miércoles, 11 de junio de 2014

Filosofía como forma de vida


Ficha: "Filosofía como forma de vida", Pierre Hadot, Editorial Alpha Decay, 266 páginas, ISBN: 9788493654016



El año pasado tuve la oportunidad de comentar aquí un ensayo de un filósofo francés, Pierre Hadot, uno de los mejores libros en su género, el ensayo filosófico, que he leído nunca, "La ciudadela interior" es un libro que trasciende, y con mucho, el papel que en principio tenía asignado, el de proporcionar una guía al lector de las "Meditaciones" de Marco Aurelio. Estaba claro que antes o después continuaría repasando la obra de este excelente filósofo tan poco conocido por el gran público.

Hadot no fue un autor demasiado prolífico, a su muerte, acaecida hace ya cuatro años, nos dejó unas pocas obras de envergadura menor en el sentido de que no fueron obras especialmente originales donde el autor expusiera un sistema filosófico propio, nada de impulsar nuevos caminos en la filosofía del lenguaje, la metafísica o siquiera la ética... su obra mira constantemente al pasado, a la interpretación de los clásicos de la antigua Grecia y Roma, o al menos a algunos de ellos; y precisamente ahí está su valor, invita a una nueva relectura de los mismos para sacar de estos todo aquello que tienen de valioso para el hombre de hoy, invitan a mirar con nuevos ojos la filosofía antigua, no como una mera construcción de sistemas filosóficos o elaborados sistemas lógicos, sino como una guía sobre como vivir, nada más y nada menos.

Ese aspecto tan cercano a los orígenes de la filosofía y a menudo tan olvidado y tan menospreciado, hasta el punto de que actualmente son la psicología y la religión, especialmente en el caso de aquellas fuentes espirituales que nos llegan de oriente, las encargadas de cubrir ese vacío que hace muchos siglos ocupaba, al menos en occidente, la filosofía.

Filosofía pues como forma de vida, filosofía como guía que ilumina al ser humano en su andadura por el mundo, enseñándole a valorar aquellas cosas que poseen valor verdadero, a apreciar las virtudes, a seguir un recto modo de vida comprometido con la comunidad donde se vive, y sobre todo guiándole lo mejor posible en la consecución de una existencia lo más feliz posible o al menos llena de paz interior. Ese fue el campo de batalla del erudito francés, la relectura y la reinterpretación de los clásicos como obras destinadas a cambiar la conciencia del lector, de ahí su sinuoso estilo, de ahí las repeticiones y la aparentemente mala construcción de los textos, las aparentes contradicciones... daba la sensación de que algunos de los más grandes filósofos de la antiguedad no sabían escribir...

Desde luego que Hadot no ha sido el único erudito que en la historia ha demostrado y puesto énfasis en la comprensión del contexto histórico para interpretar los textos, sin embargo posiblemente en el terreno de la filosofía antigua ha sido uno de los mejores. Lógica, claridad expositiva, un uso continuo de un lenguaje común y para nada especializado, salvo donde es imprescindible, convierten la lectura de P. Hadot en un verdadero placer para cualquier aficionado a la filosofía. En este libro, más incluso que en el anteriormente mencionado, me he vuelto a encontrar con el filósofo más entrañable y comunicativo con el lector que he visto nunca. Eso sí, con una obra considerablemente difícil de comentar dada su complejidad y riqueza ya que en esta ocasión no tenemos un discurso ordenado en torno a una obra o una filosofía sino un mosaico del rico pensamiento del autor acompañado de numerosas notas biográficas.


Estoicismo, epicureísmo, Platón, Aristóteles y la escuela de los neoplatónicos con Plotino a la cabeza serán de nuevo compañeros de viaje, no faltarán referencias a Goethe y a Montaigne, otras dos figuras capitales para entender la particular obsesión de Hadot resumida perfectamente en el título de este libro, el mismo está construido en torno a diez conversaciones con Jeannie Carlier, una escritora amiga de Pierre, y Arnold I. Davidson profesor de filosofía en la universidad de Chicago, principal impulsor de la difusión de la obra de Hadot en los Estados Unidos. El formato irá más allá de la típica sucesión de preguntas y respuestas, a tres bandas en este caso, sino que los interlocutores de Pierre participarán de modo muy activo en la elaboración de la obra, sobre todo en el caso de Arnold, con elaboradas e incisivas preguntas que tratarán de dejar al descubierto todos los aspectos de la visión filosófica del autor francés. 

El libro consta de diez capítulos, estando los dos primeros y con Jeannie Carlier como interlocutora, centrados en su la vida de Pierre, tanto en sus aspectos más personales como en su formación intelectual. Se nos relatará en primera persona la infancia y juventud del filósofo, su educación en el seno de la iglesia con una vocación sacerdotal más o menos forzada, su primera intuición del rumbo que debería llevar su vida, esa primera "visión oceánica" de tipo místico y para nada relacionado con la religiosidad en la que estaba siendo adoctrinado. Hadot aunque abandonará la iglesia posteriormente llegará a ser ordenado sacerdote y guardará toda su vida un considerable agradecimiento por la excelente formación recibida, sobre todo en lo que se refiere a autores clásicos, de manos de la iglesia.

"El sentimiento de la naturaleza existe en el Evangelio. Jesús habla del esplendor del lis de los campos. Pero ya he dicho que el sentimiento oceánico, tal y como lo experimenté, que es diferente del sentimiento de la naturaleza, es extraño al cristianismo porque no hace intervenir ni a Dios ni a Cristo. Es algo que se sitúa en el nivel del puro sentimiento de Existir"

Su ordenación y la salida del seminario, su experiencia como trabajador manual durante la guerra,  su vida llena de dificultades económicas en la Francia de la posguerra, su actividad docente y sus relaciones con sus colegas filósofos... las relaciones cada vez más difíciles con la iglesia, a la que no dejará de reprocharle su actitud reaccionaria y retrógrada, su contacto con los filósofos existencialistas, hasta finalmente su ruptura definitiva merced a su enamoramiento de la que más adelante sería su primera esposa, una ruptura que jamás pesó en su ánimo por lo que comenta en el libro y que era una consecuencia inevitable. Reconoce en el libro que posteriormente incluso terminaría abandonando la fe que sin duda en aquel momento profesaba.


Tras esta entretenida historieta del capítulo primero, relato filosófico y cotilleo a partes iguales, el libro entra en "materia" en el capítulo segundo, donde describe sus principales investigaciones filosóficas y filológicas, su actitud crítica con el modo en que se interpretaban en aquel entonces, años 50, los textos de los clásicos y su interés creciente por la historia de la filosofía, Hadot comenzó como filósofo pero de ahí saltó a la filología y más adelante a la historia como herramientas de la interpretación filosófica... esta vertiente suya, magistralmente expuesta en su obra dedicada a Marco Aurelio, quedará perfectamente diseccionada en este segundo capítulo, mucho más interesante. 

Una de las aportaciones al mundo de la filosofía francés fue su promoción de Wittgenstein en un momento en que era poco conocido en Francia, posteriormente sus intereses le llevaron a difundir la figura de Plotino con una obra prácticamente descatalogada en castellano titulada "Plotino o la simplicidad de la mirada", que un servidor tendría ya en su poder de no ser difícil de conseguir... Será a finales de los años sesenta cuando comience a dar forma a la idea de una nueva interpretación de los clásicos motivado por una serie de investigaciones filolóficas que le hacen tomar conciencia de la importancia del estudio del contexto del filósofo, del sentido de los términos que usa en relación con el significado de su época... etc. Este capítulo nos muestra la génesis de su interés por la reinterpretación de los clásicos, la existencia ya en la antiguedad de lo que los cristianos llamaron posteriormente "ejercicios espirituales" con San Ignacio de Loyola al frente, y que según demostrará Hadot no fué una invención del santo español, sino más bien una "re-invención", porque ya existían en la antiguedad clásica en occidente, por no hablar de la experiencia del hinduísmo y el budismo, lamentablemente comentada de forma escasa por Hadot, aunque se trata de utilizar el término "espiritual" en un sentido mucho más ámplio y no-religioso. El capítulo es una sucesión ininterrumpida de datos, comentarios de otros autores, y un detalle pormenorizado del trabajo de Hadot en su campo... los lectores no particularmente interesados en la figura del filósofo francés harán bien en saltárselo, aunque reconozco que en mi caso ha distado de parecerme aburrido.

En el tercer capítulo y siguientes se abandonan ya las referencias autobiográficas y entramos en materia, el papel del entrevistador pasa a Arnold I.Davidson y este se centra en las ideas del filósofo francés acerca de la filosofía antigua, comienzan las discusiones sobre diferencias entre filosofía moderna y antigua, el caracter de "oralidad" de la filosofía antigua con el uso intensivo de los diálogos, el uso de formas estilísticas ya casi abandonadas como el género epistolar, el uso del término "ejercicios espirituales" en referencia a la filosofía y las prácticas que incluyen, la importancia y la dificultad de comprender la intención del autor a la hora de interpretar sus texos, la importancia del contexto histórico y de la búsqueda de la objetividad... todo un festín para los aficionados a la filosofía donde el autor se explaya a gusto, siempre de la mano y guía de Davidson que cumple con su papel a la perfección.

La concordancia entre la vida y las ideas filosóficas esgrimidas, los problemas con la interpretación de los textos, el tema del misticismo y su relación con las prácticas espirituales, la relación entre las drogas y la experiencia mística, entre esta última y el amor... el misticismo en sus diversas formas. De nuevo hay que resaltar la riqueza de ideas, la abundancia de datos y lo interesante de las preguntas de Davidson y por supuesto las respuestas de Hadot basadas siempre en su experiencia personal, en sus investigaciones y en sus lecturas e interpretaciones de los clásicos.

En el sexto capítulo el libro entra de lleno en el tema de los "ejercicios espirituales", nombre usado por Hadot y no exento de polémica y malinterpretaciones, la relación entre estas prácticas denominadas espirituales por Pierre debido a su desconexión con el dogma religioso y su intención de abarcar mucho más e ir directamente a la cuestión y el reto del ser humano ante la vida. La relación entre teoría y práctica en cada ámbito de la filosofía, la observación de la naturaleza, la atención al momento presente... la utilización de la filosofía como búsqueda de una sabiduría de la vida, su esencia misma vamos, la filosofía como preparación de la muerte... pero también como exaltación de la vida, las connotaciones morales de la búsqueda de la sabiduría, la figura del sabio como ideal etc etc

En el capítulo octavo se hace un repaso por la historia de la filosofía buscando en la misma ejemplos de pensadores que ligaran de alguna forma en su obra, o no, los temas de la teoría y la práctica, comenzando por el perfecto ejemplo de Sócrates donde no existía diferenciación alguna entre su vida y su pensamiento filosófico, Montaigne también es citado por el autor y algún que otro filósofo más moderno como Bergson o Jankélevitch, pasando finalmente por Heidegger, Wittgenstein, los existencialistas y finalmente Foucault... se termina finalmente con una larga conversación sobre el arte y su relación con el mundo del pensamiento en su vertiente práctica.

La dificultad de la práctica espiritual y su imposibilidad será tratado en el capítulo noveno, en él veremos por ejemplo que las gentes de la antiguedad no eran más propensas que las actuales a las mismas, que las enseñanzas para la vida de los filósofos se han encontrado siempre con la misma incomprensión y las mismas dificultades por parte de sus contemporáneos. La relación entre el materialismo y el mundo de las ideas, el aparente desprecio de lo material por los platónicos, recogido por la iglesia, y una nueva interpretación que le despoja de ese aparente desprecio por el cuerpo. La relación entre la serenidad ante la adversidad y su confusión con la simple indiferencia, la actitud de los estóicos es analizada y comentada. Se examina también el papel de la providencia en la relación del hombre con el mundo a través de las distintas escuelas de pensamiento...

Finalmente el libro aborda en su capítulo final el tema de la felicidad y como las ideas defendidas por Hadot en relación con su visión de la filosofía de los antiguos han influido, o influyeron, en su vida personal, la actitud ante la vida con el pensamiento continuo de la muerte y la atención, y apreciación, del momento presente y como esta influye positivamente en la forma de vivir. Ese presente será analizado desde diversas perspectivas y diferentes lecturas, junto con esa otra práctica espiritual de "mirar desde lo alto", la búsqueda de objetividad, el quitarle importancia a las cosas, la visión desapasionada de la realidad cuando se ve en su conjunto... serán finalmente la mezcla de ambas actitudes, el centramiento en el presente y la visión global las que fundamentan estos ejercicios espirituales de los que se habla en todo el libro. Ambos serán analizados desde varios puntos de vista buscando siempre las posibles dificultades y contradicciones entre dichas prácticas y el discurrir habitual de la vida.


Conclusión: Pierre Hadot consagró la mayor parte de su vida como investigador en los campos de la filología, filosofía e historia a la misma idea, la reinterpretación de las obras filosóficas de la antiguedad como manuales de vida destinados a no solo instruir sino a influir en la vida del lector-oyente para conducirle a una existencia más plena de sentido. Nunca quiso extraer esas ideas para elaborar un manual de su puño y letra sino más bien señalar siempre a los clásicos y la forma de interpretarlos correctamente, dejando pues el trabajo para el lector de los mismos. El camino quedó abierto pero nunca ofició de "gurú" filosófico salvo de forma indirecta. Para los interesados en el tema de la conexión entre la filosofía y el arte de vivir puedo recomendar "Filosofía para la vida" de Jules Evans, "Todo tiene dos asas" de Ronald Pies, y "La sabiduría recobrada" de Mónica Caballé entre otros.


Lo mejor: Una lectura compleja y densa, con multitud de nombres y datos, pensamiento en estado puro... por un lado nada recomendable para lectores principiantes y por otra parte hay una renuncia a términos técnicos y argumentaciones enrevesadas pudiendo ser leído por todo tipo de lectores. Un gran banquete para el lector aficionado a estos temas que no saldrá defraudado. No todos los libros ofrecen una completa radiografía de un filósofo tan interesante como este, de su vida y sobre todo de su pensamiento narrados por él mismo. Todo un recorrido fascinante, sin duda, aunque no exento de dificultades.


Lo peor: Solo para fans de Pierre Hadot, mucho mejor iniciarse en su pensamiento con otras obras, si alguien leyó "La ciudadela interior" y se quedó con ganas de más este es el libro perfecto para él. Los aficionados serios a la filosofía antigua disfrutarán también enormemente con este libro... el resto de lectores, ni acercarse vamos, no pasarán más allá de una docena de páginas, puedo asegurarlo ;-). Aunque los capítulos poseen una cierta unidad temática el salto de un tema a otro y las múltiples referencias a diferentes autores puede desanimar a más de uno.

Por otra parte resulta notoria la ausencia de referencias al budismo e hinduísmo, da la impresión de que o bien Pierre no conocía gran cosa de esas religiones-filosofías orientales, algo que dudo seriamente en alguien de su enorme cultura, o que simplemente veía en las mismas ante todo el aspecto dogmático y religioso, pasando por alto el potente contenido filosófico muy similar a bastantes elementos presentes también en la filosofía de los clásicos, hubiera sido interesante leer más sobre la opinión del filósofo francés sobre el tema... una pena.

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