cara al aprendizaje del ajedrez queda por dilucidar la cuestión de si son de utilidad los libros que se han escrito sobre el mismo, y hasta qué punto pueden ayudarnos a mejorar nuestro nivel. Sobre eso precisamente versa este ensayo.


Los libros de ajedrez.
Si alguien tiene la curiosidad de hacer clic en la etiqueta "ajedrez" de este blog se encontrará con trece o catorce entradas, sin incluir esta, que además corresponden a un número mayor de libros... y eso no es nada, mi afición por los libros de ajedrez nació paralela a mi afición por el juego, y creo que no soy el único aunque desde luego me he encontrado a buenos aficionados y jugadores que prácticamente no han abierto nunca un libro. Entre los jugadores más famosos y conocidos es curioso el caso de Julio Granda que afirma que salvo uno de Grau, nunca ha leído ninguno... y se encuentra a un paso de los 2.700 ELO a pesar de sus cincuenta años de edad. Este sería el caso más extremo que conozco de jugador práctico, con gran talento eso sí, que se limita a jugar, estudiar problemas y revisar boletines de partidas. Sin llegar a este extremo habría que pensar si alguien alguna vez ha conseguido alcanzar un nivel decente sin jugar demasiadas partidas atiborrándose únicamente de teoría, aunque me temo que tal caso no se ha dado nunca.

El ajedrez se aprende fundamentalmente jugándolo. Sin embargo aunque la teoría y el estudio pueden ayudar mucho, especialmente en el campo de las aperturas y finales, hay un exceso evidente en el número de títulos que tratan de "ayudar" al jugador a elevar su nivel, y no todos son buenos. Seguramente ningún juego concentra tal cantidad de títulos... y tal cantidad de paja inservible. Interesante no obstante como lectura de evasión, ¿por qué no?, de la misma forma que hay quien lee ensayos de autoayuda porque los encuentra estimulantes y reconfortantes, aunque reconozca que en poco o nada le han ayudado en la vida. Teniendo claro esto último ya entramos en el resbaladizo y subjetivo mundo de los gustos, allá cada cual, pero el problema viene cuando uno se cree tanto la autoayuda psicológica como la ajedrecística.



Juegue primero, piense después.
Willy Hendriks es un maestro FIDE holandés que en 2.012 publicó este ensayo que en cierta forma conmocionó el mundillo de las publicaciones de ajedrez, la federación británica le otorgó el premio del "libro del año" y este año 2.017 ha sido publicado por primera vez en castellano por la editorial La Casa del Ajedrez, a estas alturas la editorial que se mantiene más activa en nuestra lengua, es de agradecer entre tanto título en inglés. Tras haber comprado tantos libros a lo largo de los años, muchas veces acaparados sin sentido, otras veces donados sin haber sido leídos completamente, y también relegados al olvido del último rincón de mi biblioteca, me había propuesto no volver a comprar ningún título de ajedrez, nunca más... también me influye el hecho de que internet, y especialmente a través del portal Youtube está cada vez más lleno de vídeos sobre la enseñanza de ajedrez, comentarios en vivo de partidas rápidas, y mucho material de la calidad más diversa, y sobre todo gratuito. No creo que quede a estas alturas ningún buen aficionado que no conozca el canal de Chess24 y los análisis de Pepe Cuenca, David Antón o los excelentes comentaristas y pedagogos que son Luis Fernández Siles y Michael Rahal. Hay material de sobra y de muy buena calidad... ni siquiera el estudio de posiciones y problemas, pieza importante de la preparación ajedrecística, se salva de la quema, pues hay varias páginas web donde se puede entrenar casi de todo. Estamos en la era de lo audiovisual y parece que el libro de ajedrez tiene los días contados.


Sin embargo no siempre fue así, y hasta hace poco tiempo, el libro de ajedrez se consideraba una pieza casi insustituible, de hecho todavía son muy utilizados, especialmente los monográficos sobre aperturas, por los jugadores fuertes y los profesionales. Sin embargo hay un tipo especial de libro sobre ajedrez, pariente próximo del libro de psicología y autoayuda antes mencionado, y que parece tener el mismo efecto sobre el lector, es decir, promete ayudar y elevar el nivel del aficionado que lo lee y en la práctica no solamente no sucede así, sino que puede incluso proporcionar información falsa o cuando menos confusa, es un tipo de libro que casi mejor que no se le haga demasiado caso, especialmente si el lector es un jugador principiante... aunque esté en ocasiones dirigido precisamente a él. Hendriks en su ensayo se centra en este tipo de libros, pone en el centro de la diana a un conocido autor como Jeremy Silman, pero realmente hay muchos más como él.

El problema que ve el autor holandés en este tipo de manuales es que tergiversan completamente la realidad del aprendizaje y la progresión en el juego, ni más ni menos, usan y abusan de términos generales que solo son aplicables en casos muy concretos, y más que aclarar conceptos y servir de ayuda a un jugador en el momento en que se enfrenta a un rival con la presión del reloj corriendo tienden a servir para todo lo contrario, solo lo confunden y hacen que pueda adquirir el vicio de pensar en generalidades y eludir el cálculo concreto de la posición que tiene precisamente delante de sus ojos. Consejos gratuitos como "contra un ataque en un ala es una buena medida un contraataque en el centro", o "quien tiene la iniciativa debe luchar por mantenerla so pena de perderla" ... consejos con la misma cantidad de casos donde resultan ser ciertos que casos donde resulta incluso nocivo tenerlos en cuenta y que más se asemejan a las predicciones de un horóscopo que a verdaderos consejos útiles.

Hendriks no duda de la buena fe de los autores de dichos libros, el problema es que no atacan de raíz el verdadero asunto del aprendizaje en el ajedrez... de modo que en vez de dorar la píldora a aquellos autores consagrados e intocables, vacas sagradas como Silman o Kotov, por poner un ejemplo, se lanza a pegar una buena patada en el avispero y a proclamar que en efecto "el emperador está desnudo"... algo que cualquiera que se aproxime al juego ya sabe, es decir que el pensamiento sistemático está muy bien para el proceso de aprendizaje antes de jugar pero que en la práctica, cuando te enfrentas a un rival, es la intuición y el cálculo donde se ve y se calcula en abstracto antes que verbalizar análisis alguno de la posición. Todas esas explicaciones, toda esa psicología de todo a 100 y esa verborrea que impregna tantos libros de ajedrez NO SIRVE DE NADA, es puro ruido, al final es simple basura porque siempre se produce a posteriori, nunca en el momento de jugar una partida viva... eso sí, nos sirve para explicar el porqué se tomaron ciertas decisiones y tratar de hacer comprensible algo que en principio solo se captó de forma intuitiva y abstracta y que no hay más remedio que hacer pasar por el tamiz, siempre distorsionador, del lenguaje a la hora de explicarlo... vamos que ni siquiera así estamos siendo fieles a la verdad, y es que NO PENSAMOS VERBALMENTE cuando jugamos al ajedrez, y si alguien lo hace ¡mi más sincera enhorabuena!.

El camino a la inversa, partir de consideraciones generales, incluso explicaciones psicológicas tan queridas a muchos autores, algunos tan buenos como Rowson o Aagaard que escriben formidables análisis de partidas, no se suele realizar casi nunca. Hendriks nos viene a decir que es mejor no disponer de un bastón para apoyarnos que hacerlo en uno de madera podrida. Yo añadiría que el lector aficionado al ajedrez puede simplemente disfrutar de esas obras ajedrecísticas tal y como disfrutaría de una novela de ficción... y si no que alguien me diga que de verdad que en una partida real recordó alguna de sus historias, consejos y toda la literatura con que se suelen acompañar a los análisis de partidas y sus consejos y que le vinieron al pelo :-D.

Este libro tiene una virtud, te hace abrir los ojos sobre todo lo escrito hasta ahora en ajedrez, hay autores que no dejan que te hagas ilusiones, te dejan bien claro que el ajedrez es difícil, extremadamente difícil, y que no existe atajo alguno que sustituya al entrenamiento duro y sistemático trabajando con posiciones de test, jugando y analizando posteriormente partidas y analizando jugadas y posiciones de apertura, "sacando músculo" como se podría expresar, trabajando ese músculo ajedrecístico que anida en el cerebro de los jugadores y que los aficionados lo tenemos atrofiado y los maestros, a fuerza de jugar miles de partidas y miles de horas analizando y realizando cálculos ya luce en buena forma.

Autores como Antonio Gude o John Nunn por ejemplo son de lo mejor, en sus libros vamos a leer continuamente una exhortación a trabajar, a darnos cuenta que nada sustituye a la práctica y mucho menos al cálculo, proporcionando además numerosos ejercicios para el entrenamiento. Destaco aquí al prolífico Cyrus Lakdawala y a Zenón Franco Ocampos que han creado un estilo propio del libro-ejercicio muy interesante. Otros autores, como los mencionados Jacob Aagaard y Jonathan Rowson, por cierto del que tengo un libro comentado aquí, que publican brillantes análisis de partidas se mueven ya en un terreno demasiado especulativo. Tras leer a Hendriks por ejemplo cogí el "Manual de Ataque 1" de Jacob Aagaard y leyendo los comentarios de muchas jugadas, bueno es que simplemente me daba la risa, y pensaba "Jacob es que no te lo crees ni tu"... lo dicho, psicología barata, de la de todo a 100, aunque haya sido escrita por un gran jugador y buen escritor :-).

Volviendo al ensayo de Hendriks, ha sido una lectura sorprendentemente sencilla y estimulante, plena de sentido común, donde se incide una y otra vez la enorme laguna de conocimiento que tenemos en relación a la forma en que nuestro cerebro aprende, el ajedrez es una herramienta especialmente valiosa para teorías pedagógicas y de aprendizaje, un campo de pruebas sencillamente fantástico. Tras leerlo y ver el "repaso" que le da a algunos autores, especialmente al mencionado Silman, entré en la página web de este último y pude leer el comentario que el maestro y pedagogo americano hacía de este libro... y bueno, no encajó demasiado bien el golpe, Hendriks hace mención a ello en el epílogo redactado a propósito de la traducción española... algo de verdad y fundamento tendrán sus críticas cuando el otro autor malinterpreta, por supuesto a propósito ya que de tonto no tiene un pelo, al maestro holandés calificándolo a su vez de forma indirecta de charlatán vendedor de crecepelo. Precisamente si algo hace Hendriks en su libro, aunque una lectura superficial (de la portada y las tapas, no más), es combatir la idea de que hay un camino fácil en el ajedrez. Uno a uno rebate muchos de los tópicos que se han escrito sobre el ajedrez y el estado psicológico del jugador... por ejemplo esto es lo que tiene que decir respecto a lo que algunos autores califican de "momentos críticos":

"En posiciones complicadas debería ser más fácil cometer un grave error, pero aún un error más pequeño en una posición simple podría dejarle asimismo sin perspectivas. De modo que nos encontramos constantemente en un serio nivel de amenazas. Esto suena un poco deprimente, pero un ligero consuelo puede ser el hecho de que nuestros oponentes se encuentren en la misma barca. Pienso que se puede aprender de los errores. Pero aquello que se puede aprender no es algún mecanismo para prever momentos críticos en futuras partidas. Estos momentos no obedecen a ninguna suerte de protocolo que procure encuadrarlos en una alternancia de picos seguidos de un período de relax. De modo que haría bien en no desarrollar una sensibilidad para esos momentos especiales ¡Manténgase todo el tiempo alerta!."

Lo mejor: Entretenido, lleno de ironía, suscribo los comentarios de algunos maestros y autores que lo han calificado de enormemente divertido, vaya si lo es. También es muy instructivo, viene lleno de posiciones de ejemplo que ilustran los fragmentos de partidas que incluye, es decir que también tiene su valor práctico. Fenomenales todas esas críticas a otros autores, y cómo se constata (y esto no lo había dicho nadie antes que yo sepa), cómo un juego que se presta tanto a ser tratado usando el método científico, en tantas ocasiones la ausencia de dicho método en la enseñanza del mismo es más que notoria.

En definitiva uno de esos libros imprescindibles que no pueden faltar de una biblioteca de un aficionado serio, no ya al ajedrez en sí en la faceta de práctica, sino al ajedrez en general, a su historia, su aprendizaje y por supuesto a los que buscan un trabajo que les haga progresar, o que al menos, les indique el buen camino, y este en mi modesta opinión lo hace a su manera.

Lo peor: Lo fácilmente que puede ser malinterpretado y menospreciado de forma superficial, el título sensacionalista parece indicar que estamos ante un libro que vende una "receta fácil" y que incita a no pensar, cuando es justamente todo lo contrario.

Arden las redes

"Estábamos permanentemente conectados y no todos sabíamos gestionar los sentimientos que este poder despertaba en nosotros. Las apariciones de la ofensa en la sociedad se multiplicaron. La herramienta que nos irritaba nos permitía desahogarnos. Los medios de comunicación en crisis, buscando el clic, expandieron y legitimaron estos sentimientos. La política se volvió sentimental, la economía se volvió sentimental, todo era público, todo manchaba. Las masas descritas por Ortega se habían convertido en protagonistas de algo. Por todas partes florecía una especie nueva: los pajilleros de la indignación"


Ficha: "Arden las redes. La poscensura y el nuevo mundo virtual", Juan Soto Ivars, editorial Debate, 286 páginas, ISBN. 9788 499 927 527
































Vuelvo a la actividad en este blog tras un paréntesis de dos semanas y lo hago con otro ensayo del que ha sido, de momento, mi ensayista-revelación en lo que va de año, al menos en lo que a autores hispanos se refiere, Juan Soto Ivars ha publicado este año otro ensayo con su firma, el trabajo anterior, comentado en mi post "Un abuelo rojo, otro abuelo facha", me gustó, aunque también me pareció un tanto irregular y alocado, en él encontré a un autor con el que de alguna forma me identificaba bastante en su forma de pensar. No estaba siempre de acuerdo con sus opiniones o me gustaba lo que escribía, pero había como una especie de fondo general, una orientación en el tono de su obra con la que me identifiqué rápidamente, así como una frescura y desparpajo a la hora de escribir que me enganchó desde las primeras páginas. 

En este otro trabajo, bastante más logrado en mi opinión, me he vuelto a encontrar de nuevo con esa misma sensación, la de leer a alguien sensato, poco o nada pagado de sí mismo, cansado de ciertas cosas por un lado, pero también con capacidad de poner las cosas en su sitio sin hacer sangre, y atacando ciertas posiciones de raíz, apuntando justo a la "línea de flotación". Mesura, reflexión, buena documentación, estilo claro... y sobre todo un tema muy de actualidad que lo tenemos cada día al alcance de los dedos, el papel de las redes sociales en ciertas campañas de "linchamientos" promovidas en internet y el papel que dichas campañas, multitudinarias y que de forma notoria saltan a los titulares de los periódicos y corren como liebres multiplicándose como los virus.

No es la primera vez que leo algo parecido sobre el tema, ya hace tres años publiqué aquí un post sobre el trabajo de Pablo Herreros "El poder es de las personas", donde narraba una campaña que él mismo dirigió e ideó contra lo que consideraba un abuso de un programa de televisión. Aquella campaña parecía haber inaugurado una nueva época, más feliz, en la que por fin los ciudadanos normales y corrientes podíamos hacer presión y participar en acciones que parasen los pies a conductas consideradas reprobables. En este caso el objetivo era un programa de actualidad que había traspasado la línea del buen gusto y lo éticamente permisible. El problema es que en estos últimos tres años el asunto ya se ha salido de madre. En mi caso particular hace ya tiempo que no estampo mi firma como apoyo a ninguna "causa", por noble que me parezca, al constatar por ejemplo la nula selección de dichas causas en las páginas de recogidas de firmas, antes era rara la semana donde no firmaba apoyando una u otra, y tras leer este libro le he cogido alergia a compartir en Facebook ningún mensaje de denuncia o condena de tal o cual personaje...  y es que es tan sumamente FÁCIL dejarse llevar por las emociones, dejar a un lado la prudencia y darle a la tecla... imagino que tan sencillo como en otras épocas unirse a la turba y arrojar la piedra en una lapidación pública, y seguramente con la misma sensación momentánea, y falsa naturalmente, de hacerlo desde una superioridad moral.


Juan Soto denuncia en ese ensayo los linchamientos "vía twitter", poniendo especial énfasis en aquellos donde el objetivo no fue una organización, institución o empresa, sino personas que simplemente habían tenido la "osadía" de publicar algo en las redes sociales, compartiéndolo con su particular grupo de contactos, que había ofendido a un determinado colectivo y que gracias a la rapidísima propagación de mensajes se habían orquestado y difundido campañas de ciber-acoso en cuestión de horas. Ejemplos en general de gente a la que podríamos calificar así de entrada como completamente "inocente", si acaso pecaron de ingenuidad y mal gusto, y que fueron linchados en las redes por gente supuestamente "normal", situaciones donde la presunción de inocencia brillaba por su ausencia, donde muchas veces la supuesta ofensa se convertía en una especie de cheque en blanco predominando el insulto, las amenazas y los comentarios más aberrantes, con frecuencia mucho más violentos y salidos de tono que el chiste o la gracieta que había puesto en marcha todo el lío.

Hay en su libro un símil bastante acertado entre el "twittero" protagonista de estos actos de agresión y protesta y el conductor medio, ambos aparentemente personas normales, dan rienda suelta a su ira y su furia en situaciones de estrés de un modo que sorprende a quien los conozca en otro ámbito. Aunque el autor se ciñe a las campañas en twitter no es nada extraño ver la misma "mala leche", superficialidad, grosería y cobardía en los foros de opinión, o en comentarios a cualquier artículo de opinión... de eso el autor y cualquier periodista que escriba en la red saben bastante, la tentación que proporciona el anonimato y la sensación de impunidad es demasiado fuerte para muchos, y ese mismo espíritu pulula en cualquier red social.  

Más allá del daño ocasionado por estas campañas descontroladas, que en ocasiones ha sido importante, hay algo peor... el miedo que se difunde entre escritores, periodistas, humoristas y demás gente que desarrolla una actividad más o menos pública a ofender. En cualquier momento cualquier cretino, no puedo calificarlos de otro modo, saca alguna de sus frases de contexto, las adorna con algún comentario ofensivo y las pone en circulación entre sus contactos... la mecha puede prender y por los motivos más peregrinos. Ello produce el efecto de lo que Juan Soto denomina "poscensura", la censura que no ejerce ninguna institución en particular, una censura que no tiene como protagonistas a los funcionarios de un estado totalitario sino a la propia autocensura del que escribe o planea un "sketch" humorístico, escribe un artículo en un periódico, o bien, expresa cualquier opinión delante de un micrófono... o incluso comenta un chiste de mal gusto en las redes sociales, véase el archiconocido caso Zapata y otros. Se forma la bola de nieve, echa a rodar y llega un punto en que nadie sabe las consecuencias que puede tener. Cada vez hay una conciencia mayor de que tal cosa puede suceder y hace acto de aparición el miedo, y no solamente en forma de la natural prudencia de no ofender a nadie de forma gratuita sin pretenderlo, sino también miedo a que algo dicho o escrito desde una actitud irónica no sea comprendido y termine uno siendo poco menos que linchado por algo que no ha dicho realmente. 

Motivos claros de persecución política, como el caso Zapata mencionado, de ofensa racista, machista, frases sacadas de contexto donde se elimina el efecto de la ironía, insultos propagados por gente que en su mayoría ni siquiera han leído el material objeto de la ofensa, o que simplemente sin el menor atisbo de sentido crítico o reflexivo comparten las condenas porque sí. El mecanismo psicológico que puede explicar este fenómeno, así como las explicaciones sociológicas abundan en el libro. Más que las entrevistas recogidas en el ensayo de personas que han sufrido este linchamiento en twitter la investigación y el material aportado por Juan Soto sobre el tema de la censura han sido, al menos para mí, lo más interesante. Así como sus críticas a la obsesión por lo "políticamente correcto", con una especial alusión al tema del nuevo feminismo que utiliza activamente estas campañas. Juan demuestra bastante valentía al meterse en ese avispero, y creo que muy buen juicio a la hora de analizar este tema en particular, donde es tan sumamente fácil cometer excesos. Se nota mucho que era consciente que sus palabras serían posteriormente miradas con lupa y en ocasiones se le nota haciendo muchos equilibrios :-). Las alusiones y la explicación a lo que Juan denomina "guerra cultural" me ha parecido de lo mas interesantes también... es que lo observo cada día en las redes sociales.

Lo mejor: Un ensayo excelente, bien escrito, sensato y de una gran actualidad que no puede dejar indiferente a nadie, me parece un gran análisis de la actual situación de la influencia de las redes sociales. Muy bien también esa historia de la censura en el anterior régimen, las críticas a los excesos de la moda de lo políticamente correcto y el análisis de las guerras culturales en las que andamos inmersos. Lo recomiendo encarecidamente.

Lo peor: La caja de Pandora apenas ha comenzado a entreabrirse y de momento solamente nos muestra un espejo que no refleja precisamente algo bonito.