viernes, 14 de febrero de 2014

¡Boom!

"Las buenas novelas tienen que hacernos gritar a todos de asombro, tienen que ser interpretables, ya que muchas veces la comprensión de la novela de los lectores no tiene por qué coincidir con lo que piensa el autor. Entre la bondad y la maldad, entre la belleza y la fealdad, entre el amor y el odio, debe haber un espacio indefinible que será la mejor fuente de inspiración de los escritores. "

Mo Yan.



Ficha: "¡Boom!, autor Mo Yan, editorial Kailas, 509 páginas, ISBN: 978 84 89624 99 3


Vuelvo a encontrarme con la novela oriental tras una prolongada ausencia, concretamente con una obra de un autor chino, quedan todavía en mi memoria la bella y emotiva,  ¡Vivir! de Yu Hua, de hace más de dos años... , la triste "Arrancad las semillas, fusilad a los niños" de Kenzaburo Oé, la entretenida y costumbrista "Botcham" de Natsume Soseki y por supuesto varias novelas de uno de mis escritores favoritos, Haruki Murakami, ultimamente un poco olvidado por mí.


El autor protagonista en esta ocasión es Mo Yan, de sobra conocido por las adaptaciones cinematográficas de sus novelas, entre las que destaca "Sorgo Rojo" y por supuesto por habérsele concedido el Premio Nobel de Literatura en el año 2.012. Todo un peso pesado de las letras chinas, duramente criticado en ocasiones por no implicarse más en sus obras en la denuncia de las políticas de su nación. Crítica que Mo Yan suele rechazar intentando mantenerse al margen de cualquier influencia de todo signo en sus obras. A pesar de su pretendida o supuesta asepsia política todo tuvo que ver como una de sus mejores novelas "Grandes pechos, ámplias caderas" de 1.997 fue prohibida por el gobierno de Pekín... probablemte su visión irreverente del pasado reciente de la gran potencia se aleja demasiado de los cánones oficiales.

¡Boom! es su primera obra publicada tras la concesión del premio Nobel, y diga lo que diga Mo Yan es una obra impregnada de una fuerte y ácida crítica a la China actual, porque semioculta tras un apabullante despliegue de sus habilidades de narrador y una imaginación que no parece tener límites, no en vano su figura ha sido comparada con la de Kafka, tenemos una visión irónica y despiadada de la transformación que ha sufrido la nación de Confucio en los últimos cincuenta años. 

La obra consiste principalmente en una narración en primera persona de un singular niño, infantil al menos en lo que respecta a su mentalidad, sobre su pasado y sus observaciones sobre el presente. Verdad y ficción, realidad e imaginación, cordura y locura se entremezclan en un relato en ocasiones descarnadamente realista y en otras desarrollado bajo un velo marcádamente onírico. Mo Yan juega con todas las cartas de la baraja en esta novela, de un relato de unos hechos del pasado, supuestamente interpretados y deformados por el tiempo, a una visión de la realidad del presente supuestamente más objetiva... para trocarse uno en el otro, es decir, volverse el relato del pasado más y más real, y a la vez el relato del presente quedar marcado cada vez más con tintes más alucinatorios. Ambos relatos, para los que se usan diferentes tipos de letra en el libro, terminarán fundiéndose al final.

Un pueblo peculiar de la China profunda es el lugar de la acción, el pueblo de La Matanza, que viene a simbolizar a la China moderna, una sociedad de orígen marcadamente rural, con unos valores muy arraigados, que se ve invadida por la fiebre del consumismo, el afán por el enriquecimiento personal, las nuevas oportunidades de negocios... y por desgracia también por una cada vez más notoria ausencia de escrúpulos, corrupción y clientelismo. Una China auténtica que sucumbe en medio de los fuegos artificiales de esta otra de luces de neón, brillos y cartón piedra donde la consigna parece consistir en "todo vale", o el "si tu no lo haces otro lo hará", "si nadie cumple las reglas, seguirlas es una tontería"... que por desgracia suenan demasiado familiares nuestro querido país en estos momentos. 

En medio de este marco las tribulaciones rocambolescas de una familia humilde y sus relaciones con sus vecinos, el padre de carácter débil pero todavía con firmes principios, la madre con una voluntad de hierro pero dotada a su vez de un sentido práctico despiadado, Xiatong Luo, el personaje principal e hijo del peculiar matrimonio dotado tanto de una fina inteligencia como de una peculiar ingenuidad e inmadurez... por no hablar de su obsesión particular por la carne; y por encima de todos el personaje del alcalde, verdadero arquetipo del empresario chino de éxito. Cínico, corrupto, manipulador... aunque también extremadamente humano y generoso con sus más íntimos colaboradores.

Esta no es una novela demasiado recomendable para lectores de estómago sensible, Mo Yan utiliza varios recursos para a modo de "mazo" golpear a sus lectores y vulnerar su comodidad, captar su atención y conseguir que se aferren al libro... uno de ellos es el bombardeo de imágenes líricas y las descripciones hasta en los gestos más nimios, otro es la escatología pura y dura. Es una novela donde se aúnan lo más hermoso y refinado, las imágenes más poéticas y hermosas, junto con otras no demasiado bonitas, por no decir diréctamente vomitivas... eso sí, siempre en el peculiar estilo de su autor. Lectores demasiado sensibles abstenerse.

"Las únicas dos gallinas que parecían fuera de lugar eran dos hombres que no llevaban equipaje aparte de dos maletines negros de cuero arañados y descoloridos que tenían sobre las piernas. Estaban tumbados en un banco el uno frente al otro y entre medias había un periódico con unas orejas de cerdo troceadas. No se podía decir que eran frescas pero sí comibles. Sabía que provenían de animales muertos; no de cerdos sacrificados sino de cerdos enfermos cuya carne se trataba para hacerla apetecible. En mi pueblo daba igual como muriera el animal, peste porcina o erisipela, que teníamos modos de hacer que la carne de cualquier tipo pareciera apetitosa"

Una acción cuidadosamente dosificada, tacaña y escasa la mayoría de las veces, pero enriquecida con numerosas imágenes, salpicada de ironía y sentido del humor, hacen de su lectura una verdadera delicia. Del libro se pueden sacar también abundantes reflexiones sobre el bien, el mal y el espacio que queda entre ambos. Su autor nos regala dos pequeños ensayos, también muy agradebles de leer, un prólogo y un epílogo, donde nos brinda algunas de sus ideas sobre la novela, sobre la "gran" novela y la literatura en general. No me cabe la menor duda de que Mo Yan disfrutó muchísimo escribiendo esta obra, que a estas alturas y más aún tras su paso definitivo a la inmortalidad a través del Premio Nobel, es un escritor que está más allá de cuanto se pueda escribir y decir acerca de él. Sin duda alguna uno de los grandes.

"Xiatong Luo es un niño que no deja de soltar mentiras, un niño que dice las cosas sin pensar, un niño que encuentra satisfacción a través de la narración. La narración es el objeto final de su vida. En ese arroyo turbio del lenguaje, la historia es la cinta transportadora del mismo y también su consecuencia."


Lo mejor: Un relato vigoroso, imaginativo, cautivador y con una aguda lectura de la China actual, del porqué de su éxito y el porqué de sus miserias. Más allá de lo que se puede leer entre líneas, que indudablemente le otorga mucho más valor, hay fundamentalmente un relato magistralmente bien narrado que mantiene al lector en vilo de principio a fin. Muy recomendable en conjunto. Aquellos lectores que sigan una dieta vegetariana y sean amantes de los animales probablemente terminarán odiándo esta obra, o tal vez todo lo contrario ya que la novela les reafirmará en sus convicciones. Probablemente sea un interesante efecto secundario no deseado por el autor ;-)


Lo peor: Recargado, presuntuoso, Mo Yan se complace a sí mismo, da la sensación de escribir para sí... siempre nos quedaremos con la duda de cuanto hay del jóven protagonista en él mismo, de cuanto ha puesto de sí. Probablemente mucho, sin embargo esa libertad creativa y ese gusto por el derroche en las descripciones y su particular mundo onírico llega a hacerse empalagoso, llega a constituirse en un fin en sí mismo y saturar al lector hasta las arcadas... demasiada autocomplacencia cuasi masturbatoria, amantes de las narraciones simples y los estilos limpios y concisos abstenerse, decididamente Mo Yan no es vuestro autor.

1 comentario:

  1. Es una novela con muchos altibajos, me gusto el principio, los primeros capítulos, como las diferencias o la perspectiva de la vida, del papá y la mamá diferían, eso me atrapo, luego, ya más adelante, cuando empieza vuelve el papá, poco a poco, la historia va decayendo, y se distorsiona tant6o que al final te dan ganas de dejar la lectura, los últimos capítulos son especialmente lentos, por decirlo de laguna forma, y lo peor, a mi juicio, es que ni las muertes que ocurren, ni el final, llega a tener sentido, en un trama, que, bien pudo haber sido planteada al final de una forma distinta.

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