martes, 6 de diciembre de 2016

La mente participativa


"Si el cosmos es infinitamente complejo, y no hay razón para creer lo contrario, si una única célula es infinitamente compleja, y no hay razón para creer lo contrario, si un átomo es infinitamente complejo, y éste puede ser ciertamente el caso, entonces nos encontrábamos en apuros, pues la mente no puede manejar tanta complejidad. De modo que la propia naturaleza de la mente la lleva necesariamente a simplificar. Comprender es simplificar."

"Los patrones y las configuraciones del mundo no están ahí con independencia de la mente; son los patrones del entendimiento mediante los cuales trabajan nuestras mentes. Las cosas tampoco se tornan simples o complejas- ya se trate de átomos, células o galaxias- por sí mismas. Es nuestro conocimiento el que las hace así, es nuestra mente la que las hace así"


Ficha: "La mente participativa", "Henryk Skolimowski", Ediciones Atalanta, 467 páginas, ISBN: 978 8 494 52316 8

En una entrevista en JotDown, Jacobo Siruela comentaba que las pequeñas editoriales son un fenómeno típicamente español... si esto es así uno ha de dar gracias porque en el ámbito editorial de nuestro país existan pequeñas empresas que se dediquen a esta labor, pues muchos libros interesante nunca verían la luz ni tendríamos la oportunidad de conocerlos.

Ediciones Atalanta, es sin duda un buen ejemplo de pequeña editorial que realiza apuestas arriesgadas,  algunas de mis lecturas más interesantes de los últimos años han tenido como protagonistas a algunos libros editados por la misma. No siempre se ha tratado de obras que me hayan dejado un 100% satisfecho o convencido de todo aquello que el autor de turno me contaba, pero lo cierto es que ninguno me ha dejado indiferente, y desde luego que ese tipo de ensayo heterodoxo, alejado de las corrientes principales de la filosofía o la ciencia, que constituye buena parte de su nómina de libros sigue resultándome especialmente atractivo.

El presente libro de un filósofo de orígen polaco muy poco conocido en nuestro país es una buena muestra, ¿cómo es posible que alguien como él apenas haya contado con nada traducido a nuestro idioma?, probablemente por su filosofía a contracorriente, imbuída de sentido de la espiritualidad y fácilmente confundible con cualquier obra radicada en ese cajón de sastre que llamamos "contracultura" o "new age"... no, Skolimowski no es ningún charlatán ni ningún oportunista de los que tanto pululan por ese campo ya tan saturado de la espiritualidad y autoayuda a la caza del lector incauto, es un filósofo bastante serio, aunque desde luego muy poco convencional, uno casi se lo imagina con un kimono sentado en la posición del loto dando sus charlas... pero no, su pensamiento aunque notablemente influido por la cultura oriental sigue los derroteros de la filosofía occidental.

Cuando en 1.994 escribió y publicó este libro no hay duda que estaba con muchas ganas de ajustarle las cuentas a la corriente científica dominante, al reduccionismo científico, a ese materialismo burdo y a la visión del mundo como un lugar sin sentido, un lugar donde las combinaciones fruto del azar dieron como origen a una vida y donde la misma ha ido evolucionando en gran medida de la mano de la diosa fortuna hasta desembocar en una especie, la humana, consciente de sí para su desgracia, según algunos, o bien, para la misión de escudriñar los entresijos del cosmos y la materia en un afán de saber por saber completamente estéril. Para el filósofo de origen polaco la ausencia del ser humano de la ecuación del conocimiento da como fruto un mundo absurdo, sobre el que es posible decir cualquier cosa y nada al mismo tiempo, ese afán por reducir, trocear y diseccionar solamente puede conducir al sinsentido... la ciencia llevada por un reduccionismo cada vez más extremo acumula más conocimiento, describe más y mejor... pero ello no lleva a una mejor comprensión, cada vez las partes son más diminutas, pero el conjunto se torna más y más incomprensible.


Partidario de otro tipo de pensamiento, de eso que algunos llaman "holismo", un intentar pensar en la totalidad... entendiendo por "totalidad" un conjunto que incluya la mente humana, aquí es donde entra el meollo de su libro, nada nuevo hay en decir que con la mente construímos el mundo, es algo que encontraremos en el budismo, el hinduísmo e incluso en la mística cristiana, sin embargo Skolimowsky pretende llevar esta, para algunos, obviedad un poco más lejos. Construímos el mundo a través de nuestra mente, no hay una realidad objetiva ahí afuera esperando a ser descubierta, nuestra mente a través del progreso científico, entre otros, se amplia y expande, abarcando más y más, pero siempre, por mucho que expandamos la burbuja estaremos dentro de ella... la mente humana, fruto de la evolución, en cierta forma no es más que el universo conociéndose a sí mismo. Skolimowsky está en contra de todo intento reduccionista de limitar la mente al cerebro y este al simple conocimiento neurológico, hay un sentido espiritual en ello, algo que se nos escapa y a lo que apuntan los místicos de todas las épocas, de ahí que sea ferviente partidario del camino de la meditación como apoyo y refuerzo al conocimiento.

El libro hará un recorrido por diferentes estadios de la mente y el pensamiento a través de la historia, según una explicación sumamente instructiva... cómo nuestro universo se limita a través de nuestra mente, cómo el mismo se expande a través de la acumulación de conocimientos que inevitablemente llevan a una nueva comprensión, el "embudo" ascendente del universo de nuestra mente, cuyas paredes no podemos traspasar, ese ascenso en espiral (ya que nunca hay una ascensión directa) que define el conocimiento, la imposibilidad de ver más allá de sus límites... la diferente forma que ha adquirido la mente con el paso de los siglos... de esa concepción del universo protagonizada por el "mithos" antecesor del "logos" griego, el advenimiento del mundo medieval y su "theos", y el actual espíritu de los tiempos denominado "mechanos" ... muy acertadamente, por Skokimowsky, componen un viaje interesante que trata de explicar no solamente el lugar donde actualmente estamos (o estábamos en 1.994) a juicio del autor, sino cual podría ser la evolución de ese "espíritu de los tiempos" o mentalidad a partir de entonces. El filósofo hace una apuesta decidida por favorecer la evolución hacia una mentalidad participativa, donde se reconozca el papel de la mente en la construcción de la realidad y donde de alguna manera la compasión entre en la ecuación del conocimiento. Anticipaba en aquel entonces que el espíritu de los tiempos estaba cambiando pero que todavía era muy pronto para adivinar en que dirección... eso sí, apostaba porque todo se iría haciendo más complejo y fragmentario y que sería imposible antes del año 2.050 ver el resultado. Creo que en parte el futuro le ha dado la razón, y resulta interesante su idea de como todo tiende a una mayor complejidad, hasta que se convierte literalmente en inmanejable, antes de crearse una síntesis que se pueda mínimamente definir.

El libro concluye con una serie de capítulos donde se trata de sentar las bases de lo que debería ser el espíritu acorde con los nuevos tiempos, una época de mayor empatía, mayor hermandad entre los seres humanos, donde lo científico y lo espiritual marchasen codo con codo y donde la aventura humana, que no es otra cosa que la aventura de la conciencia universal expandiéndose, diese sentido en sí a la existencia... en fin, idealismo por todas partes, buenas intenciones y todo de muy buen rollo ¿qué podíamos esperar de un declarado ferviente seguidor de Platón?, pues nunca otra cosa de un libro que interpreta la realidad y la evolución que nos ha llevado a la misma a su manera y que se centra en un futuro dominado por el idealismo, por el habitual "lo que debería ser", o lo que al autor le gustaría que fuera el espíritu de los tiempos en evolución (siempre suponiendo que hay tal cosa claro).


Algunos "peros".
La "ecosofía", o su intento de fundación por parte del filósofo polaco, me parece algo muy loable... sin embargo en el libro nos encontramos con una crítica permanente a la ciencia, o más bien a un espantajo sobre el que el filósofo dispara a placer sin posibilidad de réplica, hace tiempo que leí a cerca de una falacia lógica denominada "la falacia del hombre de paja", hay que deshumanizar y ridiculizar al adversario antes de lanzarle piedras, uno se lo piensa antes de apedrear a un ser humano con sentimientos y sensibilidad... pero lanzarle piedras a un monigote de paja es algo que se puede hacer sin miramientos. Y es que el Sr. Skolimowsky hace culpable a la ciencia de todos los males habidos y por haber, y de forma notoriamente injusta. Entiendo que no le vayan las medias tintas y que necesitaba ser claro en su mensaje, pero ese maniqueísmo de meter a todos los científicos en el mismo saco... sospechoso. Nadie negará que el filósofo polaco conocía de muy buena mano la filosofía de la ciencia siendo como fue alumno de Karl Popper... sin embargo creo que esa identificación permanente entre ciencia y deshumanización, ciencia y positivismo científico, ciencia y reduccionismo... es cuando menos esquemática, ingenua y panfletaria. Da de lleno cuando critica los excesos de la ciencia, su nula capacidad en ocasiones para echar el freno cuando las investigaciones llevan a unos derroteros de destrucción, vamos a su falta de ética y empatía, que por otra parte NO son ámbito de la misma, para eso tenemos a la religión y la filosofía. Pero da la impresión de querer meter a toda la ciencia bajo la misma etiqueta, lo que huele sospechosamente a una actitud anti-científica que es absurda viniendo de quien viene.

Por otra parte cada vez que me encuentro con alguien que ataca el reduccionismo y alaba las virtudes del holismo pienso lo mismo... dame pruebas de lo que dices, dame resultados de esa supuesta visión omniabarcante. Está claro que no se puede elaborar una teoría mínimamente coherente sobre el funcionamiento de un hormiguero analizando solamente las partes de una hormiga... hay que alejar la mirada y lanzar una visión de conjunto, ¡pero eso es algo que ya saben los científicos!. Otra cosa que en ocasiones me indigna cuando veo a alguien cargar contra la ciencia en conjunto sin delimitar claramente que se hace contra los excesos de la misma, y la ceguera moral que en ocasiones la embarga, es la certeza de que esa misma persona que escribe esas líneas debe mucho al progreso científico... el que esto escribe de niño podría haber muerto un par de veces si no fuera por los avances médicos de esa ciencia a la que tanto se critica, seguramente el mismo Skolimowsky que tenía sesenta y cuatro años en el momento de redactar este ensayo podría decir del tema más que yo. Por ese motivo me duelen especialmente los ataques a la ciencia de forma indiscriminada, se nombra muchas veces en el libro a la bomba atómica por ejemplo, pero no a las vacunas o a los antibióticos, y a tantas y tantas comodidades y avances fruto de la tecnología alumbrada por la ciencia que nos han hecho la vida más fácil y digna... ya sabemos que todo adelanto es susceptible de ser utilizado de forma perversa, pero también sucede al contrario y aplicaciones creadas para la muerte y la destrucción, para la guerra en suma, también pueden terminar en un invento positivo. La bomba atómica es puesta como ejemplo de algo intrínsecamente perverso sin posibilidad de utilidad benévola, sin embargo la misma energía atómica desatada en la bomba también está presente en otras aplicaciones más pacíficas... no hay un blanco o un negro en este asunto, solamente diferentes tonalidades de gris que parece que no interesa comentar.

Otro punto discutible del libro es su apuesta descarada por la fe en el progreso humano... aunque reconoce que el cambio de paradigma puede ser convulso y doloroso se tiene la certeza de que el resultado del mismo es siempre para bien... creo que es algo cuanto menos discutible y que ahí el autor ha puesto mucho de sus esperanzas y anhelos personales, nada que reprocharle humanamente por una parte, pero tampoco veo que se justifique del todo esa identificación de futuro con progreso con mejoras ¿por qué no pensar en una futura regresión como algo igualmente posible?. Otro punto donde creo que no incide lo suficiente es en el hecho, creo que bastante evidente, de que un nuevo paradigma o un nuevo espíritu de los tiempos no sustituye nunca completamente al que ya existía, "mithos", "logos", "theos" y "mechanos" siguen coexistiendo en la actualidad aunque el mayoritario sea esa visión materialista y "mecanicista" del mundo... por cierto cada vez menos debido a los avances de la nueva física, algo también reconocido por Skolimowsky.

Por otra parte hay en el autor una tendencia a "lanzarse" hacia determinadas conclusiones de la física cuántica en relación con la interconectividad del mundo... es curioso cuanto ha influido en determinados filósofos y pensadores de distinto pelaje el concepto de "indeterminismo" de la mecánica cuántica, aquello de que el observador influye en lo observado y que nunca podemos conocer simultáneamente y con exactitud el "momento" o dirección de una partícula y su posición en el espacio... ha sido como una caja de Pandora que ha destapado e intentado justificar las más peregrinas teorías... seguramente por su valor simbólico y su semejanza con algunas doctrinas orientales. Estoy seguro que si en un futuro cercano algún experimento científico demostrase que tal indeterminismo no existe, o es solo figurado, muchos seguirían aferrados como lapas a esa noción tan bonita de que "el observador cambia la realidad" y que "no existe el observador imparcial"... por cierto, el antropocentrismo sobre el que se habla en el libro es un tema todavía sujeto a debate y sobre el que no existe ni mucho menos un consenso entre los mismos científicos.

Conclusión.
Dicho todo lo anterior, alguien que leyera estas líneas, si es que hay alguien que me lea a estas alturas ;-), podría pensar que el libro es un despropósito, un bodrio... y nada más lejos de mi intención que escribir o decir tal cosa, la apuesta de Henryk fue una apuesta valiente, toca una serie de temas que habitualmente se dan de lado en la filosofía, algunos lo tildarían de ensayo sobre espiritualidad camuflado, o cosas aún peores, creo que es un trabajo muy válido y que en todo caso podría pecar de pretencioso... algo que en vista de los tiempos que corren dista mucho la verdad de ser un defecto, el libro en general me ha gustado y me ha dejado con más ganas de leer algo de este autor, especialmente de obras posteriores donde hubiera seguido indagando por el camino apuntado por este excelente ensayo. No es un trabajo de los que se olviden con facilidad, y solamente el azar ha determinado que no sea una obra perteneciente a mi biblioteca. Hay momentos brillantes en el mismo y es una obra que ante todo hace pensar, y en la que a pesar de ciertos excesos, en mi opinión ,promueve una serie de reflexiones de lo más interesantes.


Lo mejor: Un trabajo valiente y ambicioso, sin duda uno de las obras filosóficas más originales e importantes de los últimos veinticinco años. Espero con interés nuevas traducciones de su obra, sobre todo para comprobar cómo evolucionaron las ideas del autor a lo largo de estos últimos veinte años y ver si abrió una nueva vía, una salida a la locura que domina nuestro tiempo... o bien, se trató simplemente de un bonito espejismo.

Lo peor: Aunque el autor no deja de puntualizar términos como Dios, espiritualidad, espíritu y demás, aunque trata por todos los medios de hacer un trabajo serio y que ponga el punto de partida al surgimiento de un nuevo paradigma donde el ser humano y su mente, el enigma más impresionante del universo, sean el punto central de la filosofía y esta marche de la mano con la ciencia uno no deja de advertir en determinadas críticas un "tufillo" a contracultura, da la impresión de que en su crítica al espíritu materialista de nuestro tiempo se le va un poco la mano y que no deja en definitiva de ser simplemente un conjunto entretenido de generalidades, buenas intenciones y deseos. Skolimowsky es un filósofo atípico, un ferviente creyente en el destino y la naturaleza especial del ser humano, un optimista redomado y también un hombre de fe, a su manera claro... toda una actitud a contracorriente que no le habrá granjeado simpatías precisamente.

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